I331006a

De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo 18 de San Lucas, creo que es una magnífica oportunidad para aprender la diferencia que hay entre la paciencia y la resignación, son dos palabras bien diferentes.


Hay un ciego es lo que nos cuenta el texto de hoy, este ciego pide limosna, su actitud es la de una persona que asume sus circunstancias, la realidad de él es que está privado de la vista, la realidad de él es que tiene necesidades, él no cae en la desesperación, sino que desde esa conciencia de su propia realidad se adapta y hace lo mejor que puede, esto es lo propio de la paciencia, es una acogida realista a aquellas circunstancias que tal vez, encontramos difíciles, tal vez son decepcionantes, tal vez son contrarias a nuestras expectativas, acoger con realismo, aceptar con realismo, aquello que nos sucede y sostenernos en medio de la dificultad haciendo lo mejor posible. Todas estas son cualidades propias de las personas pacientes, pero la resignación por lo menos en el sentido usual de la palabra es la característica de aquella persona que ya no pelea, que ya no combate, ya no lucha, a veces uno puede adaptarse tanto a las circunstancias, que su misma adaptación es una derrota, soy perfectamente consciente de que es una línea muy fina la que va entre la paciencia y la resignación, entendiendo aquí “resignación” como una especie de derrota, un caso: en Colombia, como en otros lugares, poco a poco se van aprobando leyes inicuas, contrarias a la ley de Dios, leyes que debilitan o simplemente destruyen por ejemplo la familia o el respeto a la vida, en esas condiciones uno se hace una pregunta :¿Qué hay que hacer ahí? Como esas leyes están aprobadas, y como nosotros no podemos cambiarlas se impone una actitud de paciencia, digamos esa es la realidad en la que estamos. Pero es muy distinta la paciencia del que sabe que esa es la ley y que está vigente, a el sentimiento de derrota que dice: “bueno ya que se aprobó el aborto pues ya no hay nada que hacer, y cuando una mujer vaya a abortar pues que aborte”. Una cosa es darse cuenta de lo que está viviendo y darse cuenta de que no podemos cambiar, las cosas instantáneamente y otra cosa es resignarse en el sentido de darse por vencido. Nos admiramos como muchas personas con verdadero espíritu de combate espiritual, con verdadero espíritu de victoria en Cristo no se resignan, de manera que, si se ha aprobado el aborto, pero esa ley ¿Quién la hizo? Pues seres humanos, pues esos mismos seres humanos los podemos convencer, hay modos de convencer, argumentar y presionar legalmente a los mismos y a las mismas que han aprobado las leyes inicuas y además ese congreso inicuo, perverso que aprobó leyes contrarias a la vida no va a durar para siempre, vendrán otros legisladores y a esos nuevos legisladores, también les podemos hacer escuchar nuestra voz, les podemos hacer sentir que ese no es el país en el que queremos vivir.


Todo esto viene a mi mente contemplando el ejemplo de este ciego, él está en una condición que no desea, en un tiempo él tuvo su vista, perdió la vista, él no se suicida, no se echa a morir, por ahora lo que puede hacer es pedir limosna, pero su radar está atento, su oído está atento y en cuanto ve la oportunidad, dice: “esto puede ser de otra manera” y entonces persevera y combate por lo suyo, y finalmente su lucha da fruto tiene un encuentro personal con Jesucristo, y recupera su vista.


Recordemos pacientes sí, capaces de soportar la hora mala sí; pero resignados, derrotados jamás.