I115005a

De Wiki de FrayNelson
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La primera lectura de hoy como otras de esta misma semana ha sido tomada de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios; vuelvo a insistir que bien acercarnos a este documento para entender un poco mejor y para agradecer un poco más lo que significa el don del apostolado, esa labor de hombres valientes como Pablo y como tantos otros misioneros han realizado para que pueda haber fe en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestra tierra.

No es fácil el camino y son muchos los obstáculos, Pablo dice: “voy a hacerles una pequeña lista de las cosas que yo he padecido, ya que otros presumen de sus cosas, entonces yo voy a presumir también de las mías” cf. 2Co 11,21-30); básicamente de lo que presume entre comillas san Pablo, es de haber sufrido mucho por el Evangelio y de haber sufrido mucho por los evangelizados. El Evangelio muchas veces lo ha puesto en situación de persecución y los evangelizados muchas veces lo han puesto en situación de intranquilidad, de preocupación, de dolor; “¿Quién es débil, sin que yo me sienta débil? ¿Quién está a punto de caer, sin que yo me sienta como sobre ascuas?” (2Co 11,29). Es decir que por una parte el Evangelio tiende a hacernos odiosos porque los valores y los ídolos del mundo entran en colisión lenta con los intereses de Cristo, es decir que es evidente que quien le dice un sí a Cristo pues se va a encontrar con la resistencia, la obstinación y la persecución; pero eso sólo es una parte, la cual corresponde más al sufrimiento exterior, lo que Pablo llama: “sus naufragios, sus azotes y sus cárceles”. Pero luego viene la otra parte de su participación en la Pasión de Cristo, que es lo que podríamos llamar el sufrimiento interior, la pasión interior; y ese sufrimiento interior ya no es simplemente la frialdad de una prisión o la dureza de un latigazo; es más bien la dureza al ver la indiferencia de tantos corazones y es más bien la frialdad que se percibe cuando tantos le dan la espalda al Señor sin siquiera despedirse. Es esa dureza la que realmente oprime al apóstol y la que en cierto punto le causa los mayores tormentos.

Con lo anterior podemos aprender un par de cosas, en primer lugar podemos ser un poco más agradecidos, no merecen un poco más de agradecimiento hombres como Pablo que pasó por tantas tribulaciones con un sólo propósito para que la semilla del Evangelio pudiera crecer en nuestra vida?. Aprender a ser más agradecidos con aquellos que nos predican de verdad fe cristiana, aprender a ser más agradecidos con aquellos que nos ofrecen el pan fresco, limpio, vivificante de la Palabra de Dios.

Lo segundo también sirve para que nos preguntemos en qué estamos?, si la condición del apóstol es de sufrimiento y es una condición de un padecer por Cristo, aquel que nada padece por Cristo tiene con esta lectura una buena ocasión de reflexión. Si en mi vida no estoy padeciendo, si en mi vida nada he sufrido por Cristo probablemente es porque no he evangelizado nada y si no he sentido rechazo probablemente es porque no he mostrado mi fe y si no he experimentado la frialdad de otros corazones, es porque probablemente el que está vuelto hielo es es mi propio corazón.

Tenemos que preguntarnos qué es lo que está pasando con nosotros, tenemos que preguntarnos para qué hemos recibido la fe, tenemos que preguntarnos qué hemos hecho con esa luz preciosa. No se enciende una lámpara para ponerla debajo del cajón, tiene que iluminar a los que están en la casa, entonces qué hemos hecho con la luz hemos recibido?. El mundo está enfermo con muchas clases de dolencias sobre todo espirituales y sabemos dónde está el remedio, esconder por cobardía el remedio es un crimen del cual somos responsables muchos y por eso estos textos tienen que lanzarnos a prepararnos para ser verdaderos discípulos y misioneros como nos pidieron nuestros obispos en la Conferencia de Aparecida.