I166003a

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Fecha: 20110723

Título: Pedir al Senor una gran prudencia en nuestros juicios y la virtud de la paciencia cuando nos enfrentamos a la realidad del mal propio o ajeno

Original en audio: [4 min. 25 seg.]


Una de las cualidades más hermosas de Jesucristo como predicador es lo que yo llamo su capacidad de hacer hablar a las cosas. Jesús toma lo más sencillo, como la levadura, como la moneda, como el rebaño, y a partir de esas cosas elementales, cotidianas, cercanas a la vida prácticamente de todos en todas partes, a partir de algo tan elemental, nos transmite preciosas y profundas enseñanzas.

La siembra, por ejemplo, es algo que Jesús aprovecha en sus parábolas, la más conocida es la parábola del sembrador, pero esa no es la que corresponde al evangelio de hoy; y sin embargo hoy se habla también de una siembra: así como hay un sembrador bueno, también hay gente y también hay fuerzas que quieren sembrar el mal. Y así como el bien puede crecer y volverse fuerte, también el mal, como en una tenebrosa caricatura del bien, sabe crecer y se afianza y se vuelve fuerte.

Y este crecimiento del bien y del mal, este crecimiento, podríamos decir, simultáneo, que muchas veces nos exaspera y que puede llegar a confundirnos, este crecimiento lo representa Cristo a través de la figura del trigo y la cizaña. El sembrador bueno, por supuesto ha dejado trigo, pero hay también la siembra maligna, y ahí están entonces los brotes de cizaña.

Es San Agustín el que nos da una pista muy interesante sobre esta parábola, porque nos hace ver que, en contraste con lo que sucede en la naturaleza, donde lo que nace trigo sólo puede seguir siendo trigo, y lo que nace cizaña sólo pude seguir siendo cizaña, en la vida del espíritu, en los corazones humanos sí que puede suceder algo inesperado: el trigo puede volverse cizaña o la cizaña puede volverse trigo.

Jesús advierte que no debe arrancarse el trigo junto con la cizaña cuando apenas empiezan a brotar. Es una imagen muy bien construida, porque en efecto, cuando apenas brotan el trigo y la cizaña se parecen mucho, a medida que crecen se van diferenciando. Cuando llega la hora de la cosecha, tienen distinta estatura y tienen, por su puesto, distinto fruto. Es sobre todo el fruto del trigo el que lo hace distinto de la cizaña.

Pero lo que nos afirma San Agustín es que también en ese camino hay cizaña que puede volverse trigo; o sea, no sólo hay que evitar arrancarla porque podríamos arrancar el trigo con la cizaña, sino porque hay cizaña, que si la arrancáramos, no le daríamos oportunidad de volverse trigo.

Y Agustín tiene por qué decir esto, porque al mirar su propia vida él se reconoce, en toda una extensión de años, se reconoce como cizaña; pero él reconoce también que el poder de la gracia de Dios, el poder del amor, el poder de la intercesión, sobre todo oración de intercesión de la mamá, hizo de él trigo para Dios.

Recojamos entonces estas enseñanzas; pidamos a Dios mucha, mucha prudencia en nuestros juicios; pidamos la virtud de una santa paciencia y pidamos sobre todo nuestra propia conversión para que demos fruto, un fruto que dure.