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De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo 19 de San Lucas. Es un pasaje que probablemente varios de nosotros recordamos muy bien, había un publicano llamado Zaqueo. La palabra “publicano” significa aquellos judíos que cobraban impuestos para el imperio Romano, podemos decir que eran colaboracionistas, eran una ayuda invaluable para los romanos y por supuesto eran también gente detestada por los de su propio pueblo, porque solamente podían ver en ellos unos traidores. Este hombre, un traidor a la causa del pueblo de Dios, recibe a Cristo en su casa, y tiene una maravillosa conversión resumida en estas palabras:” Voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres” (Lc 19-8), con lo cual indica que estaba libre de toda idolatría del dinero y “si a alguien he defraudado le devolveré cuatro veces más”; esta restitución va mucho más allá de la justicia e indica la sobreabundancia de alegría de salvación y de amor transformante en el corazón de Zaqueo. Creo que este pasaje nos puede servir de base para una pequeña catequesis sobre lo que es la verdadera misericordia, porque la verdadera misericordia suele ir acompañada de dos impostoras, es decir hay dos actitudes que son contrarias a la misericordia y que sin embargo a veces las encontramos muy próximas a la misericordia, son falsificaciones, pero falsificaciones que están muy cerca de la genuina misericordia.


Hay una falsificación de la misericordia que se llama el “rigorismo”, el rigorismo lo podríamos traducir en palabras de esta manera, lo que es bueno es bueno y si alguien no hace lo que es bueno, es perverso y solamente merece castigo. El rigorismo atiende al problema del bien y del mal de un modo en cierta forma abstracto y a partir de una conclusión que es lógica y que es cierta cae de manera implacable sobre la realidad humana. Según el modelo rigorista, Cristo no ha debido entrar en la casa de un publicano, ese publicano es un traidor, ayudando a los romanos nos ha hecho mucho daño, ¿Qué hace Cristo en esa casa? Cristo se está convirtiendo en cómplice de eso que el publicano nos ha hecho. Fíjate que el rigorismo busca como argumento lo que es bueno y lo que es malo, eso es malo por consiguiente uno no debe asociarse con los malos.


El otro extremo es la “complicidad”, la complicidad es que tenemos que comprender la circunstancias de Zaqueo, tenemos que acercarnos a Zaqueo, tenemos que entender que ese es el modo de vida de Zaqueo, esa es la cultura en la que él se ha formado, esa es su historia personal de tantas carencias, entonces la complicidad se encuentra con el pecador, pero no le cambia la vida, es como las personas que dicen que hay que entender a los homosexuales, pero tanto los entienden que los dejan en la práctica de su homosexualidad y es más quieren que adopten niños y quieren que tengan un simulacro de familia, entonces apliquemos por ejemplo al caso de los homosexuales estas dos situaciones, el rigorismo es: “son unos degenerados se van a pudrir por siempre en el infierno y por consiguiente que ni se aparezcan, destrúyanlos, encarcélelos, que no existan, castíguenlos”. El otro extremo es: “compréndalos, eso no tiene importancia, busquen niños y niñas para dárselos en adopción”.

Estas dos posturas el rigorismo y la complicidad rondan con mucha frecuencia a la verdadera misericordia, pero la verdadera misericordia la muestra Cristo, en contra de los rigoristas Cristo entra a esa casa, pero en contra de los cómplices, Cristo entra para cambiar la vida de Zaqueo no para dejarlo como está; Cristo entra a la casa, pero cambia la casa, esa es la verdadera misericordia lejos del rigorismo y lejos de la complicidad.