I123001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970625

Título: Vivir sabiamente es como vivir con los ojos de la eternidad Original en audio: [3 min. 41 seg.]


La palabra que nos dice el Señor Jesucristo en el evangelio nos invita, entre otras cosas, a mirar nuestra propia vida y a mirar cuál es nuestro fruto. Una manera de hacer este ejercicio es imaginarse uno que ya ha muerto. La muerte, el pensamiento de la muerte hecho así con sosiego y en la presencia de Dios, es sumamente provechoso para mejorar la vida, cuál ha sido el fruto de la vida, cuál ha sido el resumen de la vida, qué vida se ha llevado y cómo se ha llevado esa vida.

Por este camino puede uno examinarse y aplicarse este evangelio. Este pensamiento de la muerte ayuda a relativizar muchas cosas que a uno le parecen muy graves y que de pronto no lo son tanto. Pensemos en el pasajero que va en un avión y está disgustado porque el tinto que le trajeron se lo trajeron sin azúcar, y está en ese disgusto cuando le cuentan que el avión está para caerse, ¿quién vuelve a pensar en el tinto?

Algo parecido le sucede a uno: uno le da demasiada importancia a cosas que son como el tinto en el ejemplo del avión: una pequeña dificultad que se tuvo con algún hermano o con alguna hermana, alguna tentación que parece insalvable, un mal recuerdo, ¿qué pensaríamos, cómo miraríamos estas realidades, cómo miraríamos esto en el momento de la muerte?

De manera que vivir sabiamente es vivir como con los ojos de la eternidad, con los ojos de la muerte.

Y lo resumía aquel sabio predicador, San Agustín, cuando decía: "¿xxxxxxxx ad aeternitatem?" ¿Qué es esto ante la eternidad? ¿Qué hay de aquí hasta la eternidad? Con ese pensamiento uno puede revisar su propia vida y puede ir viendo qué frutos está dando.

Aplíquese lo mismo a las lecturas que uno hace, a las amistades que uno cultiva, a la manera de aprovechar el tiempo; aplíquese lo mismo a los sentimientos que uno deja pasear por el corazón, a los proyectos en los que se embarca; aplíquese lo mismo, en fin, a cada cosa que se hace o se dice, y descubriremos cómo, de un texto tan breve, sale todo un manual de vida, de conversión, de santidad.