I146002a

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Fecha: 20030712

Título: El discipulo no puede ser mas que el Maestro

Original en audio: [26 min. 47 seg.]


Hermanos:

A pesar de lo que dijo Cristo, hay veces que uno quiere ser más que maestro, y a pesar de lo que dijo Cristo, hay veces que uno quiere ser más que nuestro Amo; Él es nuestro Maestro, Él es nuestro Amo, pero hay veces que queremos ser más que Él.

Queremos ser más que Cristo, cuando queremos que nos traten mejor que Cristo, queremos ser mejor que Cristo y queremos ser más que Cristo, cuando queremos recibir el trato, el reconocimiento, el pago que Cristo no recibió.

Pero cuando obramos de esta manera, renegamos de nuestra condición de discípulos o renunciamos a nuestra condición de discípulos de Él.

Porque hay veces que lo reconocemos a Él, pero no nos reconocemos como discípulos suyos, y hay veces que sí nos reconocemos discípulos, pero no como discípulos de Él, y las dos cosas son importantes, reconocerlo a Él y reconocernos como discípulo de Él.

Primera aplicación para nuestra vida: ¿cuál es el trato que yo merezco? ¿Cuál es el pago que yo merezco? ¿Cuál es la herencia que a mí me toca? ¿La de Cristo? Coherederos nos llama San Pablo, la herencia nuestra es la misma herencia de Cristo, en lo bueno y en lo malo; y si fue herencia suya, si fue el lote suyo la ingratitud, el desprecio, la calumnia, la soledad, también eso nos corresponde.

Porque si no nos correspondiera, no seríamos coherederos; esto lo han entendido los Santos cuando pasaban días y días, semanas sin que nadie calumniara.

Sin que nadie humillara a Santa Catalina, ella se quejaba ante Dios: "¿Qué pasa, me echaste? ¿Ya no soy tuya? ¿Ya no me quieres? ¿Por qué me das un trato distinto al tuyo? Si vivo a tu lado, si estoy contigo, a mí tiene que sucederme lo que te sucede a ti".

Estaba enamorada de Jesucristo, era discípula de Jesucristo, y los grandes Santos han pedido su porción de la herencia, porque se han reconocido coherederos, claro que también tenemos una plenitud de esa herencia, padecemos con Cristo para ser glorificados con Cristo, padecemos con Cristo para recibir también el consuelo de Cristo.

Porque padecer como Cristo, sin Cristo, no se puede; podemos padecer como Cristo, con Cristo y en Cristo, y así somos discípulos de Cristo, y así recibimos de herencia no sólo el padecimiento de Jesús, sino la paz de Jesús, la mansedumbre de Jesús, la sabiduría de Jesús y la victoria de Jesús.

Miremos más adelante el texto, y qué expresión se repite más, pasemos a ese segundo punto en nuestra meditación: "No tengáis miedo" San Mateo 10,26.

En este pasaje, que cobija apenas diez versículos o un poco menos, aparece tres veces esa expresión: "No les tengáis miedo" San Mateo 10,26, y luego dice más adelante: "No tengáis miedo a los que matan el cuerpo" San Mateo 10,28, más adelante: "No tengáis miedo, no hay comparación entre vosotros y los gorriones" San Mateo 10,28.

Es decir, ese día Jesús estaba empeñado en curarlos del miedo: "No tengáis miedo" San Mateo 10,26, esta expresión abre también el libro "Cruzando el Umbral de la Esperanza" del Papa Juan Pablo II.

"No tengáis miedo", porque efectivamente, en la mente pagana tiene un inmenso poder el miedo, el temor; ser liberado del miedo es salir del que nos maneja a través del miedo; ser liberado del miedo es ser liberado de aquel, que a través del miedo, pretende gobernar cómo administramos nuestra vida, nuestra alegría, nuestros recursos, nuestro amor.

Jesús envía a los discípulos sabiendo que van a tener que padecer y sin embargo les dice que no tengan miedo, ¿qué razones les da para sanarlos del miedo? Porque no les dice solamente eso, da tres razones.

Cada vez que les dice que no tengan miedo en este pasaje, en cada vez les da una razón distinta.

La primera razón es: "No hay nada cubierto que no llega a descubrirse" San Mateo 10,26; la segunda razón es: "Pueden matar tu cuerpo, pero no pueden matar tu alma" San Mateo 10,29; y la tercera razón es: "Dios lo conoce todo y tú vales mucho ante Él" San Mateo 10,30; son las tres sanaciones del miedo.

La primera: "las cosas terminarán por saberse", la segunda: "No pueden hacerte todo el daño que quieren", y la tercera: "Dios te ama, Dios gobierna tu vida", así podemos reescribir estas tres razones que da Jesús para vencer el miedo.

