I141002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990705

Título: Cuando llega la visita de la gracia

Original en audio: [16 min. 13 seg.]


El hermoso sueño que tuvo Jacob, -"Ángeles que subían y bajaban, y Dios mismo al final de esa escalinata" Génesis 28,12-13-, le abrió a Jacob el misterio de su camino.

¿Por qué estaba Jacob en camino? Él iba huyendo. Iba huyendo, porque con el beneplácito y la complicidad, diríamos, de Rebeca, había sonsacado bendiciones y primogenitura a su padre, Isaac.

Desde luego, esto no le había gustado ni poquito al que tenía el derecho primero sobre esas bendiciones, es decir, a Esaú. Por tanto, Rebeca, que evidentemente tenía preferencia por Jacob, lo pone en camino, lo empaca rapidito, lo manda al desierto, y Jacob sale huyendo.

Hasta ese instante, lo que tenemos es, que la preferencia, casi me atrevo a decir, el capricho de Rebeca, ha sido el protagonista de la huida del camino de Jacob.

Jacob es en ese momento un fugitivo, que huye de un peligro. Y Jacob es en ese momento un fugitivo, porque los caprichos, las preferencias, los gustos de la mamá, lo han puesto en esa historia.

Es decir, que hasta este sueño, hasta el sueño de la escalinata, Jacob podía leer su vida como el resultado de afectos, gustos, caprichos, reyertas, aversiones humanas.

Hasta este punto, hasta este sueño, Jacob lo que siente, es: "Mi mamá me quiere, y mi hermano me odia. Mi mamá me prefiere, pero mi hermano no puede verme. ¡Me voy! ¡Desaparezco!"

Él no está haciendo un camino para Dios, ni un camino hacia Dios. Él está haciendo un camino de huida de los hombres. Sin embargo, se encuentra con este sueño, que más allá de los planes humanos, más allá de las simpatías y de las aversiones humanas, era Dios mismo el que tenía un plan.

Dios le cambió el caminado; no le cambió el camino. Mas, sí le cambió el caminado a Jacob. Jacob siguió su camino, pero ya caminaba de un modo distinto.

Porque, ahora ya sentía que su camino no era huir del peligro, sino acercarse a su Señor. No era seguir los caprichos de la mamá, sino la voluntad de su Dios. No era complacer a los corazones humanos, sino agradar al Señor, el que había hecho alianza con su padre, Isaac, y con su abuelo, Abraham.

Pensemos en lo que esto significa para nuestras vidas. También nosotros estamos sumergidos en mares de simpatía y de antipatía. En nuestras vidas ha habido "Rebecas", es decir, aquellas personas a las cuales sin hacer nada, como que les hemos caído muy bien. Y también ha habido "Esaúes", -¡qué plural tan feo!-, que nos detestan.

Y uno puede pasar su camino por esta tierra entre las olas de la simpatía y las olas de la antipatía. Uno puede andar por esta tierra así: acumular algunos bienes y dar vueltas por el mundo, solamente sintiendo que hay olas a favor y hay olas en contra. Esa es la versión humana, demasiado humana, meramente humana de nuestra vida.

Jacob recibió en sueños la visita de estos Ángeles y una contemplación de la gloria y la majestad de Dios. Descubrió, que en ese camino de antipatías y simpatías, había también un querer divino.

¡Bendito sueño este! Sueño que nosotros necesitamos, porque, pasarse la vida entre las simpatías y las antipatías, es pasarse la vida como un fugitivo, tratando de no desagradar a unos y tratando de no perder la amistad con otros, tratando de caerle bien a éstos y de no caerle mal o peor a los otros.

¡Qué triste es la vida así! Es vida de fugitivos, es vida de errantes. Pero, cuando llega el sueño de Jacob, es decir, cuando llega la visita de la gracia, la mirada cambia. Aunque uno siga haciendo el mismo camino, como Jacob siguió haciendo su mismo camino, ya uno tiene un caminado distinto, ya uno avanza de otra manera.

¡Las simpatías y las antipatías! Esaú y Rebeca estarán siempre en nuestra vida. Lo importante es encontrar, lo importante es descubrir esa voz de Dios.

Porque en esa voz de Dios entendemos, que por encima de los afectos o de los odios de los seres humanos, por encima de su acogida o de su rechazo, es Dios el que está marcando el camino, es Dios el que está mostrando el "para qué", el sentido de nuestro avanzar.

Jacob recibió este mensaje en sueños. ¿Y qué hizo Jacob para recibir este mensaje? ¡Nada! "Salió Jacob de Berseba en dirección a Jarán. Casualmente, llegó a un lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol" Génesis 28,10-12-. Toda la escena es perfectamente natural. Jacob, en cierto sentido, no le estaba pidiendo a Dios esta luz. No obstante, Dios se la concedió.

Esta es la imagen que la Biblia utiliza para mostrar lo que significa la palabra "gracia". "Gracia" es aquello que uno no compra, no adquiere, no merece. "Gracia" es aquello que llega como puro regalo, como este sueño que Jacob tuvo. Las gracias no se pueden comprar, no se pueden negociar. Sin embargo, sí se pueden pedir, como hizo el mismo Jacob.

¡Jacob, príncipe de negociantes, ciertamente! "Si Dios está conmigo y me guarda en el camino, entonces el Señor será mi Dios" Génesis 28,20, dice él. Jacob pide guarda para el camino, pero lo pide después de haber recibido esta gracia.

Resumamos, pues, esta primera enseñanza, diciendo: La gracia de Dios cuando nos visita, nos levanta por encima de las simpatías y las antipatías, los afectos y las aversiones, y muestra que nuestro camino tiene sentido, más allá de lo que digan los demás, de lo que digan o contradigan los demás.

