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De Wiki de FrayNelson
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La primera lectura en el día de hoy está tomado del capítulo 46 del libro del Génesis. Estamos llegando al final de este que es el primer libro de la Biblia: El Génesis. Estamos llegando también al final de los relatos sobre José.

José es aquel hijo de Jacob que fue vendido por sus hermanos, que llegó como esclavo a Egipto y que luego por bondad de Dios ascendió en el poder en Egipto, y llegó a ser administrador de todos los bienes del faraón. La escena sumamente emotiva que nos presenta el texto de hoy, es el reencuentro entre José y su papá ya anciano.

Lo que llama la atención es el contraste entre el comienzo de la historia de José y el final al que vamos llegando, porque al comienzo de esta historia encontramos a un muchacho (José en su juventud) que habla a sus hermanos y les dice: “He tenido un sueño y en ese sueño todos llevábamos espigas, pero la espiga que yo llevaba era más alta, más bella que la de todos, y las espigas de todos ustedes se doblaban frente a la mía” (Gn 37, 6-7). El pecado nunca hay que justificarlo, pero resulta explicable que los hermanos de José le tuvieran muy poco cariño; pues su lenguaje era sumamente presuntuoso y vanidoso, hablaba a cada rato de los sueños que tenía, y en todos esos sueños siempre él era el protagonista, el que estaba en el centro, el que sobresalía, y los demás tenían que plegarse, doblegarse, replegarse delante de él.

Pero la vida le ha traído muchas desventuras, incluyendo los ataques de sus propios hermanos, los cuales parece que tenían razones para no quererlo mucho. Sus hermanos lo han vendido a Egipto, y luego en Egipto ha pasado mil y una desventuras, incluyendo calumnia, cárcel y todo tipo de sufrimientos.

El José que encontramos al final de este ciclo narrativo, por ejemplo, en el pasaje de hoy, es un hombre humilde, servicial y profundamente agradecido, es decir, se cumplieron sus sueños de juventud; lo que él había soñado, es decir, aquello de que sus hermanos tendrían que doblegarse ante él, y tendrían que reconocer que él era grande, eso sucedió, pero no sucedió por el camino de la vanidad, sino por el camino del servicio.

Esta es una gran enseñanza para nosotros, Dios nos va conduciendo, Dios nos va llevando, y en ese recorrido, lo mejor de nuestros sueños Dios mismo lo quiere realizar, es más, San Pablo dice en el capítulo sexto de la carta a los Efesios que “Dios puede y quiere realizar más de lo que imaginamos, lo mejor de nuestros sueños” (3,20); y esto está en el plan de Dios, lo que tal vez no está en el plan de Dios, es el espíritu de revancha, de soberbia, de vanidad que suele acompañarnos, como parece que acompañaba a José en su juventud.

Lo que Dios quiere de nosotros, indudablemente es mejor de lo que nosotros mismos podemos desear, pero eso que Dios quiere de nosotros, no se realizará por el camino de la vanidad y la soberbia, sino como en el caso de José, por el camino del sufrimiento, de la purificación, de la fe, y por el camino del amor, el perdón y el servicio. Acojamos el camino de Dios, si queremos llegar a la medida que Dios nos propone.