La primera: "la verdad termina por imponerse", y eso es cierto, porque a medida que uno lo va viviendo, lo va creyendo y es tan lindo eso, ver que la verdad efectivamente se impone.

Hay un placer exquisito en la vida cristiana, ver caer las calumnias, eso es delicioso, no sé si sea tan delicioso que sea pecado, pero es delicioso ver cómo caen las calumnias. Y creo que es la primera vez que voy a decir en una homilía cómo vi caer una calumnia que se hizo de mí mismo.

Se comentó, en cierta ciudad, que tenía embarazada a una mujer, el embarazo se prolongó y se prolongó hasta 17 meses, cuando la mujer cumplió 17 meses de embarazo, la calumnia empezó a disolverse, porque creo que son los elefantes los que tienen esos embarazos prolongadísimos, y la calumnia no llegó al punto de decir que yo había embarazado a una elefanta. ¡Es tan bonito!

Por aquella época, precisamente, mi amiga de Siena me había enseñado, que frente a ciertas calumnias, lo mejor que uno puede hacer es seguir en el servicio de Dios y esperar, porque "no hay nada cubierto que no llegue a descubrirse" San Mateo 10,26.

Y es tan lindo ver cómo las mismas personas que difundían esa calumnia, después lo buscan a uno para decirle que lo quieren muchísimo, muchísimo, lo que no sé es para qué lo quieren, pero que lo quieren muchísimo y que ojalá vaya a predicar.

Sin discusiones, sin rencores, ver que esto es cierto y que se cumple, y Dios permitió que eso me sucediera por muchas razones, porque en primer lugar, aunque yo no hubiera cometido esa falta, es verdad que sí soy un pecador que necesita la misericordia de Dios; en segundo lugar, Dios permitió eso porque me ayudó a descubrir cómo se difunden las calumnias.

Yo decía: "¿Cómo es que sale una calumnia de esas?" ¿Sabe cómo sale? Sale por la gente piadosa, es la gente piadosa la que más chismosea, la que más murmura.

¿Y sabe cómo se difunde la murmuración entre los piadosos? Se difunde de la siguiente manera, porque eso, después lo supe: fulanita llama a zutanita y le dice: "Tú que quieres tanto al padre Nelson, ora por él porque "parece", y con el maldito cuento del "parece", dicen lo que se les da la gana, "porque parece que está emproblemado con una mujer"; hay que orar mucho.

Fíjate lo satánico del asunto, invitan a la oración: "Hay que orar mucho, porque parece...." Y digo yo, mejor no oren tanto, de esas oraciones, por favor, no necesito, y oigan, eso se regó de una manera espantosa, que todavía puede haber gente que haya recibido esa historia.

Y todo se difundió entre la gente piadosa; la gente mundana y la gente pagana nunca me ha hecho algo así, fue la gente piadosa la que me hizo esto, pero yo veo que es verdad lo que dijo Jesús: "Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse" San Mateo 10,26.

Dos veces me han llamado "hijo de Satanás" en público y gritaban, dos veces. La primera vez me dio desconcierto y disgusto; la segunda vez ya como que le había puesto cuidado al capítulo diez de San Mateo, entonces dije: "Bueno, se está cumpliendo la Palabra de Dios en mi vida". Dos veces me ha pasado eso.

Entonces la primera razón, para vencer el miedo: "La verdad triunfa"; a veces uno alcanza a verlo, como eso de la elefanta, otras veces no.

Comentábamos con Rafael hace un rato sobre los escritos de Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás murió en 1274, unos trescientos años después, fines del siglo XVI (1500 y tantos), empezó a reconocerse la santidad de la doctrina de Santo Tomás para la iglesia, hasta 300 años después de que había escrito Santo Tomás.

Su doctrina reposó en bibliotecas, lleno de polvo, desconocido de la mayor parte de los católicos, pero: "No hay nada oculto que llegue a descubrirse" San Mateo 10,26, trescientos años después empieza a brillar el faro de luz maravillosa que es Santo Tomás, y como dicen nuestros campesinos, "hasta la presente".

Trescientos años, pero "no hay nada oculto que no llegue a descubrirse" San Mateo 10,26, y esto trae una paz muy grande, si uno no lo alcanza a ver, pero esa es sólo la primera razón para sanarse del miedo.

Razón número dos: "No pueden hacer todo el daño que quieran", Jesús lo dice de manera compacta: "Pueden matar tu cuerpo, pero no tu alma" San Mateo 10,29; nosotros lo decimos de manera un poco distinta, desde luego, basándonos en su Palabra.

