I143006a

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La primera lectura de hoy está tomada de los capítulos 41 y 42 del libro del Génesis; hay que tener en cuenta la estructura de este primer libro de la Biblia, los primeros 11 capítulos se centran en una descripción fundamentalmente teológica del origen del universo, no simplemente el origen de la materia sino también el comienzo de la presencia del pecado en nuestra vida y el comienzo de nuestra esperanza de salvación. A partir del capítulo 12 y hasta el final, el Génesis nos cuenta la historia de los patriarcas, empieza por el ciclo de Abraham en el capítulo 12 con aquellas palabras cuando Dios le dice a Abraham: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré” (Gn 12,1). Después de Abraham, se habla de Isaac, aunque brevemente y luego viene el ciclo de Jacob, todas aquellas astucias de la mamá de Esaú y de Jacob que conduce a una división entre estos hermanos, por eso Jacob tiene que irse de la casa, luego regresa y se dá una reconciliación entre ellos; Jacob tiene al final 12 hijos quienes son los que dan los nombres a las 12 tribus de Israel.

Esta historia de Jacob de alguna manera se prolonga en la historia de uno de sus hijos llamado José y de este José es de quien nos habla la primera lectura de hoy. Lo notable en esta historia de José que va a tomar prácticamente todo el final del libro del Génesis, es que nos describe de un modo precioso, sumamente pedagógico lo que significa esa palabra “providencia”, la providencia de Dios. En la historia de José, hijo de Jacob aparecen multitud de desgracias pero también, aparecen multitud de dones; las maravillas de Dios y las miserias humanas se entretejen en la historia de José, por eso considero que es tan valioso este relato, porque en la vida de cualquiera de nosotros solemos encontrar de las dos cosas, solemos encontrar prodigios del amor de Dios pero también encontramos mezquindad, egoísmo, envidia, impureza, mentira y lo que mejor nos enseña la historia de José es cómo en medio de esas miserias humanas Dios sigue obrando, como dice el refrán popular: “Dios escribe derecho en renglones torcidos”. Los renglones torcidos son nuestras miserias, incoherencias y pecados. Ese lenguaje derecho, esos planes de justicia y santidad que Dios escribe en nosotros son sus maravillas. Por ejemplo encontramos que los hermanos de José le tienen una envidia terrible, primero piensan matarlo, luego finalmente se deciden en venderlo como un esclavo para Egipto; pero en Egipto no sólo José recibe una tremenda bendición, hasta el punto de ser algo así como el ministro del interior y economía del faraón; sino que este hombre es también causa de bendición para los mismos hermanos que lo habían vendido. Es decir que José tiene oportunidad de lo que podríamos llamar una venganza santa y esta expresión casi no la debería pronunciar, porque la venganza en la que solemos pensar es pagar un mal con otro mal, en cambio esta especie de venganza santa es devolver un bien inmenso por el mal que aquellos hermanos le habían querido causar a José, porque es José en Egipto quien va a lograr que su propia familia, quienes lo han lastimado, logren sobrevivir en tiempos de espantosa escasez.

Lo anterior nos demuestra la providencia de Dios, que estéril quejarse en tiempos que no comprendemos lo que Dios está haciendo, casi podríamos decir que es normal no entenderle a Dios; pero aquel que sabe perseverar y sembrar con paciencia un día podrá decir: “para esto me envió Dios a Egipto”; este es el bien que se escondía tras la amargura y la dificultad de aquello que me parecía tan desgraciado y tan terrible. Que el ejemplo de José nos alienta a permanecer fieles en la voluntad y el querer del Señor, aún en medio de las pruebas.