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De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy está tomado del capítulo 12 de San Mateo, nos damos cuenta que ha medida que se va avanzando en los santos Evangelios vamos encontrando que crece la oposición, crece la resistencia al mensaje de Cristo, lo cual implica que la misión del señor va cambiando de aspecto, no el el sentido de que Él busca algo diferente de lo que busco desde el principio, es decir el Reino de Dios, sino más bien en el sentido de que la llegada del Reino se convierte en algo más profundo, en algo que va más allá, por ejemplo de una simple sanación física.

Vamos al texto de hoy encontremos a Cristo, quien tiene que retirarse de cierto lugar porque los fariseos ya estaban decididos a matarlo, pero aunque Cristo se separa de ese lugar no se separa de sus pobres y enfermos. El Evangelio produce una inmensa ternura: “Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero Él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer” (Mt 12,15). Fijémonos en ese contraste, si Jesús estuviera pensando únicamente en su vida, lo que hubiera hecho era irse lejos y esconderse, dejar toda actividad pública; pero Cristo por una parte se va lejos pero por otra parte se queda cerca de una inmensa multitud, la multitud de siempre: los hambrientos, los cansados, los tristes; de todos ellos no se separa Cristo.

Tratemos de comprender este comportamiento del Señor, ¿está protegiéndose o no?; podría decirse que se está protegiendo porque cuando se enteró de que lo buscaban para matarlo se fue de ahí, porque después de hacer los milagros le dice a la gente que no lo descubran. También podríamos decir que está protegiéndose porque después de hacer los milagros dice a la gente que no lo descubran. También se puede decir que no parece que se está protegiendo porque sigue haciendo milagros en gran cantidad y porque de hecho esos milagros no son para unas pocas personas, sino que los curó a todos , es decir que no está escondido. Cristo sabe que su misión solo puede tener un desenlace dramático, trágico; la predicación de Cristo no podía terminar de un modo pacífico. La manera como Él denuncia la hipocresía de los fariseos que tenían gran autoridad, la forma como Él hace quedar en ridículo a los sumos sacerdotes, la manera como Cristo muestra la falsedad y la vaciedad de tantos estudios de escribas no podía quedar así. Los Evangelios nos cuentan que en varias ocasiones el Señor dijo a sus discípulos cómo iba a ser su final, habló incluso de la cruz y de lo que debía que padecer, así como también anunció la resurrección; desde el punto de vista humano no era difícil darse cuenta que el final iba a ser doloroso porque el Señor estaba haciendo enemigos con su predicación.

Entonces no es exactamente esconderse, es más bien buscar cuál es el querer de Dios, llegará el momento de entrega la vida, pero no será el momento que escojan los fariseos sino que será el momento que Cristo ha de discernir en profunda escucha de la voluntad del Padre y ese momento tiene un nombre específico en los Evangelios, se llama “su hora”, en el lenguaje de San Juan (cf. Jn 2,4). Cristo sabe que tiene que entregar su vida, sabe que va a morir de una manera violenta, pero la hora de su muerte no es la que escojan los fariseos; san Juan dice: “Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo” (Jn 10,18). En el actuar de Cristo en el Evangelio de hoy encontramos ese mismo pensamiento que está en el Evangelio de Juan; Cristo no deja simplemente que le arrebaten la vida, Él sabe que tiene que entregarla, pero en su momento, Él lo va discerniendo a través de la oración y la escucha profunda de la voluntad del Padre; al llegar ese discernimiento en el huerto de Getsemaní con gran valor el Señor entregará su vida por cada uno de nosotros.

Finalmente el Evangelio de hoy es un testimonio de alabanza al señorío de Cristo, a su caridad inmensa, a su sabiduría profunda, a su unión con el Padre y también a su obediencia donde dice: “no importa quien lo acepte o rechace, me interesa hacer la voluntad del Padre”.