I226002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20090905

Título: "El Hijo del Hombre es Senor del sabado".

Original en audio: 6 min. 0 seg.


Tiene su gracia que escuchemos este evangelio precisamente en un día sábado. El día sábado era el día de descanso para los judíos: así lo mandaba la Ley de Moisés.

Dios, a través de Moisés, había dado preceptos santos, y entre ellos, el descanso. La palabra "sabbat" significa descanso. Ahora Jesús se manifiesta a sí mismo como "Señor del sábado" (véase San Lucas 6,5).

Y aquí quiero tomar una idea que nos ofrece el Papa Benedicto XVI en su libro "Jesús de Nazareth". El Papa hace un comentario muy interesante sobre esta frase.

Para nosotros, que no estamos acostumbrados a la Ley de Moisés y que no somos judíos según la carne, esa expresión, "Señor del sábado" (véase San Lucas 6,5), creo que significa poco.

Pero, situémonos en el tiempo y en el lugar en que esto sucedió; situémonos en esa cultura. Dios, Dios mismo ha dado un mandamiento; y ahora este Jesús viene a decir que Él es el Señor del descanso, el Señor del sábado, el Señor del mandamiento, el Señor de aquello que ha sido mandado.

¿Quién es Jesús para atreverse a hablar de esa manera? La verdad es que sólo hay dos posibilidades, o tal vez tres. La primera es: "Este Hombre está blasfemando. ¿Cómo se le ocurre ponerse al mismo nivel de Dios?"

Porque, si Dios es el que ha mandado el descanso del sábado y Jesús dice, "es que yo soy el Señor del sábado" (véase San Lucas 6,5), se está poniendo al nivel de Dios: es un blasfemo, está ofendiendo el Nombre de Dios.

Algo parecido sucede cuando Jesús dice a algunas personas, y son unas cuantas en el Evangelio: "Tus pecados te quedan perdonados" (véase San Marcos 2,9). Por eso la gente se preguntaba: "Y Éste quién es que viene a decirnos que los pecados quedan perdonados? El único que puede perdonar pecados es Dios. Se está poniendo al nivel de Dios" (véase San Marcos 2,6-7).

Entonces, las tres posibilidades son: que este Hombre sea un blasfemo que está ofendiendo a Dios; que este Hombre sea un loco, uno de esos loquitos que dicen tonterías.

O la otra posibilidad es que Él es Dios: es Dios entre nosotros, es Dios que ha venido a visitarnos, Dios que ha puesto su tienda entre nosotros, Dios que ha acampado en medio de su pueblo. Ésa es la otra posibilidad.

¿Estamos ante un blasfemo que ofende a Dios? Pues, no parece. Porque, todas sus obras son de misericordia, de amor, y lo que Él reclama, lo reclama precisamente para servicio de Dios y para adoración de su Nombre.

¡No! Jesús no tiene, ni el aspecto ni las obras de un blasfemo. Tampoco es un loco: habla con sensatez. Cuando sus palabras resultan incomprensibles, la culpa es nuestra, porque nuestro entendimiento se queda corto ante la profundidad de lo que Él dice. ¡No! No es un loco tampoco.

Sólo nos queda una posibilidad. La única posibilidad que nos queda es que Dios, el Señor, ha querido venir a visitar a su pueblo.

Ésa es la única posibilidad que nos queda: que Dios, en una "ebriedad de amor", como diría Santa Catalina de Siena; loco, pero loco de amor por nosotros, ha querido venir a visitarnos y ha abierto su Corazón para que comprendamos más allá de la materialidad de la Ley, la profundidad de la Alianza que ha sellado con nosotros.

Vivamos, mis hermanos, en la profundidad y hermosura de este mandamiento, y en la dulce amistad con Jesucristo.

Amén.