I135003a

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Fecha: 19970704

Título: Encuentro de miradas

Original en audio: [23 min. 40 seg.]


Amados Hermanos:

Las lecturas de hoy nos presentan encuentros de miradas. ¡Qué hermosa escena cuando Isaac levanta sus ojos y se encuentra con los ojos levantados de Rebeca!

Rebeca pudorosa, modesta, se cubre el rostro a la usanza de los orientales, y prepara así ese rostro para darle sorpresa y amor a su amado, a Isaac.

Es una mirada es una mirada doble. Es una doble mirada la de él para ella la de ella para él ¿Qué tienen los ojos de Isaac? Tienen el recuerdo de la mamá que ha fallecido, Sara, la esposa de Abraham.

Los ojos de Isaac tienen ese recuerdo; los ojos de Isaac tienen cariño, tienen amor. El amor que tienen los ojos de Rebeca, y, ¿qué tienen los ojos de Rebeca? Rebeca es de la misma tierra y de la misma parentela de Abraham; Rebeca también viene de la tierra de los caldeos de donde salió Abraham.

Esa era la tierra idolátrica, la tierra que tenía muchos bienes, pero que no conocía a Dios. ¿Qué le pide Isaac a Rebeca? Amor y compañía; ¿qué le pide Rebeca a Isaac? Una promesa, un destino.

Por eso quiso Abraham que cuando le fueran a buscar esposa a su hijo Isaac, se la buscaran allá en Caldea. Abraham no quiso una mujer cananea, aunque estaban en Canaán, ni tampoco quiso que su hijo se devolviera a Caldea para tener una mujer caldea; quiso que hubiera una mujer que saliera de Caldea y que recorriera el camino que ellos habían hecho.

Una mujer que fuera primero seducida por Dios, una mujer que le creyera primero a Dios. Y esta mujer fue Rebeca.

Y una mujer que escuchó una palabra semejante a la de Abraham y que se puso en camino como Abraham; una mujer con una experiencia de fe como la de Abraham, como la de Sara; una mujer que lleva en su corazón una experiencia como la de Sara. Esa es la mujer que tiene ojos para Isaac.

¡Y cómo termina de hermoso el relato! "Isaac la amó, la amó mucho y se consoló con el amor de ella" Génesis 24,67.

Este relato hermoso tiene una versión muy diferente en el Evangelio. Esta vez también se trata de amor y de amor fuerte, de amor vigoroso de amor que hace poner en camino, pero no es el amor de una pareja. ¡Es el amor del Salvador! ¡Es el amor de Jesucristo!

También aquí tenemos unos ojos, los de Cristo” y otros ojos, los de Mateo, y se cruzan también estas miradas, la mirada de Cristo y las mirada de Mateo.

Cristo, el hijo de Dios, como hijo de Dios lo tiene todo, y sinembargo parece un mendigo por esas calles, es un pobre a quien no se le puede ni siquiera cobrar los impuestos. Jesús es un rico que parece pobre, es un pobre que enriquece, ese es Jesucristo.

Mateo, por su parte, tiene un oficio en el cual le es posible recoger mucho dinero como publicano. Tiene la posibilidad de recoger dinero y se ha hecho rico de bienes de esta tierra, pero es un rico que parece pobre.

Cristo es un pobre que enriquece y Mateo es un pobre que parece rico. Realmente, los que se encuentran son: un rico que parece pobre, que es Jesucristo, y un pobre que parece rico, que es Mateo.

Esa es la mirada que se encuentra. Jesús que trae la dádiva del Cielo; Mateo que conoce los bienes de la tierra; Mateo que no le puede cobrar a Cristo, que no le puede pedir a Cristo el impuesto, pero sí le puede pedir a Cristo la vida y eso es lo que Cristo le regala a Mateo.

Cristo le abre un horizonte a Mateo, un horizonte con una sola palabra: "¡Sígueme! San Mateo 5,9; una palabra suficiente para abrirle un camino, para abrirle un horizonte a Mateo.

La Primera Lectura nos ha hablado de un amor de pareja y el evangelio nos ha hablado del amor de Cristo Salvador, pero hay un parecido entre el amor de la pareja y el amor de Cristo Salvador.

Así como Isaac tiene un futuro, tiene una promesa para darle a Rebeca; tiene un camino para ofrecerle a ella, así también Cristo hace el papel del esposo aquí, y el alma humana hace el papel de la esposa aquí.

Hay que recibir la voz de Jesucristo como la novia se enamora de su novio, como la esposa amada escucha la palabra del esposo amoroso. Hay unas bodas que se celebran entre Cristo y el corazón humano.

