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De Wiki de FrayNelson
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Uno de mis autores favoritos es el Papa Benedicto XVI, su nombre de pila Joseph Ratzinger; ya como cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe nos brindó muchas luces sobre la situación de la Iglesia y del mundo, y luego como Papa con el nombre de Benedicto XVI también nos dio una gran claridad, creo que fue un don particular. Cada Papa tiene un don en el que se destaca, en el caso de Benedicto la luz de una sabiduría muy profunda es uno de sus dones más destacados. Me estoy acordando del Papa Benedicto por el Evangelio de hoy, tomado del capítulo 21 de san Lucas, dice Benedicto en su obra “Jesús de Nazaret” en su tomo primero, dice que hay que acercarse con una mirada serena, amplia pero también critica al texto del Evangelio, y hay que saber hacer las preguntas pertinentes, por ejemplo este pasaje cuando Cristo dice: “Hijo del hombre es dueño del sábado” (Mt 12,8), la única manera de entender esas palabras, y lo demuestra el Papa con una explicación erudita y muy completa, la única manera de entender esas palabras es como una pretensión de divinidad, no hay otro modo, puesto que ha sido Dios y solamente Dios quien ha dado ese precepto, y puesto que esa es la señal de la unión permanente a través de los siglos, entre Dios y su pueblo, que alguien toque ese vínculo y diga: “yo soy señor de ese vínculo”, no puede tener otra interpretación, sino la que nos dice el Papa: “el Hijo del hombre es señor del sábado”, es una pretensión de divinidad.

Algo parecido tenemos en el pasaje del Evangelio de hoy, dice Nuestro Señor: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Lc 21,33), siguiendo casi a la letra el modo de hablar de Benedicto podemos hacernos las preguntas pertinentes: ¿quién puede hablar de esa manera?, imaginate que una persona , tu vecino de la calle de enfrente dice: “mis palabras nunca pasarán, mire, se caerá el firmamento, desaparecerán los océanos pero mis palabras durarán para siempre”, inmediatamente pensarías: “o esta persona está completamente loca, ha perdido la cabeza, o esta persona tiene una arrogancia que no conoce fronteras, o estoy ante un ser absolutamente misterioso que sabe lo que está diciendo”, esas son las tres posibilidades que plantea el Papa Benedicto frente a Cristo, y por supuesto nos damos cuenta que no estamos frente a un payaso, ni frente a un loco, ni frente a un arrogante; creo que hay una invitación muy profunda a que entonces tomemos en serio las palabras de Cristo, porque si es verdad que sus palabras no van a pasar, si es verdad que sus palabras permanecen, entonces los locos y los payasos somos nosotros si no tomamos en serio esas palabras.

De aquí la gravedad por ejemplo, de aquellos que toman la enseñanza del Evangelio e intentan retorcerlas a que diga lo que no dice, sobre todo cuando la claridad misma del texto reclama una interpretación que es certera y que ademá es la que ha tenido la Iglesia todo el tiempo. Piensa por ejemplo en el caso las palabras del Señor cuando dice: “si un hombre se separa de su mujer y se casa con otra comete adulterio, y si alguien se casa con la mujer abandonada, que se puede presumir inocente, también comete adulterio” (cf. Mt 5,32), esas son palabra de Cristo, entonces pregunto:qué tipo de loco hay que ser, qué clase de payaso hay que ser para tomar ese texto e intentar de darle la vuelta a ese texto y decir “ no es que ahí dice lo que dice, pero quería decir lo que no dice porque yo lo digo”. Tomar en serio las palabras de Cristo es un principio hermenéutico, un principio interpretativo fundamental para todo aquel que quiera llamarse cristiano. Y lo mismo con tantas otras cosas, si Cristo dice a los apóstoles: “Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan” (Jn 20,22-23); ¿qué parte no entiendes de ese versículo?, ¡les está dando potestad para perdonar pecados!; ¿por qué entonces la discusión eterna si un obispo puede absolver pecados?, entendiéndose claramente que son los únicos sucesores de legítimos de los apóstoles, o si los sacerdotes,en cuanto recibimos licencia de los obispos tenemos esa potestad, ¿por qué esa discusión permanente si está ahí claro?, ¿por qué discutir sobre la Eucaristía? si no puede ser má evidente el texto y luego la praxis misma de la Iglesia.

La discusión de hoy es tomemos en serio las palabras de Cristo, porque no es ciertamente ni payaso ni loco, pero lo seremos nosotros si le damos la espalda al Maestro que supo qué tenía que enseñarnos y con qué lenguaje.