I112001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970617

Título: El verdadero cristianismo esta en perder algo en favor del hermano Original en audio: [7 min. 30 seg.]


Hemos dicho que la segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios es uno de los documentos más interesantes del Nuevo Testamento, porque tiene características, rasgos autobiográficos que no encontramos fácilmente en otros escritos del mismo Nuevo Testamento.

El pasaje que hemos escuchado hoy, nos narra una de las iniciativas más audaces del Apóstol en su labor misionera.

Resumidamente, se trata de esto: él iba recogiendo dinero, lo que él llama la colecta, en distintas comunidades cristianas, especialmente del paganismo, o mejor dicho, comunidades paganas formadas de los cristianos, para llevar esas limosnas como ayuda a las comunidades cristianas del judaísmo, las de Jerusalén.

Porque ciertamente, era más grave, era más estrecha la situación económica de los cristianos en Jerusalén, oprimidos como estaban tan duramente por el yugo, por la suspicacia de los romanos; en cambio, estas otras comunidades, como la de Corinto, situada en una ciudad muy comercial, de mucho movimiento de dinero, pues podían quizá ser un poco más generosos.

Pero aparte de esta obra de misericordia, socorrer a los necesitados, Pablo hizo de esta colecta como una especie de signo de la unidad entre los cristianos. Él veía cómo, del empobrecimiento de Cristo en la Cruz, el judío en la Cruz, había venido la riqueza para el mundo pagano.

Y por eso los invita a que también ellos den el sello verdadero del cristianismo, sacando de sus propios bienes, muriendo un poco a sí mismos, esta vez para ayudar a sus hermanos cristianos venidos del judaísmo.

Se trata entonces de juntar al mismo tiempo la solidaridad espiritual y la solidaridad material e incluso económica. Más o menos la idea es: ya que la riqueza espiritual ha venido de la comunidad de Jerusalén, que las riquezas materiales de ustedes de alguna manera alivien la situación triste, la situación estrecha en que se encuentran los judíos de Jerusalén.

Y efectivamente, después de hacer su recorrido, él llevó esos dineros a Jerusalén; llevó esos dineros como un signo de la unidad que él, como Apóstol de Cristo, quería que hubiera entre todos los cristianos.

Desgraciadamente, esa colecta no dio los frutos que se hubieran querido, porque los cristianos de Jerusalén no tuvieron suficiente fuerza para frenar la dura oposición y persecución de los judíos de Jerusalén.

Y de hecho, Pablo llevó estos dineros a la Ciudad Santa, llevó esas ofrendas, y cuando las llevó iba libre, ya cuando salió de Jerusalén iba encadenado, iba preso, para someterse a un largo cautiverio.

La imagen entonces, que nos deja este texto de la segunda Carta a los Corintios, es el esfuerzo material y de persuación, de oración y de intercesión que hace Pablo, para que todos los cristianos puedan tener unidad, para que todos puedan beneficiarse, unos de los otros, de los bienes tanto espirituales como corporales que Dios ha todos nos ha otorgado.

Para animar la generosidad de los Corintios les pone como ejemplo lo que han hecho los de Macedonia. En Macedonia precisamente, pues se encontraba esa comunidad de Filipos, y probablemente la generosidad de la que está hablando Pablo aquí, es la generosidad de los filipenses, una de las comunidades que más le tuvo cariño y acogida al Apóstol Pablo.

Dice él en otra parte, en su Carta a los Filipenses: "Ustedes son la única comunidad que me abrió una cuenta de debe y haber" Carta a los Filipenses 4,15; le daban respaldo continuo, siendo, ciertamente, una comunidad más pobre que la de Corinto.

Este contraste entre la comunidad pobre, pero generosa de Macedonia, y la comunidad un poco más rica y acomodada, pero menos generosa de Corinto, también tiene su enseñanza.

Los Corintos estaban fascinados por las cosas extraordinarias, como hemos dicho, pero más que buscar al Espíritu de Cristo, buscaban como las sobras espectaculares, como lo maravillosos y ahí se quedaban.

Pablo, discreta pero claramente les hace ver que no está en eso el verdadero cristianismo: "Muestren que su amor es genuino produciendo obras concretas en favor de otros" (véase ).

No está el cristianismo en que sean maravillosos, extraordinarios los hechos que acontecen, lo verdaderamente extraordinario, lo maravilloso es que alguien se despoje de sí mismo, que alguien quiera perder algo por sus hermanos, que alguien dé algo de sí; eso sí nos hace semejantes a Cristo.

Y así los invita el Apóstol Pablo. Nosotros sabemos por otras fuentes, que esas invitaciones, aun viniendo de quien venían, tampoco dieron mucho fruto. Porque luego nos encontramos con las cartas que escribe el Papa San Clemente a los Corintios, unas décadas después de esta Carta, y seguían los mismos problemas, las mismas divisiones, las peleas, el amor por lo extraordinario, etcétera.

De modo que hay grandes enseñanzas aquí, pero hay fracasos tristes. Le fue mal a Pablo en Jerusalén, porque no le recibieron bien su colecta y más bien lo echaron preso; le fue mal a Pablo con los Corintios, porque no solucionó las divisiones, y esta gente siguió engolosinándose en sus asuntos extraordinarios; le fue mal en muchas cosas.

Pero eso no tiene nada de raro, porque el que viera el final de la vida de Cristo, también diría: "Le fue mal a Cristo, porque todos lo traicionaron, lo dejaron solo, y vean cómo murió". Sin embargo, en medio de esos fracasos, que a veces tienen su semejanza con la rutina y la opacidad de nuestra vida, Dios estaba escribiendo una carta de amor; Dios estaba escribiendo un testimonio de verdadero, de genuino amor apostólico.

Y es ese amor el que, por siglos y siglos, sigue alimentando nuestro corazón, para que nosotros sepamos cuál es el rostro del verdadero seguidor del Salvador.