El que no sabe de las bodas de Jesucristo con el alma, mal puede vivir la unión del hombre y la mujer. Si el alma del hombre y el alma de la mujer, si esas almas, saben escuchar a Cristo, entonces entienden de amores como se entendieron en amor Isaac y Rebeca.

Pero si falta ese lenguaje de amor, ningún otro lenguaje lo puede reemplazar, aunque haya conveniencia, aunque hay acuerdos, aunque haya placer. Recibir la voz de Cristo como la voz del esposo.

Las mujeres que estén aquí probablemente pueden entender más fácilmente estas palabras, es más fácil para una mujer entender el lenguaje del esposo, tal vez. A nosotros los hombres nos puede costar un poco más de trabajo.

Pero si el hombre no conoce la potencia de la palabra que enamora, de la palabra de Cristo que enamora; si el hombre no ha sido seducido y enamorado por la palabra de Cristo Dios, el hombre se va a creer un dios y va a pretender no compañía, amor, apoyo, complemento, sino va pretender ser idolatrado, ser servido como si fuera un dios, y esta es la muerte del amor de la pareja.

Es necesario que el hombre, siendo bien hombre, ¡sepa postrarse, sepa escuchar, sepa dejarse enamorar por la palabra de Cristo!

Cuando la palabra de Cristo “esposo” tiene poder en el corazón masculino, el corazón masculino sabe también cómo amar a la mujer. Si falta esa palabra de Cristo, si falta esa seducción de Dios en el alma, mucho me temo que el hombre se crea un pequeño dios, con las consecuencias destrozas que esto trae para la pareja.

Y si la mujer no conoce esta voz de Dios, si la mujer no está primero seducida por Dios, si no está cautivada por Dios, tampoco sabrá lo que es descubrir un destino, su verdadero destino.

¡Mujer, a ti no te hizo tu esposo, a ti no te hizo tu marido, o tu novio, o tu amante, si eres hechura de Dios, Dios es el que tiene el plan para ti; si tú no descubres primero el plan de Dios, ningún destino de ningún hombre, será felicidad para ti!

La mujer necesita tener un norte en Dios para que la palabra, quizá amable, quizá cariñosa del hombre no se convierta en un engaño para ella. ¡Cómo es de necesario que esté Cristo en la vida, cómo es de necesario que Cristo tenga autoridad y haya seducido los corazones del hombre y de la mujer; cómo es de necesario! Por eso en la Iglesia católica, la espiritualidad más delicada, pero también la más expresiva es la espiritualidad esponsal.

La manera más delicada, pero también la más profunda y diciente para referirnos al amor de Dios y a la historia de nuestra salvación es el amor de la pareja, ¡es el amor esponsal!

Cristo en esta vida no tuvo mujer, pero Cristo no canceló sus bodas, ¡las aplazó! Cristo es el novio. Cristo es el que tiene la capacidad maravillosa de enamorar y el que no haya sentido la seducción de Jesucristo, qué mal podrá entender de amores humanos.

Según hemos hablado, tanto del hombre como de la mujer, es necesario sentir la seducción de Cristo. Una mujer que tenga la seducción de Cristo en su alma, tiene ya un destino, tiene un camino, y si llega un hombre a su vida, no le llega un dios

¿Qué es el hombre? El varón, el varón en la vida de una mujer que ha sido seducida por el amor de Jesucristo es un instrumento, es un camino, es un representante, es un embajador. Esto lo dice claramente San Pablo cuando compara al hombre y a la mujer con Cristo y la Iglesia.

Es un representante ¡Qué bello es el matrimonio así, qué hermoso! Cuando ella sabe ¿qué esperar de él, ¿cómo quererlo, ella espera con su mirada, con su corazón realizar el misterio de Cristo en ese hombre.

Esto sólo será posible si este hombre conoce de Cristo. O sea que estas palabras valen para gente que cree, yo no respondo por los matrimonios donde no hay fe, por los matrimonios donde Cristo nunca ha aparecido; yo no respondo, y no creo que pueda suceder nada distinto de engaño, dolor, fraude tortura, rencor, ¡nada distinto!

Descubrir la seducción de Jesucristo, sentirnos cautivados por Cristo, ¡qué hermoso es! El día del matrimonio cristiano, ¡qué hermoso que ella pueda sentir, en el día de su matrimonio, que toda la Iglesia se condensa en ella! Y ¡qué hermoso que él pueda sentir, en el día de su matrimonio, que él es imagen viva del final de la historia humana!

La última escena, mis amigos, la última y más hermosa escena de la historia humana va a ser un matrimonio. Entonces entenderemos que Cristo “no canceló sus bodas, ¡las aplazó!

Y esa boda maravillosa de Cristo, Esa boda lindísima de Cristo ¡Es la que PApá Dios ha estado preparando! ¡Cómo es de lindo ¡ Papá Dios,, le preparó la boda a su hijo! ¿No te parece hermoso? Cuando piensas que Abraham le preparó la boda a Isaac, ¿no ves tú una imagen lindísima en eso?

