I233002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20010912

Título: “Cristo llama dichosos a los perseguidos, y a los calumniados, y a los odiados por causa del Hijo del hombre”

Original en audio: [16 min. 13 seg.]


Las Bienaventuranzas de Jesús aparecen en dos evangelios, en San Mateo y en San Lucas, con algunas diferencias; por ejemplo, en San Mateo aparecen ocho, y en Lucas aparecen cuatro bienaventuranzas; pero como una especie de compensación, en Lucas, además de las bienaventuranzas, aparecen las malaventuranzas, o los ayes “¡ay de vosotros!" San Lucas 6,24-26.

Otra diferencia, es que en Mateo las bienaventuranzas están enunciadas como en un tono general “Dichosos los pobres” San Mateo 5,3-10, mientras que en Lucas el lenguaje es mucho más directo “Dichosos vosotros los pobres” San Lucas 6,20; “Dichosos si os persiguen por causa del hijo del hombre” San Lucas 6,22, es un lenguaje mucho más directo.

Yo quisiera, al término de este retiro, centrarme; tal vez, en la frase más extraña de ese evangelio que encontramos; dice el Señor Jesús “Dichosos cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame” San Lucas 6,22, eso es, casi, la peor desgracia que le pueda pasar a una persona, ser rechazado, ser odiado, ser difamado por sus prójimos.

Y Jesús dice que, “hay que llamar dichosos a los que padecen esto, si lo padecen por causa del Hijo del Hombre” San Lucas 6,22; ante todo, tengamos eso en cuenta, que las bienaventuranzas, de las que algo comentamos en el retiro, alcanzan su razón de ser por causa del Hijo del Hombre.

No es nada más; el que llora porque lloró, el que es pobre porque lo robaron, o el que es manso porque no se atreve a ser fuerte; es por causa del Hijo del Hombre; aunque, esta anotación la hace Lucas, solamente, para esta última bienaventuranza; un estudio del contexto nos muestra, que es a causa del Hijo del Hombre, que existe la bienaventuranza.

Con eso claro, sin embargo susbsiste la pregunta, ¿por qué debemos considerar dichosos los que padecen esa marginación, ese odio? ¡Que cosa terrible! Tengamos en cuenta lo que dice el mismo Cristo: “Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas” San Lucas 6,26.

Es decir, es como una señal de autenticidad; el que no recibe rechazo por causa del Hijo del Hombre, de alguna manera, le falta el sello de autenticidad: la persecución, el rechazo, rechazo por causa del Hijo del hombre, es una señal de autenticidad.

Mientras que la falta de persecución por causa del Hijo del Hombre, es cosa para preocuparse, como lo dice el mismo Cristo después “¡Ay, si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas” San Lucas 6,26.

O sea que nuestra duda empieza a aclararse; hemos aprendido dos cosas: que Cristo llama dichosos a los perseguidos, y a los calumniados, y a los odiados, por causa del Hijo del Hombre”, primero; y porque eso sirve de señal de autenticidad, porque eso sirve para mostrar que ahí verdaderamente está obrando Dios.

Pero aún esa explicación nos puede parecer insuficiente; es decir, ¿por qué tiene que ser así? ¿Por qué toca pasar por ese rechazo? Si nosotros hacemos memoria de la vida de Cristo, seguramente recordaremos, que el mismo Cristo hablaba en ese lenguaje refiriéndose a su propia vida.

Por lo menos tres veces, en el evangelio de Marcos, les dice: “El hijo del hombre tiene que ser rechazado, tiene que ser desechado por los sumos sacerdotes, tiene que ser…” San Marcos 8,31; lo que hemos oído hoy :“Tiene que ser proscrito, tiene que ser odiado” San Lucas 6,22. ¡Claro, eso fue lo que sucedió con los profetas! Eso es lo que sucede con el Profetas entre los profetas, que es Cristo.

Pero, nos volvemos a preguntar y ¿Por qué? ¿Por qué tiene qué ser así? ¿Por qué tiene que ser tan difícil? ¿Por qué tiene que ser tan duro? En nuestra comunidad tuvimos un fraile que se retiró finalmente, y cuando él se fue a retirar, con un poquito de humor, un poquito de poesía, dijo, en una carta de despedida, “Me voy porque no tengo madera ni de héroe, ni de villano”.

Ni héroe, ni villano; es decir, él se fue dando cuenta de que para quedarse; en ese caso, y para esa persona, obviamente, eso no se podrá generalizar, él se dio cuenta de que para quedarse, se le pedía o una tremenda hipocresía, o un tremendo heroísmo.

Yo pienso que, algo así, es lo que Cristo nos muestra a nosotros; a medida que se va avanzando en el camino tenemos realmente dos caminos; es decir, se llega a una bifurcación, y los dos caminos son: “Escoge si quieres ser una gran mentira, o si quieres ser una gran verdad”. Y ahí nos damos cuenta de que aparece realmente una decisión ardua, por la que todos tenemos que pasar; escoge si quiere ser una gran mentira o si quieres ser una gran verdad.

Cristo hablando de sí mismo decía “El Hijo del hombre tiene que ser desechado" San Lucas 6,22, ¿por qué tiene que ser rechazado? Porque finalmente la verdad entrará en conflicto con la mentira; en el último momento la verdad entra en conflicto con la mentira.

