I152007a

De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy está tomado del capítulo 11 de San Mateo. Encontramos a nuestro Señor Jesucristo recriminando a aquellas ciudades que han recibido tanto y que no han dado frutos de conversión.


Una buena manera de comprender el lamento y a la vez la recriminación de Cristo, es cuando caemos en cuenta de los dos sentidos que tiene esta expresión en nuestra lengua castellana. Cuando decimos por ejemplo, que algo no tiene precio, podemos decir que es algo que no vale nada o podemos decir que es algo que vale demasiado. Por ejemplo, en los distintos lugares donde uno va, no se cobra el aire que se respira, no faltara quien lo haga, el aire no tiene precio porque no hay factura, pero también se expresa que no tiene precio porque sin el aire no es posible la vida humana. Cuando decimos de una amistad que es por encima de todo precio, indicamos algo que sobrepasa y no se puede pagar; se pueden confundir estos dos sentidos que es “sin precio” de lo que “no tiene”, las confundimos cuando se trata de las obras y los regalos de Dios.


Pensemos por ejemplo, en la participación en la Santa Misa, es algo que no tiene precio; se llega a la Misa, se participa y siguiendo con juicio mi conciencia me acerco a comulgar, y esa Hostia ya consagrada no nos cuesta nada, pero vale muchísimo; aquí están los dos sentidos de no tener precio. Lo mismo sucede con el amor de Dios, porque es gratuito, es decir no tiene precio, y se podría pensar que lo que no tiene precio es porque no vale nada o que no tiene precio porque vale demasiado, no hay precio que pudiera pagarlo, porque Dios ha querido entregarlo de manera gratuita a nosotros, y no es que no valga, sino que precisamente vale tantísimo el perdón, el amor, la misericordia de Dios, que como nosotros jamás podríamos pagar eso, Dios en su infinita compasión, ha querido darnos sin cobrar eso que nosotros no podríamos pagar. La razón por la que no lo cobra, no es que no valga, ya que su valor es infinito; es porque nadie puede pagar tan alto precio.


Así que éste es un día para reflexionar en esto y en el inmenso valor que tienen tantas cosas que resultan gratuitas para nosotros: el perdón y el amor de Dios; los milagros son gratuitos, esos regalos y maravillas de Dios corremos el riesgo de no apreciarlos y eso fue lo que les pasó a las ciudades, según escuchamos en el Evangelio de hoy; Corozaín, Betsaida, Cafarnaún fueron ciudades que no apreciaron, como las cosas eran gratuitas, creyeron que no valía nada, y en realidad lo que sucedía era que valían demasiado.


Vale demasiado lo que Dios ha hecho por ti y por mi, que sea este el día para reconocerlo, para agradecerlo y para abrir una puerta, de modo que el amor del Señor a través de nosotros llegue a nuestros hermanos.