I111002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990614

Título: En nada demos mal ejemplo a nadie, para que nuestro trabajo no caiga en descredito

Original en audio: [8 min. 15 seg.]


Una de las bellezas que tiene esta segunda carta de Pablo a los Corintios es que es uno de los escritos mas autobiográficos del Nuevo Testamento.

Es maravilloso entrarse al alma de este Apóstol, de este Santo, de este predicador, de este maestro, y él mismo nos da los permisos, nos da las claves; él despeja los corredores y abre las puertas, para que podamos entrar a su misterio, a su vocación a su estilo.

En esta segunda Carta de Pablo a los Corintios, él se extiende sobre las tribulaciones de su apostolado, sobre la realidad de su ministerio apostólico, gracias a Dios, que saca tantos bienes de los males, se pudo dar esta Carta.

Porque efectivamente, lo que estaba padeciendo el Apóstol eran males, ya le habían hecho varias veces esta jugada, que cuando él iba a predicar a cierto lugar, a una comunidad, después de que él se iba llegaban otros predicadores, normalmente de tendencia judaizante, de tendencia mosaica, hacia la Ley de Moisés, entonces aprovechaban que ya estaba la gente reunida y entusiasmada, para cambiar el sentido del Evangelio.

Entonces se presentaban esos otros predicadores, se presentaban como muy autorizados y como grandes apóstoles y como gente muy espiritual y muy instruida.

Por esta razón, en este contexto y en este conflicto, Pablo tiene que escribir más de una carta; se burla a veces de esos que él llama super apóstoles; escribe sobre aquellos que ponen toda su confianza en la circuncisión y los llama con palabras duras; denuncia el engaño de todos esos predicadores.

Pero le toca también acreditarse a sí mismo, le toca hablar de si mismo, como mostrando con su propio ejemplo y con su propio testimonio, qué es seguir a Cristo y qué es creer en el Evangelio de Cristo.

De manera que de todos esos males nos han quedado una serie de documentos y una serie de testimonios autobiográficos, que son maravillosos porque nosotros estamos también comprometidos en la obra del Evangelio y nada mejor para nosotros, nada más saludable que acercarnos al alma apostólica de un testigo de Cristo del tamaño de San Pablo.

De manera que nos sólo aquí en la Santa Misa, sino después de nuestras lecturas personales, aprovechemos esta bendita coyuntura que nos ofrece la Iglesia y meditemos la segunda Carta a los Corintios, sobre todo los primeros capítulos. Los primeros cinco o seis capítulos son maravillosos para ver la realidad de alguien que se gastó y quemó por Jesucristo.

Este capítulo, por ejemplo, esta lectura de hoy está tomada del capítulo VI de esta Segunda Carta a los Corintios, cómo es su comportamiento, de qué vive, cómo vive, qué pretende, aquí estaba escrito: “Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca damos a nadie motivo de escándalo” 2 Corintios 6,3.

“Continuamente damos pruebas de que somos ministros de Dios, con lo mucho que pasamos” 2 Corintios 6,4. y se pone a enumerar lo que ha pasado: “Luchas, infortunios, apuros, golpes, cárceles, motines, fatigas 2 Corintios 6,5, y todo eso que hemos escuchado.

“Procedemos con limpieza, saber, paciencia y amabilidad con los dones del Espíritu y amor sincero” 2 Corintios 6,6, aquí está un retrato con lo que nosotros estamos llamados a hacer.

Vamos a sacar, así como en puntos muy concretos, cuáles serían las características de un servidor del Evangelio, de acuerdo con este texto inmortal. Por lo pronto está: “Nunca damos a nadie motivo de escándalo” 2 Corintios 6,3, esto no es simplemente el ser intachable en el comportamiento, es la primacía del amor al prójimo.

No dar motivo de escándalo no es una manera de decir que yo me porto tan bien que yo soy irreprochable, eso sería no dar motivo de regaño, Pablo dice: “No dar motivo de escándalo” 2 Corintios 6,3, es decir, tener siempre a la vista qué es lo mejor para que el Evangelio prospere en el otro.

Porque cuando uno dice: "Yo soy irreprochable, está tomando una posición en el fondo vanidosa, lo que quiere es ser como perfecto, quiere ser hermoso, quiere ser armónico, el amor ahí termina en la propia vida, termina en lo que uno es.

Aquí no dice Pablo “No damos a nadie motivo de regaño”, sino “no damos motivo de escándalo” 2 Corintios 6,3. El escándalo es la dificultad que el otro encuentra.

Este tema lo desarrolla más ampliamente, por ejemplo, en la Carta a los Romanos, donde dice que, "si yo por comer unas cosas u otras voy a ser motivo de escándalo para mi hermano, entonces voy a dejar de comer eso" Carta a los Romanos 14,15; dejaré de comer eso con tal de no ser motivo de escándalo para mi hermano.

Recordemos que el origen de la palabra escándalo es tropiezo, lo que dice aquí san Pablo es: "Nunca damos motivo de tropiezo" Carta a los Romanos 14,13, lo cual se fundamenta ¿en qué?

En un amor profundo, sincero al prójimo, o para decirlo de un modo todavía más positivo, en tener siempre el amor a la fe del otro, el tener siempre como criterio: "qué hago yo para que el otro no vaya a tropezar conmigo, para que yo no vaya a ser un tropiezo en la vida del otro, sino que él pueda crecer en su propia fe", este es el primer criterio de un apóstol.

Luego, damos pruebas de que somos ministros de Dios, ¿con qué? Con el padecimiento, la capacidad de padecimiento, este es un testimonio que el mundo nos reclamará. Si en la hora de la tribulación, llámese enfermedad, persecución o lo que sea, seguimos ahí unidos a Jesucristo, ahí está el testimonio, ahí está la palabra que nos hace creíbles ante los demás.

Luego procedemos con limpieza. Es esa rectitud de intención, saber, paciencia, amabilidad, son como algunas cualidades, llamémosla de tipo moral o de tipo humano, que es indispensable que tenga el evangelizador; un evangelizador de doble intención, un evangelizador de vida sucia, un evangelizador con una doctrina heterodoxa poco va a hacer.

Entonces vamos reuniendo, lo primero, es la preocupación por la fe del otro, qué hago yo para que el otro crezca en su fe; lo segundo, la perseverancia, la persistencia en medio de la dificultad; lo tercero, las cualidades morales y humanas, como estas: limpieza, saber, amabilidad. Hay que hacerle una acogida, una cuna humana al encuentro con el otro.

Pero luego está el alma, en el núcleo está el centro de la vida del evangelizador; los dones del Espíritu y los dones sinceros para llevar la Palabra de Dios.

Con este cuadro, que lo podríamos extender más, tenemos amplio motivo de meditación, amplio motivo para examinarnos y amplio motivo también para agradecer la obra de Dios en este Apóstol, en lo que el Señor quiera hacer a través de nosotros.