Nosotros no podemos arrancarle a Dios esta revelación, pero podemos pedírsela, porque es un regalo. Como hijos confiados, podemos rogarle: "¡Muéstrame el camino, Señor! ¡Muéstrame tu senda!"

Eso es posible decir. Pero, hay otra súplica. Muchas veces no es, "muéstrame tu senda", sino, "muéstrame tu presencia en mi senda". Porque, no todas las veces Dios le tiene que cambiar a uno el camino. Yo insisto, hay veces en que hay que cambiar es el caminado.

Va uno, dado el caso, por la vida consagrada: "¡Señor, muéstrame tu camino!" Ya está el camino: la vida consagrada. "¡Ah! Entonces, muéstrame cómo tengo yo que caminar" Es algo distinto.

A veces hay que pedirle a Dios que le muestre a uno el camino, y a veces hay que pedirle a Dios que le cambie a uno el caminado.

Intentemos con la bondad del Espíritu Santo, sacar una segunda enseñanza de las palabras que Dios le dice. Son largas las palabras que le da Dios en este sueño: "El Señor estaba en pie al final de la escalinata, y dijo: Yo soy el Señor, el Dios de tu padre, Abraham, y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado, te la daré a ti y a tu descendencia" Génesis 28,13.

"Tu descendencia se multiplicará como el polvo de la tierra. Todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya. Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas y te volveré a esta tierra. No te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido" (véase Génesis 28,14-15).

¡Qué palabras tan grandes! ¡Qué regalo espléndido el que le da Dios a Jacob! Tres cosas le dice: "Soy el Dios de tus padres, estoy contigo, y cumpliré las promesas" Génesis 28,13;Génesis 28,15.

¡Tres cosas inmensas! ¡Tres regalos gigantescos para Jacob! "Soy el Dios de tus padres, yo estoy contigo, y cumpliré mis promesas" Génesis 28,13;Génesis 28,15.

Apliquemos esas palabras también a nosotros. ¿Qué significa que Dios sea el Dios de nuestros padres? Significa que lo que Dios hizo con ellos, lo puede hacer con nosotros. Como le decía a Santa Catalina de Siena alguna vez: "No soy menos Dios ahora que lo era antes. Soy el mismo; tengo el mismo poder".

La dureza del camino, las circunstancias en las que estaba Jacob, le podían hacer sentir que él no tenía los mismos derechos de sus antepasados. ¡Qué tal ese plan en el que estaba! ¡Con una bendición robada, con una primogenitura estafada, corriendo para que el hermano no se vengue de él!

¡Era difícil creer en la bendición de Dios ahí! Las circunstancias de Jacob hacían que él no pudiera fácilmente creer en las promesas antiguas. Pero, Dios le manifiesta toda su gracia, como diciéndole: "Mira, no es por lo que tú hayas hecho; no es por lo que tú hayas dejado de hacer. Es por lo que yo hago, y es por lo que yo voy a hacer".

Esa es la palabra que uno necesita escuchar muchas veces. Porque, así como Jacob en su pasado tenía las escenas vergonzosas de haber robado esa bendición y esa primogenitura, así como Jacob tenía en su pasado esos lunares, esas manchas, cada uno de nosotros en su propio pasado tiene cosas que le avergüenzan.

Pero, viene Dios a decir: "Soy el Dios de tus padres" Génesis 28,13, como manifestando: "El que está ahora contigo, es el mismo que estuvo con ellos". Y como diciendo: "Tu pasado lo conozco, lo sé y no me frena. Tu pasado te puede frenar a ti; tu pasado no me frena a mí".

¡Cuánto necesitaba Jacob escuchar estas palabras, y cuánto necesitamos oírlas nosotros! A nosotros nos ata demasiado el pasado. Sabemos que Dios puede perdonar, sabemos que Dios perdona, sabemos que tenemos que perdonarnos.

Seguramente nos hemos perdonado, pero todavía no nos brotan las alas. Todavía no salen las alas majestuosas para el camino nuevo que Dios quiere de nosotros.

Somos tímidos para pedir, somos mezquinos para esperar, somos pequeños en la esperanza, diminutos en la esperanza. El último coletazo del pecado es ése, dejarle a uno la esperanza de este tamaño.

Después de que ya a uno Dios lo ha perdonado, después de que uno ya se ha perdonado a sí mismo, después de que todos los perdones están dados, sin embargo, la esperanza sigue tamaño lenteja. Y por eso, se necesita que aparezca Dios para decir: "Sé quién eres, estoy contigo, y soy el mismo que estuvo con tus padres. ¡Soy el mismo!"

Con estas palabras, Dios estaba levantando la esperanza de Jacob. Este hombre, por allá en un peladero, dormido sobre una piedra, huyendo del hermano, con un futuro incierto, escucha esta palabra: "Yo estoy contigo, yo voy a cumplir las promesas" Génesis 28,15.

"A ti te puede parecer difícil. A mí nada me parece difícil. No hay nada que sea imposible para mí".

La segunda enseñanza, entonces, para nuestras vidas, podría ser ésa. ¡Cuánto nos está atando el pasado! ¡Cuánto! Ya estamos perdonados y ya cumplimos la penitencia después de confesarnos, pero, ¡cuánto nos ata todavía el pasado!

"¿Qué pasa que no te brotan las alas? Estás hecho para volar; tú lo sabes. En el fondo de tu corazón hay algo que arde cuando ves, en las alturas y en las cumbres, águilas majestuosas que se deslizan ante la mirada de Dios".

"Y tú sabes que estás hecho para esas alturas, y sabes que las alturas de la amistad divina, de la santidad, son para ti. ¡Tú sabes que son para ti!"