I314006a

De Wiki de FrayNelson
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Después de varias semanas en que nos ha acompañado la Carta a los Romanos para la primera lectura, vamos llegando hacia el final de este texto bendito, denso y luminoso. La primera lectura de hoy está tomada del capítulo 14 de esta carta que tiene en total 16 capítulos.

Creo que el texto de hoy sirve para recordar una enseñanza muy oportuna en nuestro tiempo, dice el apóstol san Pablo: “¿Con qué derecho juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos, en efecto, tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios” (Rom 14,10); en una lectura superficial uno podría interpretar que esa frase de san Pablo quiere decir que nadie debe opinar del comportamiento de nadie, y así es como muchas personas interpretan el verbo “juzgar”; por ejemplo cuando el Papa Francisco dijo: “yo quién soy para juzgar”, muchos interpretaron: “nadie debe meterse con la vida de nadie”. Esta interpretación se mantiene bastante firme en los medios de comunicación en todo lo que tiene que ver, por ejemplo, con las orientaciones sexuales: si una persona es homosexual ¡no la juzgues!, si otra persona está viviendo con su tercera esposa, ¡no lo juzgues!; si esta otra persona dice “yo soy transexual”, ¡no lo juzgues”. Es decir que en materia de sexualidad esta frase de “no juzgar” que dice san Pablo: “¿por qué juzgas a tu hermano? si todos compareceremos ante el tribunal de Dios”; o la frase que dijo el Papa Francisco: “quién soy para juzgar”; se aplica con bastante puntualidad cuando se trata de temas de sexualidad, curiosamente a nadie se le ocurre utilizar ese mismo criterio, esa misma manera de hablar cuando se trata de otros comportamientos. Por ejemplo, si sabemos que un político se ha robado el dinero público y ha desviado fondos del tesoro público para sus amigos o para su familia, a quien se le ocurre decir: “¡no lo juzgues!, ¿quién eres tú para juzgar a ese político?”. Si una persona, por ejemplo, es agresiva, es un violador de niños o de niños, a quien se le ocurre decir: ¡no lo juzgues! ¿quién eres tú para juzgar?”; aquí si no lo aplicamos. Si una persona vende productos con mentiras como pasó no hace mucho, con esta empresa importante a nivel mundial, la fábrica de automóviles Volkswagen, que estaban vendiendo con mentiras, ellos decían que sus carros tenían unos niveles de emisión de sustancias tóxicas y resulta que sus niveles eran muchísimo mayor, era una mentira, estaban vendiendo con mentiras, a quién se le ocurre decir: ¡no juzguemos a esa fábrica, no juzguemos al gerente de esa fábrica, quiénes somos para juzgar!”. Esto demuestra que tendemos a utilizar de una manera facilista y de una manera irresponsable los textos de la Escritura; cuando nos conviene, por ejemplo, para manejar su propia vida y su propia sexualidad, cuando nos conviene, ahí ¡no juzgar!, pero cuando hay otros pecados o faltas que nos parece que esos si son repugnantes en esta época, ahí si caemos con todo el peso de verdaderos juicios y verdaderas condenas, y la gente dice: ¡que se pudra en la cárcel!.

Cómo debemos entender entonces esta frase que dijo Pablo: “quién eres para juzgar al prójimo? todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Dios”; ¡ahí está la clave!, es que el verbo juzgar en su raíz hebrea, no significa simplemente dar una opinión sobre un comportamiento, juzgar es establecer el destino último de una persona. Entonces una traducción correcta de esto que dijo san Pablo es decir: “¡tú quién eres para considerarte juez último de tu hermano?”, o también: “¿a tí quién te ha revelado cuál es el destino eterno de tu hermano?”, juzgar en este contexto de Pablo, o en la frase que dice Jesucristo: “No juzguen y no serán juzgados” (Lc 6,37); el verbo “juzgar” en ese contexto lo que significa es: declarar sentencia definitiva, entonces Cristo nos dice: “no declares sentencia definitiva, tú no sabes lo que va a pasar en la vida de esa persona”. Pablo nos dice: “no declares sentencia definitiva, tu no sabes qué es lo que va a suceder en esa persona”; sólo Dios es quien puede dar una opinión quien puede dar esa palabra última, eso es lo que significa el “no juzgar” en la Biblia. Y esto es muy importante tenerlo claro, porque hay demasiada confusión y en medio de esa confusión le aplicamos el tema de no juzgar a ciertos pecados, mientras que en otros no lo aplicamos . Esa incoherencia nuestra demuestra que tal interpretación de la Biblia es errónea, la interpretación correcta es que el no juzgar de la Biblia quiere decir: “no pretendas pasar sentencia definitiva sobre nadie”, sólo Dios sabe en dónde acabará esa vida.