I35004a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20030131

Título: La Palabra de Dios es una Palabra viva que tiene fuerza de crecimiento

Original en audio: 10 min. 5 seg.


La Palabra de Dios es una Palabra viva.

Cuando Santo Tomás de Aquino, uno de los más grandes maestros en la Iglesia Católica, se pone a definir qué es la vida, cómo son los seres vivos, llega a una conclusión: "Las cosas vivas se mueven a sí mismas, son capaces de transformarse a sí mismas".

No es solamente cambiar de lugar, como un automóvil que se mueve a sí mismo y por eso se llama automóvil; autos, en griego, quiere decir "a sí mismo". No es el simple movimiento de cambio de lugar, es el movimiento como transformación de sí mismo.

El ser vivo es aquel que puede cambiarse a sí mismo, que puede hacer de sí mismo otra realidad desde sí mismo, tiene un principio interior, eso es lo que es la vida. La Palabra de Dios es una Palabra viva, y por eso es una Palabra que tiene una fuerza de crecimiento cuando cae en nosotros, es como una semilla.

Esta comparación la hemos oído varias veces, pero no se queda, así nos explica Jesús, sino que tiene fuerza en sí misma y va cambiando, y va creciendo, y va teniendo poder en nosotros.

Cuando llega el momento de la cosecha, la planta está madura, pero ha habido un tiempo hasta llegar a la cosecha; hay cosas que nuestros ojos ven, y hay cosas que no alcanzan a ver nuestros ojos; nuestros ojos ven cuándo la espiga está madura para la cosecha, pero nuestros ojos no ven, ni entienden todo lo que ha sucedido para llegar a la cosecha. Así también va obrando la Palabra de Dios en nosotros, y por eso tenemos que tener una gran confianza en la Palabra de Dios.

Vamos a aplicar esto en nuestra vida de tres maneras, primera: nuestra infancia, cuando éramos niños oíamos muchas cosas, por ejemplo, en el catecismo, y veíamos muchas cosas, por ejemplo, en los familiares piadosos que teníamos.

Es posible que de niños no valoráramos esas cosas, pero el tiempo pasa y ese ejemplo queda y va creciendo dentro de nosotros y en algún momento, por decirlo así, revienta y nos lleva a una conciencia de algo que debemos hacer, algo que nos falta hacer.

Esto lo sé yo muy bien y seguramente todos los sacerdotes por el sacramento de la confesión. Cómo es de hermoso ver que una persona que se acerca a confesarse y dice: "Tengo doce, quince o veinte o más años de no confesarme; me confesé por última vez cuando era niño".

Y la persona recuerda lo que sentía de niño, recuerda su Primera Comunión, recuerda a una abuelita piadosa que tenía, recuerda como se sentía de bien cuando podía comulgar, cuando se arrodillaba delante de Jesús, cuando rezaba con fe el Santo Rosario.

Esas semillas no fueron perdidas, estaban creciendo adentro de la persona, no se perdieron y llegaron a dar fruto, y por eso tenemos que llenar de buena semilla el corazón de los niños, así ellos no entiendan, así a veces se burlen; tenemos que llenarlos de buenas semillas, aunque no sepamos cómo, aunque no veamos cómo, un día esa semilla puede cambiar esa vida, ese es el primer ejemplo.

El segundo ejemplo es parecido, tiene que ver con las personas que usted tiene cerca, pueden ser sus vecinos, pueden ser sus compañeros de trabajo, esas personas que son como los muchachos, o como tantos muchachos que son escépticos, o se burlan de usted, pero estoy seguro que en un momento de necesidad, cuando requieran de un consejo, no van a ir donde cualquier persona, van a ir donde esa persona que saben que es de oración, donde esa persona que saben que es de fe.

Hace poco un muchacho me contaba un testimonio: él, después de llevar una vida muy desordenada, especialmente en asuntos de sexo y de alcohol, tuvo una experiencia fuerte de sanación y Dios le dio la gracia de convertirse, él le dio un no rotundo al asunto del alcohol, porque se dio cuenta de que estaba enviciado con la bebida.

