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Es breve el texto del evangelio de hoy. Pero, si es corto en la extensión, no es corto en su significado, sino más bien amplio y fecundo.
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Porque, este evangelio nos habla de dos maneras de amar. La mujer aquella del gentío le hace un elogio a Cristo, y en cierto modo a la Madre de Cristo: "Dichosos el vientre que te llevó y los pechos que te criaron" (''véase'' San Lucas 11,27). Es un elogio, un cumplido para Jesús y para la Madre de Jesús; por consiguiente, es una expresión de amor.
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¿Pero, qué tiene de particular ese amor? Que queda reservado a un cuerpo, a una carne específica. Sólo una entre todas las mujeres es la que ha llevado en su vientre a Jesucristo. Sólo una entre todas las mujeres es la que ha podido alimentarlo con sus propios pechos.
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Esa única carne, indudablemente una carne bienaventurada, es la del cuerpo de la Santísima Virgen María. En ese sentido la felicitación que hizo aquella mujer entre el gentío, queda reducida a esa carne. Es algo que nosotros no podemos participar.
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Jesús cambia el elogio: "Mejor, dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen" (''véase'' San Lucas 11,28). Con el cambio que hace Jesucristo, cambia también el estilo de amor y cambia también la dimensión de la felicidad.
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''Cambia el estilo de amor, porque ahora lo fundamental no está en la carne, sino está en la escucha de esa Palabra que tiene que hacerse carne en nosotros. Y además, cambia la dimensión de la felicidad, porque si antes estaba reducida a una sóla persona, la Mamá de Jesús, según la carne, ahora esa felicidad ha sido ampliada, está al alcance, podemos decir, de todos nosotros.''

Revisión del 22:29 6 oct 2011

Fecha: 20091010

Título: Recibir y concebir la Palabra nos hace fecundos de Dios.

Original en audio: 9 min. 50 seg.


Queridos Hermanos:

Es breve el texto del evangelio de hoy. Pero, si es corto en la extensión, no es corto en su significado, sino más bien amplio y fecundo.

Porque, este evangelio nos habla de dos maneras de amar. La mujer aquella del gentío le hace un elogio a Cristo, y en cierto modo a la Madre de Cristo: "Dichosos el vientre que te llevó y los pechos que te criaron" (véase San Lucas 11,27). Es un elogio, un cumplido para Jesús y para la Madre de Jesús; por consiguiente, es una expresión de amor.

¿Pero, qué tiene de particular ese amor? Que queda reservado a un cuerpo, a una carne específica. Sólo una entre todas las mujeres es la que ha llevado en su vientre a Jesucristo. Sólo una entre todas las mujeres es la que ha podido alimentarlo con sus propios pechos.

Esa única carne, indudablemente una carne bienaventurada, es la del cuerpo de la Santísima Virgen María. En ese sentido la felicitación que hizo aquella mujer entre el gentío, queda reducida a esa carne. Es algo que nosotros no podemos participar.

Jesús cambia el elogio: "Mejor, dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen" (véase San Lucas 11,28). Con el cambio que hace Jesucristo, cambia también el estilo de amor y cambia también la dimensión de la felicidad.

Cambia el estilo de amor, porque ahora lo fundamental no está en la carne, sino está en la escucha de esa Palabra que tiene que hacerse carne en nosotros. Y además, cambia la dimensión de la felicidad, porque si antes estaba reducida a una sóla persona, la Mamá de Jesús, según la carne, ahora esa felicidad ha sido ampliada, está al alcance, podemos decir, de todos nosotros.