De la misma tierra, del mismo lugar donde había salido Sara, de ahí quiere que salga Rebeca. Sara es como imagen de la vida natural; Rebeca, cautivada por la palabra, es imagen de la vida de la gracia.

De la misma humanidad que viene la vida natural, de esa misma humanidad Dios ha hecho florecer la vida de la gracia, y de ahí sale Rebeca, pero ya no es la Rebeca para Isaac, es la rebeca para Jesús, porque Abraham tiene un hijo que se llama Isaac y Dios tiene un hijo que se llama Jesús.

Abraham preparó la boda para Isaac y Papá Dios preparó la boda para Jesús. Y somos todos nosotros salidos de la misma tierra de donde sale Sara, de donde salió la vida natural.

Todos nosotros, seducidos por la palabra de la promesa, como Rebeca, nos hemos puesto en camino, y cuando llega la hora de la Misa, alzamos un poquito los ojos y vemos a nuestro prometido, le vemos, ya no es Isaac, es Jesús, vemos a Jesús, nuestro amado, nuestro prometido.

Jesús Nuestro Señor nos ama y se desposa con nosotros, es lo que sucede cuando nosotros comulgamos. Señal del alma enferma es no tener hambre de la Eucaristía porque la comunión es la sublime unión con el Hijo de Dios.

Si lo quieres mirar de eso modo, la comunión es ya anticipo de la boda, algo así como un beso, pero beso que ya es comienzo, beso que ya es realidad. Así como los novios se dan besos, pero les toca suspender, así también nosotros recibimos besos que no deberían suspenderse, uno debería pasar de la comunión a la eternidad.

Hay unos pocos santos que han tenido esa dicha, como la beata Imelda Lambertini, que cuando comulgó se murió. Así debería pasarnos a nosotros, debemos comulgar y morirnos, de modo que cuando se celebrara la Misa, hubiera una cantidad de gente dispuesta a recoger los muertecitos.

Los que ya se fueron, ya se fueron para la eternidad, ¿y de qué se murió? ¡De un beso! Esos sí se murieron de amor. Somos Rebeca. Estamos saliendo de Caldea, y a lo lejos, desde lejos, Isaac, el hijo de Abraham. ¡NO! Jesús, el Hijo de Dios, a lo lejos nos ve.

¿Por qué de lejos? Porque Isaac se quedó con Abraham, porque Isaac está en casa de Abraham, como Jesús está en la casa de Papá Dios, está en los cielos. Y desde lejos Jesús nos saluda, y nosotros le vemos, y nos da pena ser amados por un amor tan grande.

Rebeca salió de tierra de idolatría como nosotros venimos de historia de pecado, hemos salido de historias de pecado y el primero de esa tierra, de esa Caldea, de esos pecados. Hemos salido de esos pecados, hemos salido, y nos da pena y nos cubrimos el rostro porque no somos dignos de esos ojos y de esos besos.

Así miramos a Jesús y nos gozamos en Él. Un día ya no habrá que avergonzarse, un día ya no habrá que taparse el rostro, un día, que habrá de llegar, Jesús podrá abrazarnos, podrá darnos de su amor, podrá darnos todo su amor. Ese será el final de la historia.

Y por eso la Iglesia, así como hay hombres y mujeres que manifiestan este misterio en santo matrimonio, así también hay otras personas que, cautivadas por un amor secreto, como imposible, sienten que tienen que reservarse para Dios.

Y, en su espera y en su reserva son como una imagen de esa Rebeca que ya ve a su amado, pero que todavía se cubre. Este es el sentido de la vocación virginal en la Iglesia.

Tampoco las vírgenes cancelan el matrimonio, lo aplazan. Es una gracia, que Dios se digne perfeccionar en la Iglesia, una gracia bellísima, cada virgen consagrada, cada hombre y cada mujer.

Aunque la vocación virginal se entiende más fácilmente en las mujeres que se consagran virginalmente para Cristo, se convierte como en un recordatorio para toda la Iglesia. El maravilloso recordatorio de la que la boda está por celebrarse y de que Isaac apenas está a la vista, apenas hemos visto por qué levantó los ojos.

Fíjate la belleza, cómo la vocación matrimonial se explica por la vocación virginal y la vocación virginal se explica por la vocación matrimonial.

Pero en los matrimonios de esta tierra hay errores, y en los vírgenes y en las vírgenes de esta tierra también hay errores, pero esos errores no son más grandes que Caldea. ¡Y de esa Caldea también nos va a sacar Dios y nos llevará en sus camellos para que le veamos a lo lejos y para que un día nos abrace y nos bese!

Amén.