I163003a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20110720

Título: Aprendamos a confiar, aprendamos a decir: "Jesus, confio en ti"

Original en audio: [4 min. 29 seg.]


El capítulo dieciséis del Éxodo constituye la fuente para la primera lectura de hoy: los israelitas murmurando en el desierto. Lo digo con ese tono porque es algo que se repite muchísimo tanto en el libro del Éxodo como en el libro de los Números.

Los israelitas protestando, los israelitas incapaces de creer que Dios realmente los ha sacado de Egipto con buena intención; realmente incapaces de creer que Dios los acompaña, que Dios está con ellos.

¿Por qué Dios permitió que su pueblo permitió que su pueblo fuera tan rebelde? ¿O por qué se eligió a un pueblo de tan dura cerviz, que es el término que se suele utilizar en la Biblia? ¿Por qué? Probablemente, por la misma razón por la que luego permitió que su Hijo padeciera tan oprobiosamente el suplicio de la Cruz.

¿Cuál es la relación que yo veo entre estos dos elementos o estos dos datos que nos da la Escritura? Fíjate que Cristo en la Cruz padeció de un modo espantoso, pero ese padecimiento de Cristo hace que cualquier persona, en su dolor, en su sufrimiento, pueda reconocer a Cristo como alguien cercano.

Incluso, aquella persona que se sienta más injustamente maltratada, aquella persona que sienta que el dolor le hace enloquecer, aquella persona que sienta que la soledad es intolerable, aquella persona que sienta que la desesperación le rodea y le asfixia, incluso esas personas pueden volver la mirada hacia Jesucristo y pueden descubrir en Cristo crucificado alguien como ellos. Y esa proximidad con Cristo hace que uno pueda creer en el amor que Cristo reveló en la Cruz.

Porque si Cristo hubiera llevado una vida descansada, una vida relajada, próspera, incluso rodeada de placeres, ¿qué podría decirme ese Cristo a mí, dado que mi vida no se parece a eso? Entonces Cristo con su dolor vino a acompañar nuestro dolor; llegando a esa situación extrema Jesús se hace próximo, se hace prójimo de todos nosotros.

Yo creo que algo parecido sucedió en el desierto. Precisamente porque Dios eligió a este pueblo tan rebelde, a este pueblo adicto a la murmuración, este pueblo incrédulo y de dura cerviz, pues nosotros, los que muchas veces hemos sido rebeldes, incrédulos y de dura cerviz, volvemos nuestra mirada hacia el pueblo de Israel, volvemos nuestra mirada hacia estos textos de la Biblia y descubrimos a un Dios, que aunque regaña y corrige, en el fondo es paciente, abundante en compasión y ternura.

Y cuando uno descubre a este Dios repleto de ternura para ese pueblo tan supremamente rebelde, ese pueblo que no termina de convencerse de que Dios está a su lado, uno dice: "Pues ese soy yo también, porque a mí también me cuesta trabajo creer que va a llegar el auxilio de Dios".

Incluso hay una canción muy popular y que por ahí se canta a veces en la iglesia que dice: "No dejes nada a la deriva, del cielo nada te caerá", y eso se canta en la iglesia, ¡qué ironía! Y lo que Cuenta Éxodo es que del cielo es de donde caen las bendiciones, a veces en forma de maná.

Aprender a confiar a todos nos cuesta trabajo, le costó trabajo al autor de esa canción, nos cuesta trabajo a nosotros, le costó trabajo a a los israelitas, pero qué hermoso aprender a confiar y poder decir: "Jesús, confío en ti".