I111001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970616

Título: La gran paradoja de la Cruz en el apostol

Original en audio: [11 min. 30 seg.]


Esta Segunda Carta a los Corintios, que hemos venido escuchando ya desde la semana pasada, trae preciosas descripciones autobiográficas de lo que es, de lo que siente, de lo que hace, de lo que padece, y de lo que logra un apóstol de Cristo.

Yo me atrevo a decir que, junto con algunos capítulos del Profeta Jeremías, esos capitulitos que la Biblia de Jerusalén intitula "Confesiones de Jeremías", estos capítulos, por ejemplo, el texto de la Segunda Carta a los Corintios, 2 Corintios 6,1-10, son descripciones invaluables, únicas, de lo que siente la persona que es llamada por Dios para convertirse en boca suya, para llevar la Palabra de salvación.

Puede decirse, que tanto este Profeta del Antiguo Testamento, como este Apóstol del Nuevo Testamento, son hombres quemados por el fuego que llevaban. Efectivamente, como no se puede transportar agua sin mojarse, así tampoco se puede transportar fuego sin quemarse.

Y esa naturaleza, quemada y transfigurada por el amor y por la gracia de Dios, eso es, precisamente, lo que nos aparece en estos textos. De manera, que el que quiera conocer de una forma, llamémoslo así, como autobiográfica, qué significa apostarlo todo por Dios, que lea esta Segunda Carta a los Corintios.

Lo que motiva al Apóstol Pablo a hablar así, son conflictos enteramente circunstanciales. Resulta que Pablo se ve obligado a defenderse por una serie de calumniadores que le iban como siguiendo los pasos, y por eso, la Carta tiene sus momentos, incluso, como de impaciencia, momentos que ya aparecerán en los próximos días y en las próximas lecturas de esta misma Carta.

Pablo iba predicando, y después de que él se iba, llegaban otros predicadores con otro mensaje, casi siempre un mensaje de tipo judaízante. Ellos se presentaban como apóstoles también.

Pablo, en parte, ironiza de ellos, llamándolos los "superapóstoles" 2 Corintios 11,5, 2 Corintios 12,11.

Y estos "superapóstoles" llevaban un mensaje, que tomaba las mismas palabras y el mismo lenguaje de Pablo; incluso, hablaba del mismo Cristo, pero tergiversándolo todo, enredando las cosas, y sobre todo oscureciendo el mensaje de la gracia.

Para estos "superapóstoles", que iban como siguiéndole los pasos a Pablo y metiéndose ahí, donde él se metía, la gracia no es gracia, no es regalo, no es don, sino que es necesario retornar a prácticas judías, o es necesario atender a prácticas de purificación o de iluminación semejantes a las que tenían los paganos.

Por eso, esta Carta tiene también una gran actualidad, porque, efectivamente, eso es lo que sucede con una predicación como la que tiene la Nueva Era. Es algo muy semejante. La Nueva Era habla de Cristo, y habla de iluminación, y habla de ser espiritual, y habla de no ser tan material.

Y tiene cosas y predicaciones y palabras, que son muy semejantes a las del mensaje cristiano. Pero presenta las cosas con el mismo lenguaje, diciendo otras enseñanzas. En este sentido, lo que está sucediendo en el pueblo cristiano, se asemeja a lo que le estaba pasando a la comunidad de Corinto.

Los Corintios habían sido evangelizados por Pablo, pero una vez que Pablo se va, llegan estos otros predicadores diciendo cosas semejantes, pero enrevesándolo todo. Algo parecido ha sucedido y está sucediendo en nuestro tiempo.

Se ha predicado el mensaje de Cristo, pero apenas ha disminuido ese mensaje cristiano; apenas esa predicación ha bajado un poco la guardia, entonces llega una nueva predicación, que habla como de las mismas cosas: habla de meditación, del Cielo, de la luz, de ser espiritual, pero de tal modo, que la gracia no es gracia.

El lenguaje de la Cruz, el lenguaje de la Sangre, el lenguaje del Don, el lenguaje del Espíritu Santo, no una vacía espiritualidad, así en general, no una espiritualidad abstracta y general, donde pueda caber casi cualquier actitud humana, sino la espiritualidad como nacida del Espíritu de Dios, eso no aparece ahí.

Y por esa circunstancia, un poquito coyuntural, Pablo tiene que escribir esta Carta, que tampoco es la segunda que él escribe a los Corintios. Los estudiosos hacen cuentas, tal vez de por lo menos unas cuatro misivas, que Pablo le envió a los Corintios.

Y es posible que esta Segunda Carta, dicen los especialistas, tenga como parte de dos de estas cuatro misivas, que él les envió. Esos detalles, en parte técnicos, a nosotros, en este momento, no nos interesan.

