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De Wiki de FrayNelson
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La primera lectura de hoy está tomada como las de esta semana de la segunda carta de San Pablo a los Corintios. Cuando Pablo escribe a los corintios, una de las grandes preocupaciones que tiene es por el futuro de esa comunidad; Pablo ha tenido que trabajar duramente por los cristianos de la ciudad de Corinto y se da cuenta que todo ese trabajo, toda esa dedicación está en peligro. Si leemos el libro de los Hechos de los Apóstoles nos damos cuenta que Pablo dedicó más de 18 meses específicamente a esta comunidad, primero sembrando y luego formando, catequizando, corrigiendo, exhortando, enseñando. Pablo tuvo una dedicación llena de ternura y fortaleza por los corintios, pero se da cuenta que después de toda esa labor y ese esfuerzo, el fruto está en peligro porque en Corinto, lo mismo que en otros lugares donde estuvo Pablo, después que él se iba, llegaban otros quienes traían un mensaje diferente para perplejidad y desánimo de Pablo, esos otros parecen que tenían bastante éxito.

La carta de Pablo a los Gálatas refleja muy bien este drama, Galacia es una región de Asia Menor donde Pablo estuvo evangelizando, y después que llegaron otros diciendo a los gálatas: “mira si ustedes no se circuncidan, ni empiezan a practicar la ley de Moisés no van a ser salvos” (Gal 6,12); este grupo de personas que iban como siguiendo los pasos de Pablo y que le iban de una u otra manera arruinando la tarea son conocidos con la expresión de los “judeoisantes”, parecen que tenían una relación estrecha con cristianos de Judea y se presentaban como embajadores del apóstol Santiago el menor, se presentaban para terminar, perfeccionar, mejorar la formación de aquellos cristianos que Pablo había evangelizado con tanto esfuerzo y es ahí donde las cosas se vuelven terriblemente dolorosas, porque cuando hay un gran esfuerzo pero se puede ver el fruto queda ese consuelo, pero cuando una persona como Pablo se ha entregado con esa absoluta generosidad y resulta que todo ese trabajo parece perdido porque luego llegan los otros a confundir, a negar, a distorsionar la enseñanza del Evangelio, parece que todo está perdido. Ese es el drama que nos encontramos en la carta a los Gálatas y es el drama que asoma también aquí en la segunda Carta a los Corintios, especialmente en el capítulo 12.

En este capítulo hay enseñanzas para nosotros porque nos está diciendo que los falsos maestros existen y a veces existen entre aquellos que se quieren presentar como discípulos y testigos de los apóstoles; los falsos maestros existen y hay que estar en guardia contra ellos. De modo que si algún día nos encontramos con un sacerdote o un diácono que está diciendo barbaridades: que no es pecado lo que sí es pecado, que no es necesario la confesión, o que dice que lo mismo da la meditación del budismo que la meditación cristiana, esas personas son herederas de aquellos que trastornaban la fe ya en el siglo primero.

No debemos extrañarnos que estas cosas sucedan ya que han sido anunciadas en la Biblia, se han presentado en todos los siglos; existen también en nuestra época, por lo cual tenemos que aprender a permanecer firmes y que todo lo que trastorna el Evangelio no viene de Dios. Pablo lo dice en un modo más dramático en su carta a los Gálatas, cuando les dice a estos cristianos: “si alguien les va a predicar otro evangelio que sea anatema” (Gal 1,9), es decir maldición cae sobre él; falsos maestros han existido en todas las épocas y con estas palabras tan duras Pablo quiere decir que no vendamos nuestra fe, no la dejemos perder, no nos dejemos confundir. Pablo tiene buenas razones para decirlo porque aprecia la Sangre de Cristo y también le ha costado sangre a él mismo, le ha costado un esfuerzo sublime tratar de lograr ese resultado.

Apreciemos el valor de nuestros apóstoles, apreciemos el valor de la Sangre del Señor y no vendamos nuestra fe a cualquier precio, aunque parezca más cómodo, más fácil, más sencillo e incluso más humano una fe que no exija tanto, no vendas lo que le costó Sangre a Cristo.