I151001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970714

Título: "No he venido a sembrar paz"

Original en audio: [10 min. 8 seg.]


Las lecturas de hoy, hermanos, no nos dejan duda: la pelea está casada, la lucha es abierta, estamos en guerra.

Si a alguien le quedaban dudas, las lecturas de hoy traen las declaratorias de combate del rey de Egipto, que es como el modelo de todos los poderes que se endiosan a sí mismos, y está la claridad y la declaración de Jesucristo cuando dicen que vendrán muchas enemistades precisamente para quienes acojan su predicación.

Me parece una providencia de Dios que sean estas las lecturas que escuchamos en esta tarde.

Figúrense que esta tarde fue a mi convento donde vivo, una señora a consultar distintas cosas y algunas de esas cosas tenían que ver con esos temas tan discutidos sobre la planificación familiar.

He sabido que la postura de la Iglesia le parece rígida, anticuada, anacrónica, imposible, a muchas personas que precisamente se alejan de la Iglesia, reniegan de los sacerdotes, porque dicen: "¿Qué son esas historias de la Iglesia de estar prohibiendo los métodos artificiales de planificación familiar?"

Como no se trata de una confesión ni yo voy a dar nombres propios, todavía les voy a dar más detalles de lo que sucedió. Resulta que esta mujer después de mucho tiempo de estar planificando por un accidente médicamente difícil de explicar, quedó esperando.

En su embarazo no pudieron quitarle el dispositivo intrauterino que tenía y las cosas se complicaron porque el niño, en esas condiciones, se desarrolló pésimamente, es decir, con malformaciones físicas que llevaron a los papás a la determinación de que esa criatura no debía vivir, y por consiguiente, abortaron a ese niño, no sin antes renegar de Dios que les había mandado un niño deforme.

Esa es la historia con la que me he encontrado en esta tarde. Entonces, me pongo a conversar con esta dama ilustre, una persona muy educada, una profesional muy solvente y muy competente, me pongo yo a conversar con esta señora y a contarle cómo, a través de estos métodos artificiales, no sólo se hace una planificación familiar, palabra muy elegante y muy discreta para indicar lo que es en realidad un método micro abortivo.

En efecto, ese género de dispositivos no impiden del todo al todo que suceda la fecundación del óvulo, sino impiden la implantación de ese óvulo no fecundado, que es un ser nuevo y distinto de la madre, la implantación en el cuerpo de la madre, en la matriz, y por consiguiente, son métodos abortivos.

Lo que a mí me parecía más gracioso del caso, más gracioso digo yo con ironía, lo que me parecía más terrible del caso es que esta gente, después que ha abortado el niño que le salió así por su propia culpa, reniegan de Dios.

Bueno, yo estaba con el corazón dividido porque la gente vive criticando que nosotros los sacerdotes somos histéricos, neuróticos, malgeniados, reprimidos.

Y entonces, si uno va a hablar duro, como a veces quisiera, entonces uno es, como me decía esta misma señora, "es que usted todo lo mira por el lado negativo".

Yo casi no podía de la ira y le dije esto: "Mire, señora, permítame esta comparación: si yo cojo una almohada rosada y con esa almohada aplasto un bebé y lo ahogo, entonces usted me dirá que no mire al bebé que ha sido asesinado, sino que mire al bonito rosado de ese almohadón."

Creo que ese ejemplo la hizo entrar un poquito en razón sobre la gravedad que tiene tratar esas cosas de la vida y del origen de la vida y del respeto a la vida.

Parece que algo quedó convencida porque finalmente me dijo que a ella nadie le había hablado así nunca y me dijo: "Padre, usted debería escribir esas cosas en una hoja y deberíamos fotocopiar eso y repartirlo, porque hay muchas personas que no saben que los métodos de planificación artificiales son abortivos".

Y yo le dije: "Pues sí, eso efectivamente habrá que hacerlo". Yo no pensaba que ella fuera a difundir esas hojas a partir del día de hoy, pero me parece que alguna enseñanza y algún paso se alcanzó a dar ahí.

Uno de los argumentos de esta señora era que "cómo así, que qué tal toda esa dureza si Dios es perdón, Dios es ternura, misericordia". Bonita la misericordia de Dios así, preciosa esa ternura que nos deja hundirnos en el fango de nuestra iniquidad, lindísima esa ternura que se convierte en cómplice de nuestra manera de pensar. Precioso ese Dios que me aprueba todas mis porquerías.

Pero ese Dios no es el Dios de la Biblia. Y me decía ella: "Pero si Dios es con esa ternura, y uno ve a Jesús y ese Jesús...." y me decía, "qué ironía, padre, yo vine a este convento buscando paz y le decía yo; y mira la lectura que nos tocó en el evangelio de hoy; y le decía yo: "pero qué tal esa paz, qué tal esa paz que duerme tranquila sobre cadáveres de seres humanos a los que no se les permitió nacer".

Con esta introducción, ahora escuche el principio del evangelio de hoy.

Dice Jesús a los Apóstoles: "No penséis que he venido a esta tierra a sembrar paz" San Mateo 10,34, no, no es esa paz de la persona que se siente tranquila y tierna, mirando a su Jesús bendito como sigue como cómplice de asesinatos o de injusticias.

"No he venido a sembrar paz sino espadas" San Mateo 10,34. Pero no sólo es una providencia de Dios que esta conversación tan dolorosa y tan difícil la haya tenido yo en esta misma tarde.

Es también providencia de Dios, que no sólo el evangelio habla de lo mismo, sino que también la primera lectura, la que escuchábamos del libro del Éxodo refiere también cómo los primeros enemigos de los poderes satánicos, de los poderes de las tinieblas, los primeros enemigos se llaman los niños. Lo primero es suprimir los niños, acabar con los niños.

Esto puede parecer exagerado. No lo es. Lo primero para el Faraón era acabar con los niños, porque precisamente allí donde no hay una cosecha de vida, allí si puede reinar impunemente la muerte.

En los siguientes días vamos a seguir escuchando las lecturas que nos cuentan el desenlace de una pelea casada entre un Faraón que se cree Dios y un Dios que tiene que enseñarle al Faraón quién es el Señor.

Vamos a seguir viendo ese desenlace, pero por ahora quede para nosotros una gran claridad: que Dios, así como es infinitamente misericordioso, es infinitamente justo; que Dios sabe cuáles son nuestros pasos y que su perdón no es una complicidad de nuestra miseria, su perdón es un llamado a la conversión.

Quiero decirles que bendigo al Señor por la conversación que tuve esta tarde.

En medio de mi sinceridad o tal vez de mi crudeza, le decía a aquella señora: "Señora, yo creo que probablemente usted dirá que soy otro histérico, que estoy muy joven para ser tan anacrónico, tan anticuado, tal vez usted va a decir eso, señora. Considero que es poco probable en estas circunstancias que nos volvamos a encontrar, pero creo que siendo yo un pecador, y lo soy, de todas maneras alguien tiene que defender la vida en esta tierra.

Parece que Dios el Señor estuvo obrando. Al despedirse me decía: "Seguramente usted, padre, por bondad de Dios, ha sido puesto en mi camino para que una venda se quite de mis ojos". Sonrío y se despidió.

No sé si la volveré a ver, es demasiado pronto para suponerlo, pero si llegare a suceder así, yo quisiera encontrar en ella, y ojalá en muchos de ustedes, apóstoles.