Es muy importante descubrir esto, "no pueden hacerte todo el daño que quieran". Una vez escuché un predicador decir los siguiente: "Los demonios se rebelaron contra Dios, esto lo sabemos todos, pero lo que muchas veces, o no sabemos o se nos olvida, es que en ninguna parte dice la Biblia y en ninguna parte ha dicho Dios que les concedió República independiente.

Es decir, una cosa es que ellos se hayan rebelado y otra cosa es que dejen de hacer caso, son dos cosas distintas; una cosa es la rebelión de ellos y otra cosa es la desobediencia de ellos, son dos cosas distintas.

¿Eso que significa? Que rebelados y rebeldes como son, les toca obedecer, y esto lo ha manifestado Dios de muchas maneras, por ejemplo, con nuestro Santo fundador Santo Domingo de Guzmán.

Una vez estaba Santo Domingo estudiando la Sagrada Escritura a altas horas de la noche iluminado por un candil, por un cirio, y él meditaba la Palabra de Dios, tenía un carisma muy grande para no dormir, no sé cómo le llamen a ese carisma, porque de verdad dormía muy poquito.

Ese carisma no es hereditario, no ha pasado a toda la familia dominicana, el hecho es que Santo Domingo estaba en esas, él se la pasaba en eso, orando, intercediendo, haciendo penitencias, y estaba en medio de su oración y contemplación, cuando aparece un demonio, ¿qué le dijo el demonio?

No sabemos, pero entonces Santo Domingo, como ya estaba muy baja la luz de la vela, le dijo al demonio: "En el nombre de Cristo, ¿me detiene esta vela para que yo pueda leer?" Y como es en el nombre de Cristo, y como es la santidad de Domingo, y como es la presencia de Dios en él, pues el demonio hizo toda la mala cara que pudo, pero ahí le tocó sostener la vela mientras Santo Domingo acababa sus oraciones.

Esto tenemos que entenderlo, los demonios no están por fuera del plan de Dios, ni por fuera de la obediencia a Dios, no están por fuera, los demonios no por gusto, pero sí a la fuerza le tienen que hacer caso a Dios, y si esto decimos de los demonios, esto decimos de lo que nos pueda suceder, nadie puede hacerme a mí el daño que quiera, mi vida está, en primer lugar, en las manos de Dios.

El Papa Juan Pablo, quien ama en tan alto grado a la Virgen, dijo esta expresión con motivo de su atentado el 13 de mayo de 1981: "Una mano disparó y otra desvió la bala", eso está bien dicho; una cosa es el daño que me quieren hacer y otra cosa es el daño que yo recibo, son dos cosas distintas.

Y ahí se ve claramente el daño que se le quería hacer: el tipo de disparo, la distancia y el arma utilizada eran para matarlo, pero luego se ponen a estudiar el recorrido del proyectil dentro del cuerpo del Papa y todo indica que el proyectil hizo una especie de zigzag, evitando centros nerviosos, evitando arterias.

Es increíble el recorrido del proyectil dentro de cuerpo de Juan Pablo II, es una cosa increíble, es decir, si ponemos un tirador profesional a que haga ese disparo para no dañar ningún centro nervioso, ninguna arteria, no lo logra; "una mano me disparó y otra desvió la bala", dice el Papa Juan Pablo II.

Una cosa es el daño que me quieren hacer y otra cosa es el daño que me pueden hacer, son dos cosas distintas; el daño que me quieren hacer estará en su corazón que puede estar dañado, pero el daño que me van a hacer está en lo que Dios dispone de mi, esta es una sanación muy grande del miedo.

Porque si no un Papa no podría vivir, -cuánta gente odia al Papa-, un Papa no podría vivir, un obispo no podría vivir, y creo yo que hasta un pobre sacerdote no podría vivir, porque imagínese, nada más pensemos en los niveles de odio que el demonio maneja contra los sacerdotes.

Si uno se pone todos los días a meditar cuánto lo odia el demonio, pues seguramente no hace nada; pero una cosa es el daño que me quieren hacer y otra cosa es el daño que me pueden hacer, son dos cosas distintas, una cosa es que diga y vocifere, una cosa es que pretenda.

Pero Dios una y otra vez cambia el daño que me quieren hacer en un bien, una y otra vez lo que iba a ser para mí daño se transforma en bendición. Es maravilloso, entonces uno así va perdiendo el miedo.

Pero todavía nos falta el tercer argumento: "No tengan miedo, dice Jesús, porque dice aquí: "Hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados" San Mateo 10,30.

Dios me conoce, Dios me ama, soy precioso ante Él; ustedes saben que precioso viene de precio, desde luego, tengo alto precio y San Agustín, que sin duda intercede por esta casa donde estamos reunidos, San Agustín recomendaba: “Comulguen, comulguen bien, comulguen con frecuencia, coman el precio para que no se deprecien”, esta frase es de San Agustín, el precio es ese el Cuerpo de Cristo, la Sangre de Cristo; come tu precio para que no te deprecies.

