I136002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20090704

Título: Como la evangelizacion quimicamente pura no existe, asumir que a traves de la mediocridad humana, el Evangelio sigue su camino y Dios hace maravillas.

Original en audio: 11 min. 27 seg.


Hermanos:

Vamos a tomar algunas enseñanzas de las lecturas de hoy, porque han sido pronunciadas, han sido leídas para nuestro bien, para nuestro provecho.

En la primera lectura creo que le queda a uno una sensación de fastidio: se trata de una serie de pecados que llevan sin embargo a la transmisión de la bendición divina.

Es enojoso, es fastidioso, porque, a ver cuántos pecados hay ahí: Rebeca oyendo conversaciones que no le correspondían; resulta demasiado comunicativa, chismosa, fisgona. Luego, ella evidentemente tiene acepción de personas, tiene preferencias: ella quiere que se quede con la bendición Jacob.

Después, Jacob es cómplice de la misma historia y miente varias veces, miente descaradamente, miente en la cara de su padre que además es ciego. Y en esa mentira existe también una especie de robo, el robo de la bendición y el robo de la primogenitura. La historia terminó felizmente en que quedó bendecido, y uno queda disgustado.

Si en esa época hubiera habido Derecho Canónico, lo que hubiera sucedido es que los canonistas hubieran dicho: "Mira, ahí no sólo hay ilegalidad sino invalidez. Éso no sólo es ilegal; es inválido y por consiguiente no se ha hecho nada; se deshace lo que nunca se hizo y se procede según derecho".

Resulta extraño, resulta fastidioso éso de que a través de trucos y a través de la imperfección, de la mediocridad de seres humanos, se originen historias tan hermosas, historias tan bellas.

Yo creo que todos quisiéramos que la historia del Evangelio y la historia del amor de Dios en esta tierra fuera una historia luminosa, diamantina, diáfana, perfecta, purísima.

Pero, luego, si nos vamos al Nuevo Testamento, encontramos que esta clase de problemas no sólo existe en el Antiguo Testamento sino también en el Nuevo; y no sólo entre los precursores del Mesías, sino también entre sus discípulos.

Por ejemplo, en algún pasaje dice el Apóstol San Pablo: "Hay quienes predican por vanidad. Pero, bueno, al fin y al cabo Cristo es predicado y con esto me contento yo" (véase Carta a los Filipenses 1,15-18).

Es decir, Pablo se da cuenta de que hay gente que está evangelizando con un espíritu de competencia; en particular, "por ganarle", entre comillas, al mismo Pablo.

Y si vamos a la historia de la Iglesia, entre comunidades religiosas ha habido esa clase de tensiones. Nada más pisar el suelo de España, ya alguien me estaba echando algún apunte sobre jesuitas y dominicos.

Y los chistes no acaban nunca. Además. no puedo yo decir aquí ninguno, porque todos los que me sé sirven para que quedemos bien los dominicos, y no sería justo.

Entonces, esa competencia, -porque la ha habido; éso es real-, se da entre comunidades religiosas. Y entre movimientos eclesiales también se producen todo tipo de cosas: "-Que nosotros sí nos dejamos llevar por el Espíritu". "-Lo que sois es unos desordenados, unos improvisados".

Ahí hay competencia entre los movimientos eclesiales, que quieren tenerlo todo muy claro, que quieren tenerlo todo en orden, que van edificando a su propio estilo y a su propio aire.

Y los otros que solemos ser nosotros, que somos así un poco folclóricos, un poco "vamos por libre", tanto que por éso nos pasan las cosas que nos pasan.

Voy a echar un chiste que no tiene nada que ver con esta asamblea: "nada, nada". En Estados Unidos se organizó un congreso de perezosos, -"no tiene nada que ver; mire, nada"-, un congreso de perezosos, pero nunca se pudo celebrar, porque lo estaban aplazando y aplazando.

Así también nosotros a veces somos víctimas de nuestra espontaneidad: queremos ser al mismo tiempo perfectamente espontáneos, pero que en la organización nada falle.

¿A dónde voy con estas historias? Voy a una verdad teológica muy importante, y es que la evangelización químicamente pura y la transmisión químicamente pura de la gracia no existen.

Es decir, no son solamente los pecados de Rebeca, de Jacob; no es solamente la ceguera de Isaac, o la tristeza dolida y envidiosa de Esaú; no es solamente una historia del Antiguo Testamento. Es que siempre la bendición de Dios va como en la Parábola del Trigo y de la Cizaña.

