I116001a

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Fecha: 19970621

Título: La persecucion interior en el apostol

Original en audio: [9 min. 17 seg.]


La situación de la comunidad de Corinto ha puesto al Apóstol Pablo en un papel polémico. Le ha tocado defender su misión de Apóstol, o mejor, acreditarse como Apóstol, o todavía mejor, dar criterios para discernir qué significa estar en el servicio de Cristo, qué significa, verdaderamente, ser apóstol.

Se menciona alguna de sus experiencias místicas más profundas, como contando, de ese modo, que conoce de esas cosas, y que no son esas las cosas, que a él lo siembran, ni son tampoco las cosas que van a servir de carta de presentación o de recomendación a un verdadero apóstol.

El apóstol se acredita, porque está cerca de la Cruz de Cristo. Y por la discusión que ha venido trayendo, y por lo que nos encontramos en este pasaje, ya sabemos qué significa estar cerca de la Cruz de Cristo.

Significa estar cerca de la persecución exterior y del padecimiento interior; significa estar cerca del rechazo de los hombres y de la falta de fuerzas, del desánimo del alma.

Estar cerca de la Pasión del Señor, significa tener ganas de irse, por la falta de coraje, y no tener quién le reciba, por la falta de acogida.

En fin, por decirlo de una vez, estar cerca de la Pasión de Cristo, es no tener otro soporte, no tener otra fuerza, ni otra vida, ni otro alimento, no tener otro gozo ni otro descanso, que no sea lo que Dios da. Apoyarse sólo en Él: eso es acreditarse como verdadero servidor suyo.

Este camino es muy empinado, este camino es muy estrecho, este camino, indudablemente, nos deja por fuera a todos, o a casi todos nosotros. Y a los que recibe este camino, no los recibe enteros, sino que parece que deja por fuera a cada uno de los que recibe, en casi todo lo que ellos son.

Este es el camino de la áspera purificación, este es el camino de aquel ascenso, el mismo del que Cristo dijo, que era "una puerta estrecha, con la cual, parece, quedarán muy pocos" San Lucas 13,24. Y este es el camino que acredita al verdadero apóstol.

"Si quisiera presumir, no diría disparates, pero lo dejo, para que se hagan una idea de mí, sólo por lo que ven y oyen" 2 Corintios 12,6.

Y comenta, cómo Dios, en su providencia, ha herido la propia carne del Apóstol con algún género de insidia, de tentación, de fragilidad, de debilidad, que él describe como un "aguijón", y que lo describe, también, como un ángel del demonio hincado, acentuado en su propia carne" 2 Corintios 12,7.

A qué se está refiriendo, específicamente, no lo sabemos. Se han dado distintas interpretaciones. Hay algunos que dicen, que ese dolor en su propia carne, tiene que ver con el rechazo de los de su raza, de los de su carne, con los judíos.

Otros piensan que ese dolor, ese aguijón en la carne, se refiere a algo relativo a la pureza o a las tentaciones en contra de la pureza.

Otras personas encuentran, que se refiere, simplemente, a esa debilidad que siente el ser humano al reconocerse, de pronto, tan solo, tan desamparado, tan sin fuerzas, como lo hemos escuchado en otros pasajes de esta misma Carta.

No podemos hacernos una idea completa, de qué se trata. En todo caso, por discursos que conocemos de Pablo, cuando él argumenta sobre su pasado judío, no parece que se refiera, exactamente, a una tentación de orden carnal, en el sentido de la pureza, o de este género de cosas.

Porque cuando él habla de su pasado judío, habla como de uno, que siempre ha sido verdadero y completo cumplidor de la ley, y esto, pues no se correspondería con una vida que hubiera estado muy tentada, y, de pronto, incluso, manchada en ese campo.

Así que nos quedamos, finalmente, sin saber: tal vez, alguna falta de su temperamento, o tal vez, alguna especie de tentación, de depresión o de desánimo; tal vez, el desconsuelo o falta de fuerzas; no sabemos de qué se trata.

Pero, quizás, Dios prefirió que no se supiera en qué consistía ese aguijón, para que cada uno de nosotros, que tiene su propio aguijón, pudiera verse como representado en esa debilidad del Apóstol.

Quizás, si el Apóstol hubiera dicho expresamente: "Y continuamente me tienta el dejar todo esto, y llevar una vida más tranquila", que esta es una tentación típicamente carnal: la comodidad y la seguridad.

Si él hubiera dicho, específicamente de qué se trataba, los que no padecen o no padecemos de esa específica dolencia, seguramente diríamos: "Bueno, entonces yo soy más, o yo soy menos; o mi carga, o mi dolor, o mi cruz son más duros que los de este Apóstol".

Pero como es algo, una cosa así solamente sugerida, entonces aprendemos lo que tenemos que aprender: que toda vida que va tras la Cruz de Cristo, lleva la carne crucificada como la Carne de Cristo, y que es, en ese camino, y es a través de ese camino, donde Dios, verdaderamente, se glorifica.

Hay que notar, sin embargo, que este dolor, esta tentación, y este aguijón, no llega a opacar ni menos a apagar la alegría, la alabanza, el júbilo y la certeza de la victoria en este glorioso Apóstol.

Él no pierde su predicación de la Pascua de Cristo por el hecho de que asomen las tinieblas; donde podemos ver que él no le está haciendo propaganda a la mediocridad; o sea, aquí no está diciendo algo parecido a que: "Todos tenemos alguna mediocridad: tápese usted con esa cobija, y yo me tapo con esta; usted tiene sus males, yo tengo los míos; usted cae en sus cosas, déjeme a mí que yo caiga en las mías".

No se trata aquí de ser una especie de colcha, con la cual decirnos todos: "Cada uno tiene su pecado, cada uno tiene su falta, unos de una manera, y otros, de otra". Él no quiere decir eso.

Porque no se trata de decir que el pecado siempre tiene terreno en nosotros, sino de decir que a cada uno le tienta, (y es distinta la tentación del pecado), a cada uno le tienta su género de debilidad, a cada uno le tienta y le persigue su propio género de carnalidad.

Y así como él antes había dicho que era "perseguido pero no rematado" 2 Corintios 6,9; así como antes había dicho que lo tienen por "desconocido siendo bien conocido" 2 Corintios 6,9; así como en ese otro pasaje nos había contado que "la persecución exterior no llega a conseguir su propósito" 2 Corintios 6,1-10.

Así también nos está diciendo, en este pasaje, que la tentación interior, sea cual fuere, tampoco logra su propósito, porque tenemos victoria en Cristo.Y así nos dice: "Vivo contento en medio de mis debilidades" 2 Corintios 12,9.

y fíjate cómo, inmediatamente, une sus debilidades interiores a las dificultades exteriores: "Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo, porque cuando soy débil, sólo lo tengo a Él, y cuando sólo lo tengo a Él, entonces soy verdaderamente fuerte" 2 Corintios 12,10.

"Si tuviera algo distinto, sería débil, pero como sólo tengo a Cristo, y en Cristo lo tengo todo, entonces soy fuerte" 2 Corintios 12,10.

Nos ha retratado de manera tan hermosa San Pablo lo que significa ser cristiano, que no falta sino que el mismo Cristo imprima esos sentimientos y ese espíritu en nuestros corazones, para que la Palabra no se cumpla simplemente oyéndola, sino llevándola hasta nuestra vida.