I152001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970715

Título: Dios utiliza corazones rescatados de las aguas y de las tinieblas para realizar sus planes

Original en audio: [8 min. 41 seg.]


El faraón ordena que sean asesinados los niños hebreos, y la primera que desobedece al faraón es su propia hija. El faraón manda la muerte, quiere la muerte de los otros niños, pero ha dejado con vida a su hija, y en el corazón de su hija queda un poquito de eso que se llama compasión, que se llama misericordia, que se llama solidaridad.

Y esa compasión, esa solidaridad, salva la vida de un hebreo. Y sabemos por el desenlace de la historia, que será este hebreo, Moisés, el que finalmente le demuestre al faraón, que así como se salvó la vida de él, de Moisés, así Dios es poderoso para salvar las vidas de los demás hebreos.

Moisés es como las primicias de la victoria de Dios, una victoria que demuestra aquello que dice el salmo: "Dios con el astuto es astuto, con el sagaz es sagaz" Salmo 18,26.

Dios se las sabe todas. Y con aquel que pretende hacer grandes demostraciones de inteligencia, de astucia o de poder, Dios sabe demostrar cómo es mayor su poder, porque es mayor su astucia, porque es mayor su sagacidad.

Una extraña sagacidad que se apoya, precisamente, en el engañoso corazón humano. "Nada más falso y enfermo que el corazón", dijo una vez el Profeta Jeremías Jeremías 17,9.

¿Quién lo entenderá? ¿Quién entenderá el corazón humano? ¡Tan rebelde! ¡Tan egoísta! ¡Tan inestable! A veces parecemos, los seres humanos, tan capaces de lo malo, tan poco dispuestos para lo bueno.

Y precisamente, brilla la misericordia de Dios, resplandece su sabiduría, en el hecho de que Dios utiliza para realizar sus planes, no los corazones de los Ángeles inmaculados; esos también, pero no sólo esos corazones, sino utiliza corazones como los del faraón, como el de la hija del faraón, como el de Moisés, corazones humanos, corazones rescatados de las aguas, corazones rescatados del caos y de la inestabilidad, que son fortalecidos, que son conducidos, a veces sin saberlo, por la mano de Dios, hasta que se cumplen sus planes.

Lo más gracioso es que Moisés resulta criado en la corte del faraón y por una hija del faraón. Así también Dios, del seno mismo de las tinieblas, sabe sacar victoria. Y así también Dios, de lo profundo de la iniquidad, sabe sacar apóstoles y santos.

Esto lo conocen bien, los que han trabajado en programas de rehabilitación, por ejemplo. ¿Cuál es el mejor tutor, el mejor guía en la recuperación de un muchacho que está tratando de salir de la droga? ¿Quién es el mejor apóstol de este joven? Otro joven, que seguramente estuvo hundido, igual o peor que el primero, en lo mismo, y que logró salir de ahí.

Dios sabe construir santos y apóstoles en medio de las tinieblas. Moisés tenía todas las razones del mundo para ser un cómplice del sistema opresor. Era tenido por hijo de la hija del faraón. Había sido criado en la corte.

Tenía todo a su favor para ser lo que nosotros burlonamente llamamos un "hijo de papi", un inservible para la sociedad, un hombre acomodado al sistema, un hombre al que le convenían los privilegios del faraón.

Y resulta que es este hombre, el que es misteriosa y maravillosamente llamado por Dios para una misión ardua y difícil como pocas, la salida de Israel del país de Egipto. Mire cómo, en ese caso, que humanamente estaría perdido, cualquiera diría: "¡Ese qué va a servir para esa causa! ¡Ese tiene demasiados intereses para defender!" Cualquiera diría que ese caso estaba perdido. Pero no estaba perdido para Dios. Dios tenía su propio plan.

Y ahora me pongo yo a pensar, ¿cuántos Moisés tendrá Dios por ahí escondidos? Pensemos en los lugares más escandalosos, o los más sucios, o los más terribles de nuestra sociedad. Esos son como los Egiptos, esos lugares donde campea la idolatría, la mentira, el pecado.

Esos son lugares, donde también Dios sabe entrar, y sabe sacar sus santos, y sabe hacer brillar a sus apóstoles, y sabe hacer su obra. Esos son lugares maravillosos, en los que Dios logra sus santos más acabados, las obras más hermosas de la gracia.

¿Quiénes estamos aquí? Tal vez haya aquí algún gran santo en esta iglesia. Pero, por lo menos, en lo que a mí respecta y quizá en algunos otros de ustedes, somos unos pecadores, somos unos inicuos, y muchas veces uno considera su propio caso ya perdido.

"Yo he sido un hombre alejado de Dios", dirá alguien; "yo he sido un hombre mentiroso"; "yo he sido un ladrón"; "yo he sido un lujurioso"; "yo he sido un idólatra"; "yo he sido un tímido, un cobarde, un falso toda la vida", Dios, ¿qué va a poder hacer de mí?"

De pronto tú eres un salvado de las aguas. De pronto en ti hay una especie de Moisés. De pronto en tí hay la semilla de un gran santo, de un apóstol.

Así como el mejor predicador para los drogadictos es el que salió de la droga, así también Dios puede convertirte a tí en un apóstol para los que hoy padecen las cadenas que tú tuviste, o que quizá todavía tienes.

Tal vez tú puedes ser ese otro Moisés, al que un día, quizá esta tarde, Dios le toque el corazón y lo despierte, y lo llame a realizar una obra para la gloria de Dios; no para buscar la propia gloria como buscaba el faraón, sino para una obra distinta, para una obra que sea gloria de Dios.

¿Qué tal que alguno de nosotros, en esta tarde, sea llamado por Dios como fue llamado Moisés, así, para salir de las ventajas del pecado, y entrar en los desiertos, donde se depende de Dios, donde sólo existe la gracia del Altísimo; para entrar ahí, y ahí realizar la obra de Él?

¿Qué hay aquí? Aquí hay religiosos, aquí hay seglares, aquí hay sacerdotes, aquí hay hombres y mujeres, hay trabajadores, hay estudiantes.

¡Sólo Dios sabe cuántos Moisés hay aquí! ¡Sólo Dios sabe cuántos santos hay en este jardín que se llama la Iglesia de Dios!