Siempre sigue siendo cierto, que cuando pretendemos arrancar toda la cizaña para tener el movimiento apostólico químicamente puro, el sacerdocio perfectamente celebrado, el ministerio de evangelización que es completamente fiel a la Iglesia, el representante único de los cambios del Vaticano Segundo o del espíritu del Concilio, cada vez que buscamos éso que está destilado y vuelto a destilar, y es perfecto y químicamente puro, lo que terminamos es convirtiéndonos en jueces que paralizan la obra de la gracia.

Dicho de otra manera: Tenemos que asumir que a través de mediaciones imperfectas y mediocres, el Evangelio sigue su camino porque es más grande que nosotros.

Por algo dice la Primera Carta de Juan: "Dios es más grande que nuestra conciencia" (véase 1 San Juan 3,20). Así también podría decir: "El tesoro de la gracia es más grande que las vasijas de barro que lo contienen".

Y de aquí sacamos ya una aplicación para nosotros. En vez de enredarnos en las imperfecciones humanas, tenemos que asumir un poco sobre la marcha lo que somos, con lo bueno y con lo malo, y buscar en todo, hasta donde nos es posible, que brille la gloria del Altísimo, que brille el amor de Dios.

No vamos a encontrar el movimiento apostólico químicamente puro, la comunidad religiosa completamente inmaculada, el perfecto representante de la tradición en la Iglesia, aquel que es destinatario único de los dones del Espíritu. Esas cosas no existen.

Los que existimos somos nosotros, seres humanos con una historia, con motivaciones muchas veces mixtas. Una persona que puede hablar de motivaciones mixtas soy yo. Porque, en mi propio corazón he encontrado muchas veces éso: ¿Cuánto de mi amor por la evangelización es amor a Cristo y cuánto es que me guste que la gente me escuche? No lo podrá terminar de discernir uno nunca.

Un sacerdote, por ejemplo, que es celoso en su parroquia y en el servicio a los fieles, ¿cuánto es adoración al misterio de Cristo y cuánto es que también le saca un pequeño gustillo al asunto del poder?

No existe la línea perfectamente demarcada donde uno dice: "Aquí termina todo lo humano y aquí empieza todo lo divino". ¡Éso no existe!

Y en los grupos de oración pasa lo mismo: ¿Cuánto es celo por la gracia y cuánto es protagonismo nuestro? Éso no se puede resolver. ¿Cuánto es, "amo el don del Espíritu Santo" y cuánto es, "me encanta estar con estos amigos"?

Es muy difícil trazar la línea y decir: "Mira, hasta el milímetro cuarenta y dos punto cincuenta y ocho es amor que le tienes al Espíritu Santo; a partir del cuarenta y dos punto cincuenta y nueve ya es pura motivación humana". ¡Éso no existe!

Entonces, la moraleja que sacamos para nuestro tema de la evangelización es: "No podemos enredarnos más de la cuenta tratando de trazar esas líneas y decir: "Hasta aquí llega lo únicamente humano y aquí empieza lo únicamente divino".

Más bien lo que ha querido Dios es asumir este barro que somos nosotros, con todas estas miserias, con estas ambigüedades que tenemos.

Después de unos años de sacerdocio, que en mi caso ya van siendo diecisiete, lo que yo he visto es que nosotros, evangelizadores, predicadores y sacerdotes, tenemos en el corazón muchas cosas a la vez: muchas cosas y no todas son de Jesús; no todas son bellas, no todas son humildes, no todas son puras, no todas son...

Y sin embargo, en medio de ese barro que yo soy y seguramente son también mis hermanos en el ministerio, en medio de ese barro Dios hace maravillas.

Si del barro sacó a Adán, si de la nada creó el Universo, si de los pobres de Yahvé saca al Emperador y al Rey de todas las edades que es Cristo, pues, Él también puede tomar éso que nosotros somos, valerse de ésto y de nuestra pequeñez, de nuestros grupos, de nuestras asambleas, y en medio de esa ambigüedad ir haciendo maravillas.

Pero, la ambigüedad no durará para siempre. Llegará un momento en el que todo estará limpio, pero será limpiado por la Sangre del Cordero, en el que todo sea purificado en esa Sangre y podamos tener la túnica definitiva.

Mas, éso existe únicamente ahí donde está el Apocalipsis, ahí cuando llegue Apocalipsis Siete, cuando nos podamos levantar y podamos cantar la victoria de nuestro Dios. Ahí, lavados por la Sangre de Cristo, podremos decir: "¡Ahora sí! Ahora sí Dios es todo en todos".

Antes de éso, un poco de paciencia en medio de la ambigüedad, espíritu de conversión permanente, no enredarse demasiado con la propia humanidad y la de los demás. ¡Y adelante que hay mucha tarea por hacer!

Amén.