Cuando después los amigos lo invitaban a que tomara el trago -¿habría que llamarlos amigos?- Aunque en realidad hay que llamarlos enemigos, porque querían que retrocediera hacia el pecado. Cuando los amigos, que en realidad eran enemigos, lo invitaban una y otra vez a que tomaran trago, entonces él les decía que no, y les contaba que había hecho ese propósito y que él ya estaba convencido de que su vida tenía que cambiar.

Los amigos se reían de él, pero uno a uno cada vez que tenían un problema ¿a quién iban a buscar? A ése, al que no tomaba; cada vez que necesitaban un consejo para su matrimonio ¿a quién iban a buscar? A ése, del mismo de quien se habían burlado, ahora buscaban una palabra, una guía.

Ten paciencia, sigue sembrando la Palabra en tu familia, sigue sembrado el testimonio en tu hogar, con tus vecinos, en tu trabajo, es posible que se te rían en la cara, pero en el momento en el que estén necesitados, la primera persona a la que van a buscar tal vez vas a ser tú.

El tercer ejemplo tiene que ver con la hora de la muerte: cuando Jesús habla de la cosecha, siempre se refiere, o casi siempre se refiere a aquello que no tiene vuelta atrás, por ejemplo, en otra parábola dice que "los Ángeles van a ser los segadores y que van a recoger el trigo bueno, y va para el cielo; y lo que sea cizaña arderá para siempre en el infierno" San Mateo 13,41-42.

La cosecha, el tiempo de la cosecha es la hora de la muerte, entonces si aplicamos esta parábola a esa manera como Jesús enseña, entendemos que hay que llenar nuestra vida de la fuerza de la Palabra de Dios, porque el cielo, ¿qué es el cielo? Es la cosecha de todo lo que has sembrado, por eso a veces nos preguntan: "¿El cielo es uno solo? ¿O hay distintos cielos para las distintas personas?"

Nuestro amigo Santo Tomás de Aquino, a quien como ustedes ven me gusta citar, dice: "Aunque el cielo es uno solo, porque todos miraremos al mismo Dios, no todos tendrán los mismos ojos para ver al mismo Dios; al que haya llenado más de amor su vida, tendrá mejores ojos, tendrá un corazón más amplio; el que esté más lleno de caridad en la tierra, estará más lleno de luz en el cielo".

A medida que la Palabra de Dios se apodera de nosotros, aquí en la tierra estamos preparando una cosecha; cuando vamos en la tierra, eso ni nosotros mismos lo entendemos, a veces nos cuesta trabajo perseverar en la oración, porque todos tenemos momentos de crisis, de cansancio, no le encontramos sentido seguir rezando; pero aunque tengamos esos momentos, sepamos que lo que no ven nuestros ojos, sí lo ven los ojos de Dios y Dios está preparando la cosecha.

No se nos olvide, como decía Jesús en otro pasaje, "Atesorar tesoros para el cielo" San Mateo 6,20, no se nos olvide que todo, todo lo que vivamos en la tierra es sólo un prólogo, y eso explica muchas cosas.

Lo que nosotros no entendemos y lo que nadie conoce de nosotros; lo que nosotros no podíamos responder y nadie podría responderlo, eso seguramente aparecerá en el momento de la gran cosecha, cuando llegue la hora de la muerte.

Hermanos, no se nos olvide sembrar nuestro corazón, sembrar nuestro hogar, sembrar nuestra Patria, hay que llenar a Colombia de semillas de Dios, la mayor parte de la cosecha no la verán nuestros ojos.

Hay que llenar a Colombia, de la Palabra de Dios, hay que llenar al mundo del poder del Señor, y entonces se cumplirá esta palabra de Jesucristo y descubriremos cómo sin que nuestros ojos lo vieran, Dios estaba preparando sus mejores y más hermosas maravillas.