I163001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20030723

Título: La verdadera respuesta a nuestras necesidades es creer en la solucion de Dios.

Original en audio: 6 min. 35 seg.


La murmuración acompañó el camino del pueblo de Israel. De continuo ellos intentan juzgar y escrutar las intenciones de Dios. "¿Para qué nos sacó de Egipto?" (véase Éxodo 14,11 ;17,3).

Y escuchamos en la lectura de hoy que llegan a una triste conclusión: "Nos sacó de Egipto para matarnos de hambre en medio de este desierto" (véase Éxodo 16,3).

Las protestas de la comunidad se dirigen contra los líderes de la comunidad, como si ellos fueran los dueños del plan o como si ellos hubieran establecido las cosas.

Este cuadro se repite con alguna frecuencia en la Iglesia y en la vida religiosa. Nosotros miramos a nuestros formadores o a nuestros superiores; y a veces creemos que lo duro del desierto proviene de sus decisiones: entonces, protestamos contra ellos.

Pero, el camino y la verdadera respuesta en realidad la tiene solamente el Señor. Y Dios manifiesta su gloria en el pasaje que hemos escuchado, proveyéndolos de alimento aún en medio de ese arenal tan terrible en el que se encontraban.

Son acontecimientos providenciales: "las codornices que llegan al campamento" (véase Éxodo 16,13), y esa especie de escarcha ante la cual preguntan los hebreos: "¿Qué es esto?" (véase Éxodo 16,15), "man-hu", que da origen a la palabra "maná", ese pan venido del cielo.

¡Qué hermoso es sentir y descubrir uno que verdaderamente Dios, que sacó todo el universo de la nada, pues, igualmente puede proveer, puede alimentar y puede sostener a cada una de sus criaturas!

"Él da pan a todo viviente" (véase Salmo 136,25), como dice el salmo; pero, no sólo este pan material. Nosotros, especialmente, que hemos iniciado en fe este camino de la vida religiosa, cuánto necesitamos confiar en esa Povidencia de Dios, saber que, "Él conoce nuestras necesidades" (véase San Mateo 6,32), como dice Cristo en algún lugar del Evangelio.

Y nuestras necesidades no son solamente las de alimentarnos o las de tener algo para beber, o un techo donde descansar. ¡Qué hermoso es mirarse uno, reconocerse y saber que cualquiera de nuestras necesidades es conocida por Dios!

Y para esa hambre, Dios tendrá su propio pan. Por ejemplo, si Él sabe, si Él reconoce que nuestro corazón necesita protección, necesita fortaleza, necesita ayuda, Él tendrá sus caminos y tendrá sus maneras de que llegue esa Providencia hacia nosotros.

¿Es que Él acaso no sabe que necesitamos, -qué sé yo-, afecto o amistad? Pues, también lo sabe, y Él tiene sus caminos para proveer a cada una de esas necesidades nuestras.

Fíjese que el pecado es intentar uno resolver a su manera sus necesidades, como si Dios no pudiera cuidar de ellas.

Por ejemplo, la persona que dice: "Bueno, yo voy a resolver mi situación de afecto por mi cuenta y riesgo". Entonces, empieza a centrar, a esclavizar y a amarrar su corazón a alguna criatura.

¿Qué hay de malo ahí? Seguramente si encaráramos a esa persona y le dijéramos: "-Hombre, ¿qué estás haciendo con tu camino? ¿Qué estás haciendo con tu vocación?", la persona diría: "-No, pero es que yo tengo necesidades". "-Sí, y ésas las conoce el Señor".

Sin embargo, el problema no es si tú tienes o no tienes necesidades, sino si la respuesta que tú le estás dando a tus necesidades es la respuesta que Dios en su Providencia te ofrece.

Porque, nosotros, como los demás seres humanos, necesitamos salud, necesitamos amistad, necesitamos alimento, necesitamos todo lo que necesitamos. Y Dios nos lo dará, nos lo dará con abundancia y tendremos para repartir. Pero, hay que creer; y ése es el mensaje de hoy: hay que creer en la solución de Dios.

¡Creer en la solución de Dios! Creer que aunque no aparezca nada en el horizonte, Él podría traer codornices para alimentarme. Creer que aunque la noche esté fría, al amanecer habrá alimento para que nosotros no muramos de hambre.

Ceer en la solución de Dios, fiarnos de Él, sabernos profundamente reconocidos por Él y no intentar que mi respuesta improvisada, que mi respuesta de pronto torva, de pronto retorcida, vaya a ser precisamente mi verdadera respuesta.

Ejemplo de ésto tenemos en el Génesis. Allá nos cuentan cómo cuando ya se vieron Eva y Adán y se reconocieron convictos de pecado, entonces tejieron unos vestiditos porque les daba pena estar desnudos.

Ellos intentan su solución. Cuando Dios los encuentra, dice el texto que, "Dios les hizo unos vestidos con unas pieles" (véase Génesis 3,21): es una especie de pellizas. ¡Dios les hizo unos vestidos a ellos!

Esta gente se tejió tres, cuatro hojitas, ahí, como para tapar lo fundamental. Dios tenía una solución mejor: Dios tenía unos vestiditos. Aunque hubieran sido ellos los culpables de su situación, Dios tenía una solución mejor.

Y es éso: es creer en la solución de Dios. Es saber que aquel que camina en la presencia de Dios, que tiene su conciencia como un libro abierto, que tiene su corazón ventilado por la gracia del Espíritu, ése avanzará en el plan de Dios, será alimentado por Dios y contará con la Redención de Dios.