Inma024a

De Wiki de FrayNelson
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El ocho de diciembre nuestra Iglesia Católica celebra a la Inmaculada Virgen María. El nombre propio de esta fiesta católica es la Inmaculada Concepción de la Virgen María; pero una cosa que me llama la atención como creyente y como sacerdote, es la manera como esta fiesta tiene distintos ecos, en distintos lugares. Por ejemplo, en muchos sitios es sobre todo la “pureza” de la Santísima Virgen la que se destaca en esta festividad. María, “la verdaderamente pura”, “la purísima”, “la pura y limpia”, estas son expresiones con las que nuestro pueblo reconoce el hecho singular de la Inmaculada Concepción, pero también nos muestra con qué ojos contempla el cristiano a la Madre del Señor.

Buena ocasión entonces, para reflexionar un instante sobre lo que significa la pureza, y sobre la necesidad de esa virtud, que si algo podemos decir, es que ha sido y es espantosamente maltratada. Pureza alude ante todo a aquella condición por la cual una cosa es liberada, limpiada de toda contaminación así, por ejemplo, los metales que conocemos como preciosos, por decir algo la plata o el oro, son metales que necesitan pasar por el crisol, y una vez que la temperatura se eleva y estos metales se vuelven líquidos, es posible separar lo que no es oro lo que no es plata, se puede separar del metal precioso, es decir, se quitan las impurezas, se quita la escoria, lo que queda entonces es plata refinada, oro refinado, eso aludimos con la palabra pureza.

De lo anterior podemos tomar dos lecciones, la primera que no hay pureza donde no hay fuego, no soy experto en metales, pero no sé de ningún recurso mecánico que permita limpiar un trozo, por ejemplo, de plata así como se encuentra en una mina, no hay manera de limpiarlo, el oro como se saca de la mina o como se encuentra en el río, necesita ese proceso de purificación y no hay ningún proceso puramente mecánico que logre ese efecto, se necesita el fuego; y solamente cuando llega ese fuego es posible separar, es posible discernir, es posible llegar a la pureza.

Como muchas veces la impureza, por ejemplo, la impureza de las pasiones, la impureza de los deseos lujuriosos, muchas veces la impureza se asocia también con un tipo de fuego, podemos decir que la victoria de la pureza, es la victoria del fuego de Dios sobre los fuegos, sobre los ardores, sobre las pasiones de este mundo. Necesitamos llenarnos del fuego de Dios, necesitamos llenarnos del amor de Dios, para que ese amor eche fuera, todo amor que disgusta a Dios, todo amor que entra en conflicto con Dios, todo amor que quiere suplantar a Dios, todo amor que pretende ensuciar aquello que Dios ha hecho.

El camino de la pureza casi siempre se describe como un camino de negaciones “No hagas esto”, “Cuidado con esto” y “Aléjate de esto”, es verdad que se necesita la negación, pero el verdadero camino de la pureza, y eso es lo que nos muestra María Santísima, es el camino de un gigantesco “Si” al fuego de Dios, para que todo lo demás salga, porque lo que está lleno del fuego de Dios, ya no tiene espacio, ni tiempo, ni interés para otros fuegos, o para otros engaños, o para otros ardores.

Que venga a nosotros ese fuego, que el mismo Espíritu Santo que desde el primer instante de su vida santificó el cuerpo y el alma de María, venga a nosotros para que experimentando la alegría y la dulzura de la pureza, nos demos cuenta que es simplemente un auténtico “Si”, un valiente “Si”, un amoroso “Sí” al Dios que nos ha dicho “Sí”.