Por eso al comulgar cada uno y cada una puede decir: “Soy precioso ante Dios”. ¿Cuánto valgo? Ve a Misa y ahí lo averiguas; ¿cuánto valgo? Mira el Cáliz; ¿cuánto valgo? Mira la cruz, eso es lo que tú vales.

Por eso esa estrofita que se oye tan bonita en inglés, pero no la recuerdo en inglés, del hombre que le preguntó a Dios: "¿Y tú cuánto me amas?" Le preguntó a Cristo," ¿tú cuánto me amas?" Entonces Jesús abrió los brazos y se murió; "así te amo", ese es el tamaño del amor que me tiene.

Sostenidos por ese amor, sostenidos por ese conocimiento, Dios conoce; si Dios conoce los cabellos de mi cabeza, seguramente conoce también las ideas de mi cabeza, aunque los psicólogos no saben si tenemos más cabellos que ideas, es un tema que está por dilucidarse.

En todo caso, Dios conoce mis ideas, Dios conoce mis circunstancias, Dios me conoce infinitamente y Dios me ama infinitamente, tanto me conoce como me ama, tanto me ama como me conoce, eso trae una paz inmensa.

Si uno se pone a pensar en cuánto lo conoce Dios sin pensar en cuánto lo ama Dios, se desespera, eso le pasó a Lutero, Lutero se desesperó porque él llegó a un momento, pobre hombre, en el que no podía oír el nombre de Jesús, porque le daba tembladera.

Y ese fue el que sacó toda esa jarana del protestantismo, ¿y por qué llegó a ese estado de trauma tan brutal? Porque él meditaba mucho en todo lo que Jesús sabía de él, pero no meditaba tanto en cuánto le amaba Jesús a él.

Tanto me conoce como me ama, pero el otro extremo también es malo, convertir a Jesús en una buena persona que todo le da lo mismo, como predicaba un obispo diciéndoles a los sacerdotes, por qué había que infundir dolor de los pecados en los penitentes.

Y siempre daba el mismo ejemplo: "Porque es que una vez fue a confesarse un señor y dijo: "Padre, figúrese que en un arranque de locura maté a mi mamá", y entonces el padre le decía: "Bueno, no lo vuelva a hacer".

No podemos convertir a Jesús, ahí, en una buena persona que todo le da lo mismo, no. Jesús es Redentor y es Juez; porque me conoce infinitamente, es Juez perfecto; porque me ama infinitamente, es perfecto Redentor.

Yo tengo que saber las dos cosas: me conoce infinitamente y me ama infinitamente, pero cuando junto esas dos cosas, obtengo mucha paz, porque Él mejor me conoce, me acepta, eso da mucha paz; el que lo sabe todo, me ama; el que me entiende perfectamente, me ama infinitamente; eso me da mucha paz.

Hoy, mis hermanos, Jesús nos sana del miedo, hoy Jesús nos cura del miedo, recordándonos tres cosas, promera: que lo oculto llegará a saberse y que la verdad triunfará; segunda: recordándonos que nadie puede hacernos todo el daño que quiera, y tercera: recordándonos que Dios tanto nos conoce cuanto nos ama.

Que venga esta certeza por obra del Espíritu en nuestro corazón, para que llevemos una vida, como decía Santa Teresa de Jesús, "sin encogimiento", tan lindo ese español de Santa Teresa, "vivir, hermanas, -ya me parece escucharla-, vivir sin encogimiento", porque hay gente que vive con encogimiento, es que es tan gráfica la expresión, como acomplejados.

Como vendedor que no conociera su producto, así vivimos muchos cristianos, como no sabiendo cómo ofrecer nuestras agujas, como avergonzados: "¿Creo que sí soy católico? Más o menos, creo que sí soy católico", más o menos, como la pobre campesinita que le preguntaron “oiga, y sus frutas tienen muchas vitaminas, ¿cierto?" "Bueno sí, pero lavando bien, oiga"

No sabemos el producto que tenemos, no sabemos la riqueza que tenemos y por eso vivimos con encogimiento; lo que Jesús nos está diciendo es: "No vivan con encogimiento"; claro que nos van a maltratar.

Eso fue la primera parte de la predicación: nos van a tratar de hijos de Satanás, nos dirán muchas cosas, pero nosotros no vivimos con encogimiento, nuestra mejor expresión de victoria es alabar, bendeci, y proclamar al que ha hecho todo por nosotros, hasta darnos a su propio Hijo.

Amén.