I344005a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Indudablemente hay algo paradójico en el Evangelio de hoy, tomado del capítulo veintiuno de San Lucas, porque el versículo final nos dice: “Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación” (Lc 21,28), pero todo el texto anterior nos habla de conflicto, de un dolor enloquecedor, de angustia que no tiene paralelo, por lo visto, en la historia de la humanidad.

Uno se pregunta de qué liberación está hablando Cristo aquí. No quiero adelantar una respuesta demasiado pronto porque antes quiero recordar con ustedes una parte del discurso del Apóstol Pedro cuando nace la Iglesia. Creo que es interesante relacionar esto con Pentecostés, es decir cuando nace la Iglesia, porque lo que nos está contando el evangelio de San Lucas en este capítulo veintiuno es el final de la historia de la humanidad, precisamente el tiempo que el libro del Apocalipsis describe como el encuentro final con Nuestro Señor, con Nuestro Salvador, y según este mismo libro del Apocalipsis, lo que entonces sucede no es otra cosa que las bodas de Cristo, que es el Cordero de Dios, con su amada, con su novia que es la Iglesia, las bodas del Cordero (cf. Ap 19,9); eso es lo que sucede en ese momento.

Es interesante entre el paralelo que hay entre lo que nos dice Cristo sobre la liberación aquí y lo que dijo Pedro en el día de Pentecostés, porque en Pentecostés celebramos el nacimiento de la Iglesia y en las palabras de Cristo celebramos la madurez de la Iglesia que ya está lista para salir como novia, que abraza y besa a su novio a su esposo, que es Jesucristo.

San Pedro, en el día de Pentecostés, invitando a la gente que lo estaba escuchando: “Huid de esta generación adúltera y perversa” (cf. Hch 2,40); es decir, Pedro también está hablando de una liberación. Dice que su generación, es decir el tiempo en el que él vivía, la manera que funcionaba esa sociedad es perversa y dice que hay que salir de ahí.

Sé bien que muchos han criticado la espiritualidad llamada “escapista”, y hay razones para decir que nuestra fe no es un escape, nosotros no estamos escapando de la realidad, pero sí hay un sentido en el cual tenemos que separarnos de la lógica del mundo, tenemos que romper con el esquema del mundo.

Es muy interesante y vigorosa la predicación del Papa Francisco cuando destaca que el cristiano no puede dejarse llevar por la lógica del mundo, lo que él llama la mundanidad; entonces, aunque no tenemos que huir del mundo en el sentido de darle la espalda al legítimo progreso de la sociedad, sí tenemos que huir de la mundanidad en el sentido de red y complicidad de pecados, pegajosos que muy pronto parecen adueñarse de nosotros. ¡Si hay que salir de la mundanidad!, ciertamente hay que liberarse de la mundanidad.

Entonces sí hay una liberación y por eso es importante tomar con toda su seriedad las palabras de Cristo en el Evangelio, cuando Él dice: “Se acerca vuestra liberación”, no es solamente: “Ustedes van a quedar libres del mal momento”; por ejemplo, algunos protestantes tienen esa idea, que es relativamente reciente, no tiene ni dos siglos, que es la idea del “rapto”, la idea de que Cristo va a recoger a sus elegidos y entonces todos los demás que queden en la Tierra van a sufrir lo indecible, la gente va a salir, pues, como en naves espaciales al encuentro de Cristo.

Esa idea protestante no es la que nos está contando aquí el Señor, es decir: “Se acerca vuestra liberación”, no es: "Ustedes no van a sufrir", porque de hecho lo que ha mencionado antes Cristo es que todos pasan por esa angustia terrible, por ese dolor imposible de poner en palabras. La liberación no es “no vas a tener que sufrir”, la liberación es: "Por fin esa mancha pegajosa y contagiosa del pecado va a tener que apartarse de ti, y por fin van a experimentar que eso que está en lo hondo de tu corazón se hace realidad en toda tu vida, vas a poder encontrar que eres genuinamente libre porque Cristo reina completamente en ti". Por supuesto este es el final de la historia humana.

Conclusión: la Iglesia misma, y cada cristiano, vive un proceso de éxodo permanente; estamos en liberación permanente, desde la predicación de Pedro en Pentecostés, porque no podemos permitir que ese contagio de los pecados de complicidad del mundo se adueñe de nuestro corazón, estamos en éxodo pero llegará un momento en el que ese éxodo se complete, y entonces como dijo San Pablo: “Dios lo será Todo en todos” (cf. 1Co 15,28).