I114005a

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La primera lectura del día de hoy está tomada de la Carta de San Pablo a los Corintios en el capítulo 11, animo a todos a que nos acerquemos a este precioso documento, entre otras cosas porque nos ayuda a reconocer la realidad de la evangelización. Con la evangelización, con el apostolado, con la misión puede suceder lo mismo que con otras cosas y es que en un momento dado romantisamos tanto la evangelización que nos imaginamos que el ser misionero es vivir como en una especie de aventura perpetua donde suceden cosas fascinantes todos los días, pero resulta que ser misionero, ser apóstol como nos lo presenta Pablo especialmente en esta carta, tiene connotaciones bien duras porque finalmente quien va a anunciar al Crucificado termina participando de la cruz, no se puede hablar del Jesús de la cruz y quedar libre de toda cruz, sobre todo porque este mismo Cristo fue quien nos dijo: “el que no tome su cruz todos los días y me siga no puede ser discípulo mío” (cf. Mat 16,24).

Así que para tener una idea clara de lo que es la evangelización, es bien importante esta Segunda Carta a los Corintios. Uno de los temas centrales de esta carta es la colecta que hizo Pablo para ayudar a los cristianos perseguidos en la tierra de Israel, es decir en Jerusalén, en Judea de aquella época. A través de este medio hacemos una invitación, según sus posibilidades no deje de ayudar, no deje de expresar esa solidaridad con los que son perseguidos hoy, por ejemplo en Libia, Egipto, Irak y en Siria; aquellas tierras que están siendo azotadas por el estado islámico. Pero ese no es el único tema ni es la única preocupación de un apóstol, encontramos que Pablo tiene una terrible preocupación aún más por la fe de aquellos a quienes les está escribiendo, creo que las expresiones de Pablo no han perdido nada de actualidad, él sigue siendo plenamente vigente cuando les dice a los corintios: “me maravillo que ustedes se hayan pasado a otro evangelio, llega cualquiera a predicarles otra cosa y de inmediato lo admiten” (2Co 11,1-5). Sin duda este fue uno de los grandes dolores, aún más que los azotes, las prisiones naufragios, los días sin comer y las noches sin dormir de las que nos habla Pablo; uno de los dolores más fuertes de él fue comprobar que todo ese esfuerzo hasta cierto punto, estaba por perderse, simplemente porque la gente le presta una adhesión sumamente superficial a la fe, de modo que si llega cualquier otra persona predicando cualquier otra cosa les resulta muy fácil admitirlo.

Evidentemente lo que quiere Pablo es que nosotros no seamos de aquellos cristianos a los que cualquiera convence y digo que estas palabras son actuales, porque también en nuestra época hay falsos maestros, hay falsos discípulos, hay quienes tienen el título de teólogos y nos desorientan, como también hay teólogos que nos enseñan muy bien, hay algunos que han recibido la ordenación sacerdotal pero que con su predicación nos confunden, así como también hay sacerdotes muy buenos, hay obispos que son reflejo de Cristo Buen Pastor pero también encontramos algunas declaraciones de algunos obispos que nos dejan desorientados y desanimados, hay cardenales que son verdaderos príncipes de la Iglesia, verdaderos testigos pr de los principios y de las bases firmes de la Iglesia, pero encontramos también uno que otro cardenal que con declaraciones tontas, imprudentes, francamente heréticas, nos dejan en el camino equivocado. Pues es ahí donde las palabras de Pablo adquieren una una vigencia total, porque lo que nos está diciendo finalmente San Pablo es que nosotros como creyentes tenemos que tener la suficiente consistencia interior y el suficiente discernimiento para no dejarnos distraer del camino de Cristo, no importa lo que lleguen a decirnos. Si llega alguien a decir que un divorciado que se ha vuelto a casar puede comulgar como si nada hubiera pasado, pues esa persona está equivocada, quizás se viste de rojo, de morado, de blanco o de negro, el color de su vestido no nos interesa y si utiliza solideo tampoco nos interesa; primero va la enseñanza de la Iglesia como claramente nos la han transmitido los Papas, como está en el Catecismo de la Iglesia. No se debe permitir que cualquiera que diga cualquier cosa vaya a trastornar nuestra fe.

Entonces consistencia interior que viene de la oración, de la reflexión, de una verdadera formación cristiana y a la vez discernimiento; porque no vamos a vender nuestra fe por algo tan barato como un plato de lentejas.