Y por eso en ese conflicto, llega un momento en el que hasta las personas que sentíamos más cercanas, quizá, dicen: “Yo hasta allá, no voy a llegar; hasta allá, yo no me le mido”. Por eso esta bienaventuranza de los perseguidos es la bienaventuranza de aquellos que se resolvieron hasta el final, aquellos que ya viven ese conflicto, que ya viven esa ruptura; pero, se resolvieron hasta el final.

¿Qué queda para nosotros, preocupación porque nos van a traicionar; angustia porque nos van a rechazar; miedo a que hablen mal de nosotros? ¡No!, como dice el Apóstol San Pedro, en su Primera Carta: “Miedo de que hablen mal de nosotros, con razón; miedo de que nos critiquen, con razón; miedo de que nos juzguen, con razón”

De eso, si tenemos que tener miedo que tengan razón los que nos critican; de eso, si, tenemos que tener miedo, pero si no tienen razón los que nos critican; está la palabra que nos enseña, que eso tiene que suceder; porque tarde o temprano, la gran verdad y la gran mentira, tienen que entrar en conflicto.

Como dijo el mismo Cristo: “Tiene que aparecer el juicio de este mundo” cuando iba a arostrar su Pasión; dijo Cristo “Ahora, el príncipe de este mundo es juzgado” San Juan 12,31, y Simeón le dijo a la Santísima Virgen que ese niño iba a mostrar las intenciones de los corazones, y por eso, finalmente, tiene que salir la verdad o la mentira que hay en cada corazón, y ahí tendrá que darse conflicto.

No tengamos, pues, angustia de que se dé el conflicto; eso ya está anunciado, y ya sabemos por qué se da el conflicto, porque Cristo viene a juzgar los corazones; Cristo viene a abrir los corazones, y tarde o temprano, se ve a qué a lo que vinimos, qué es lo que queremos, qué es lo que buscamos, cuáles son las intenciones.

Y cuando salen esas intenciones, salen las grandes verdades, y las grandes mentiras, y ahí tiene que darse el conflicto; y la defensa de la mentira, es mentir; es lo único que puede hacer, por eso vendrá la calumnia.

No tengamos miedo de eso; tengamos miedo de que tengan razón; tengamos miedo de que sus acusaciones tengan sustento, en nuestros pecados; de eso sí hay que tener miedo. El señor nos invita, pues, con este evangelio a su propia alegría, a su propio camino, y a su propia radicalidad.

Y, que mejor mensaje, para terminar nuestro retiro; sentirnos invitados por el mismo Señor a participar de su gran verdad; sabiendo que aparecerán muchos conflictos, pero sin angustiarnos por ellos.

Tal vez, hay que agregar algo sobre esto de la angustia; el que se angustia por las mentiras de los mentirosos, está mostrando de quién espera recompensa; está mostrando qué tiene entonces en su corazón. Esto se entiende muy bien en los exorcismos; son pocos los verdaderos exorcistas que yo he podido conocer.

Un verdadero exorcista es una persona muy equilibrada, muy tranquila, de una inmensa paz; un exorcista no es una persona nerviosa, ni es una persona asustadiza del demonio; es una persona de una gran paz.

¿De dónde surge la paz del exorcista? Que todas las barbaridades, todas las blasfemias que dice el demonio, las dice de alguien que no es Dios. Si el demonio me dice, por ejemplo, que Cristo es un ladrón, pues Cristo no es ningún ladrón; es una mentira, o sea que, lo que está diciendo el demonio, no lo está diciendo del Señor de mi alma.

Por eso, las blasfemias y los dardos de los demonios, no le hacen daño a los verdaderos exorcistas, porque como son mentiras todas las cosas que está diciendo ahí; no está hablando de mi Señor; dirá estupideces sobre la Virgen María, pero no es de Ella de quien está hablando, porque no es Ella, el sujeto de esas frases insultantes, o de esas frases asquerosas que salen del demonio.

Por eso, el verdadero exorcista el que está parado en la roca de Cristo, es una persona de una humildad, de una sencillez, de una madurez, y de un equilibrio único; cuando las personas, a medida que se meten en los exorcismos, se les empieza como a alterar la mente, la paz, los nervios, algo falta en la madurez espiritual.

Los verdaderos exorcistas hacen un exorcismo por la mañana, almuerzan tranquilos, y duermen su siesta; porque la victoria es de Cristo, y porque las estupideces y las amenazas que diga el demonio, no tienen que ver con mi Señor.

Por eso, la angustia como lo mostró Cristo en otros lugares del evangelio, es señal de que no estoy totalmente afianzado en la Roca, que es el Señor; si yo dependo de las palabras de los mentirosos, entonces, no dependo de la Palabra de mi Señor.

Hay que saber conservar la paz; sabiendo en quién hemos puesto nuestra esperanza, como decía Pablo “Yo sé de quien me he fiado” Carta a Timoteo 1,12. Hay que saber de quién nos hemos fiado, hay que saber que el conflicto aparecerá; y hay que saber que el conflicto se disolverá solo, es decir, por la acción de Dios, sin que uno intervenga.

Yo que no soy un santo, ciertamente, para dolor de mi alma, sin embargo, ya me he sentido defendido por Cristo, porque en mi sacerdocio, yo he sido calumniado, a veces de manera terrible, terrible; he sido calumniado, y he visto cómo Cristo Jesús me defiende, y cómo las mentiras se disuelven, y cómo lo que es de Él permanece, y todo lo demás se acaba.

Hermanos, estamos invitados al amor, a la radicalidad, a la felicidad, y a estar para siempre con el Señor.