I115001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha 19970620

Título: En el Reino de los cielos va ganando el que ha dado mas

Original en audio: [6 min. 35 seg.]


Como la comunidad de Corinto vivía atraída por las grandezas y por lo extraordinario, entonces Pablo se dedica a la tarea de contar cuáles son sus grandezas, y resulta que todas son humillantes, y se pone a contar en dónde está lo extraordinario de su misión, y resulta que todo está en lo ordinario de las injusticias, el hambre, el frío.

Casi que me atrevo a decir que tiene hasta su sentido del humor ese Pablo cuando se pone a compararse con los que él llama los super apóstoles y dice que les gana; pero cuando se pone a ver en qué les gana, no es en hacer más milagros ni en ser más elocuente; no se gloría aquí de visiones sobrenaturales, ni de sus largas oraciones, ni de los dones del Espíritu Santo.

Dice que les gana porque está más cerca de la Cruz, porque está más cerca del Crucificado. Esta es la extraña lógica, esta es la inusual sabiduría de la que ya les había hablado él en el principio de lo que nosotros llamamos la Carta a los Corintios, allá en esos capítulos primero y segundo, les había contado cómo es de distinta la sabiduría de Dios de la sabiduría humana.

Y aquí les está contando cómo efectivamente lleva la delantera el que está más cerca de Cristo, y que la manera de estar más cerca de Cristo es estar más cerca de la Pasión de Cristo, de los dolores de Cristo.

Por eso digo que tiene de paradoja y casi de sentido del humor esa comparación que hace San Pablo y que le lleva a él a la conclusión disparatada de que él va ganando, y va ganando porque ha perdido más.

Verdaderamente, aquí está el retrato de un seguidor de Cristo, aquel Cristo que dijo: "El que quiera conservar su vida, la perderá, pero el que la pierda por mí, ese la encontrará" San Marcos 8,35. Pues ese está siendo Pablo, él asegura que él va ganando, él asegura que él va adelante, precisamente por eso, porque ha perdido más.

En el Reino de los Cielos va ganado el que ha dado más, no el que tiene más, sino el que ha dado más. Y por eso tienen una preciosa sintonía las dos lecturas que hemos escuchado hoy: tiene verdaderamente el que da, podría ser ese el resumen de las lecturas que nos ofrece la Iglesia en este viernes.

Se tiene verdaderamente aquello que se ha ofrecido, aquello que se ha dado, y precisamente por eso, debemos y podemos llamar tesoros, no a lo que se tiene en esta tierra porque eso no se ha dado, sino a lo que se tiene en el cielo, a lo que está amontonado en el cielo.

Varios Padres de la Iglesia, entre ellos San Juan Crisóstomo y San Basilio tomaron pie de estos textos para contarle a sus fieles, a sus feligreses cuáles son las verdaderas riquezas del cristiano, uno de ellos, quizá san Basilio, decía que si queremos amontonar los tesoros en el cielo, había que buscar esas bodegas, esas alacenas en las necesidades de los pobres.

Efectivamente, si Cristo nos invita a que no atesoremos, a que no alleguemos bienes para tenerlos encerrados, quiere decir que hay que repartirlos, pero como se trata de repartirlos imitando la generosidad de Dios, y no se trata de desperdiciarlos, lo cual sería una ofensa a los necesitados, es evidente que lo más cercano que tenemos al cielo son las necesidades de nuestros hermanos.

Es evidente que las bodegas del cielo en este momento y en esta tierra son precisamente el estómago hambriento, el cuerpo desnudo, el cansancio, el desconsuelo, la necesidad de ayuda, de compañía, de intercesión que tienen tantos hermanos nuestros.

Y así viene a resultar que está más cerca de Dios el que está más cerca de la Pasión de Cristo,y que tiene más tesoros en el cielo el que sabe por qué caminos comunica estos tesoros a sus hermanos necesitados en esta tierra. La enseñanza no podría ser más clara para nosotros.

Nos vamos a cercar en esta eucaristía a las fuentes mismas del amor de Dios; nos vamos a encontrar con un Dios que se da a sí mismo; podemos decir que Cristo mostró ser Dios precisamente en la perfecta humillación de la Cruz.

Porque al despojarse, al darse infinitamente a sí mismo, está mostrando la fecundidad del amor que lo mueve, un amor que para ser así tan desinteresado y para realizar tanto bien en nosotros, sólo puede ser comparado con el amor con que Dios nos creó.

La divinidad de Cristo en este sentido es como una consecuencia de su Cruz, es como una enseñanza de su Cruz; así lo entiende el Apóstol San Pablo en el prólogo de la Carta a los Romanos, cuando dice que: "Después de haber padecido la muerte ha recibidos poderes de Hijo de Dios" Carta a los Romanos 1,4.

Cristo ha mostrado su divinidad, por así decirlo, no tanto en los prodigios espectaculares, sino en la absoluta donación de sí mismo.

Al recibir a este Cristo en la Eucaristía, roguemos que ese mismo amor se apodere de nuestro ser, porque estamos más cerca de él, cuanto más hayamos perdido, cuanto más hayamos ofrecido, cuanto más hayamos sacrificado por Él. No con el sacrificio de mala gana del que mira lo que está perdiendo, sino con el sacrificio de buena gana del que mira lo que está ofreciendo.

Así nos lo conceda Dios para gloria suya.

Amén.