I111005a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

La primera lectura del libro de hoy, está tomada de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios, esta carta y particularmente el capítulo sexto en el que nos encontramos, nos permite asomarnos a la realidad de la vida de un apóstol, de un evangelizador, la síntesis es: “El que anuncia a Cristo, ha de llevar una vida como la de Cristo” no se puede presentar el Evangelio de salvación y lo que Dios ha hecho en nuestra vida si nosotros no somos una expresión de lo que Dios sigue haciendo.

Es algo parecido a lo que nos enseña Santa Catalina sobre el fuego y el hierro, en su estado natural como lo conocemos en la tierra, el hierro resulta frío a nuestro tacto, pues si el hierro quiere hablar de fuego, tiene que estar lleno de ese ardor, de ese calor, tiene que brindar esa misma luz, el hierro que hable del fuego mientras permanece frío, no nos convence. El cristiano que pretende hablar de Cristo mientras permanece frío no nos convence, hay que estar ardiendo, tiene que verse el fuego, el amor, es lo que nos cuenta Pablo en el Evangelio, y por eso nos dice : “Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios” (2Cor 6,1); se trata de cooperar con la gracia, de secundar con la obra de la gracia, se trata de acoger a Dios en nuestra vida, acoger su bondad y trabajar con esa misma bondad. No nos asuste esa expresión que es tan propia de Santo Tomás de Aquino: “la gracia cooperante y nosotros cooperando con la gracia”. Es verdad que al comienzo la conversión la podemos tranquilamente entregar al poder de Dios y solo a Él, es verdad que Él y sólo Él es quien hace la obra cuando empieza la conversión. Pero una vez que Él toma el trono y está en el centro de nuestra vida como verdadero dueño de casa, quiere utilizar lo que hay en la casa. Cristo quiere llegar a nuestra vida como verdadero dueño de casa y por eso quiere disponer de nuestros talentos y facultades que Dios su Padre, nuestro Creador nos ha dado, por eso Cristo quiere también tomar nuestra voluntad, y por eso la exhortación de Pablo viene muy bien : “No hay que desperdiciar la gracia” (cf 2Cor 6,1); lo cual significa que tengo que poner algo de mi para que la gracia sea eficaz; ahí aplica la frase de San Agustín: “ El que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

Esto se expresa en dos cosas dentro del texto de la Segunda Carta a los Corintios que estamos reflexionando, se manifiesta en el hecho de evitar aquello que pueda ser un obstáculo para la fe de otros, es decir lo que pueda ser escándalo; movidos por una caridad que nosotros mismos hemos recibido de Cristo, no queremos ser estorbo para la fe de nadie. Por otro lado se muestra en que aquel camino que siguió Cristo, un camino de privación y renuncia que tiene cruz, este también debe ser nuestro camino, quien está con Cristo tiene que andar de continuo como Él anduvo, nos dice la primera carta del apóstol San Juan (cf. 1Jn 1,7); esto significa que la voluntad nuestra, transformada, renovada, ardiendo en amor por la gracia divina, nos hace participes de esa solicitud tierna por el bien de nuestros hermanos y a la vez, nos hace partícipes, de ese sacrificio de Cristo, por eso también dice Pablo en otro lugar : “completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo ” (Col 1,24); que ese sea el amor que de fruto en nosotros, que no se olvide hay algo que se espera de nosotros, y lo que no se hace queda sin hacer.