Nos interesa sí saber que Pablo, que ya de palabra había dado testimonio, ahora por escrito tiene que presentarse, tiene que acreditarse como apóstol.

Y por eso tiene que decir, con el lenguaje más duro que él haya utilizado refiriéndose a sí mismo, qué es ser apóstol; como diciéndole a esos Corintios: "¡Abran los ojos! ¡No se dejen confundir! ¡Vean en dónde está la realidad del mensaje que nosotros predicamos, y cuál es la diferencia con lo que están tratando de embolatarlos y de confundirlos!"

Por eso realmente, si uno lo piensa bien, lo que hace el Apóstol Pablo en estos textos, es mostrar cómo la gran necedad, la gran paradoja de la Cruz se sucede también en los que creemos en la Cruz de Cristo; la gran paradoja de la Pascua de Cristo se sucede en la vida de los cristianos.

Y ese es el texto que hemos escuchado hoy; dice aquí: "Somos los impostores que dicen la verdad" 2 Corintios 6,8, este texto es único en los escritos de Pablo; "a través de la honra y afrenta, de mala y buena fama.

Somos los desconocidos conocidos de sobra, somos los moribundos que están bien vivos, los penados nunca ajusticiados, los afligidos siempre alegres" 2 Corintios 6,8-10.

Cada una de estas parejas, que está cargada de fuerza, de ironía, que tiene su carácter oratorio, ¿qué está diciéndole a los Corintios?: "¡Identifiquen la vida y la predicación del Apóstol, porque va sellado con la Cruz, va sellado con la Pascua!"

Un predicador que pretenda tener sólo luz, paz, gozo, que sólo pretenda presentar como ese aspecto, llamémoslo así, luminoso, ése, tal vez no es. Un predicador que sólo tenga dolor, renuncia, muerte, ése tampoco es.

El sello del predicador, el sello del apóstol, es el sello de la Pascua de Cristo. El sello de la predicación cristiana es, ese llevar dentro de sí muerte y vida, ese llevar dentro de sí una muerte asumida por la vida, llevar dentro de sí el fracaso, el rechazo, el desánimo que causan las circunstancias, las tentaciones, los problemas, pero llevar, al mismo tiempo, dentro de sí la fuerza, la paz, la esperanza, el gozo.

Esto es lo que está mostrando el Apóstol: "Nosotros somos los pobretones que enriquecen a muchos, los necesitados que todo lo poseen" 2 Corintios 6,10.

Demos gracias a Dios, pues una vez más comprobamos, cómo Dios, de los males saca bienes. El corazón de este pobre hombre, el corazón de este Pablo se estruja, se aflige de ver lo que le están haciendo. Porque bastaba que él se retirara un poquito, para que ya llegaran a confundirle a su gente.

El corazón del Apóstol sufría terriblemente. En otro lugar dice: "Y ¿quién se tambalea sin que yo quede en ascuas?" 2 Corintios 11,29. Él sufría de ver lo que le pasaba a las comunidades en donde había estado predicando.

Pues bien, esos sufrimientos, esas contradicciones, esa oposición, que en sí misma es un mal, Dios la transforma en un gran bien. Porque de esos problemas vienen estas palabras, y de estas predicaciones y de estas palabras, ¡cuánto se alimenta nuestro corazón, y cuánta claridad recibe para identificar, cuál es el verdadero Evangelio!

Porque en el fondo, lo que quería el Apóstol, cuando ya escribe por segunda, por tercera o cuarta vez a esta comunidad, era decirles: "¡No pierdan el rostro del Evangelio, no pierdan el perfil del mensaje de Cristo, no pierdan la Gracia que les fue otorgada por el ministerio de Cristo y por nuestro ministerio de Apóstoles!"

Entonces pues, bendigamos al Señor por estas descripciones, por estas enseñanzas, y revisemos también, si nuestra vida tiene estas señales, para ver si nosotros estamos predicando el Evangelio de Cristo, o si, de pronto resulta que, somos cómplices, quizá inconscientes, de otros evangelios.

Aquí está el rostro: gente que "a través de honra y afrenta, de mala y buena fama, empuña las armas de la justicia" 2 Corintios 6,7-8; gente, que es como dice él: "desconocidos conocidos de sobra, moribundos que están bien vivos, penados nunca ajusticiados, afligidos siempre alegres" 2 Corintios 6,9-10.

¡A ver si llevamos ese relieve del sello de Cristo! ¡A ver si llevamos ese rostro del Señor en lo que somos y en lo que hacemos! Si es así, pues que la alabanza sea para Dios, porque el apostolado será fecundo. Si no es así, pues que haya conversión en nuestra vida y la súplica de que esa palabra realmente se imprima en nosotros.

Amén.