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''Dios me creó, el pecado me destruyó y la Sangre de Cristo me reconstruyó''.
 
''Dios me creó, el pecado me destruyó y la Sangre de Cristo me reconstruyó''.
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Por eso uno tiene que ser, no una sino dos veces niño. Hay que saber sentirse niño creado por Dios, y hay que saberse sentir niño bendecido por Cristo.
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¡Hay que sentirse dos veces niño! Nos sentimos niños creados por Dios cuando miramos, por ejemplo, con cuánta sabiduría, con qué ternura está hecho nuestro cuerpo.
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Quienes hemos conocido un poquito de los que saben anatomía, fisiología hoy, nos quedamos maravillados del sólo hecho de nuestro propio cuerpo, por no hablar de esa maravilla que es sentir, pensar, recordar, imaginar, todo aquello que sucede en nuestra inteligencia.
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''Entonces, hay que saberse sentir niño ante mi Papá Creador. Pero, luego, hay que saberse sentir niño ante mi Hermano Redentor. Yo necesito las manos de Dios que me han creado, pero necesito el abrazo de Cristo que me ha redimido. Las dos cosas las necesito, y por eso necesito ser dos veces niño.''
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"Voy a tratar de hoy en adelante con veneración, -no sólo con respeto-, mi cuerpo, porque fue creado por Dios, porque fue hecho por Dios. Dios no está lejos de lo que soy, y yo voy a tocar con mucho cuidado mi vida, voy a tocar con mucho respeto mi pasado, porque ahí ha obrado el Creador."
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Tengo que tener casi un sentimiento de veneración, -no de adoración; hasta allá tampoco-, pero de veneración sí, de profunda veneración y de profunda gratitud por lo que soy, porque mi cuerpo, porque mi historia, han sido tocados por Dios.

Revisión del 22:33 22 feb 2011

Fecha: 19970524

Título: Necesitamos tanto las manos de Dios que nos han creado como el abrazo de Cristo que nos ha redimido.

Original en audio: 5 min. 57 seg.


Hermanos:

Las lecturas que nos regala la Iglesia en este sábado, nos invitan a sentirnos hechura de Dios.

Esa lectura del Eclesiástico es una descripción preciosa y poética de cómo Dios le dio un sentido y un lugar a cada cosa en nuestra vida. Otro problema es que uno a veces no sabe encontrar cuál es el sentido de las cosas.

Pero, Dios, todo lo que hizo en nuestro cuerpo y en nuestra alma, en nuestra familia y en nuestra historia, en nuestro país, en nuestro pasado y en nuestro futuro, todo tiene un sentido y todo tiene una fuente en su amor, en su misericordia, en su sabiduría.

Para empezar a encontrar paz, hay que empezar por sentirse obra de Dios. Soy obra de Dios con el cuerpo que tengo, con la historia que tengo, con la familia que tengo.

Con la historia que tengo soy obra de Dios, soy obra del Creador. Sin embargo, no sólo soy obra del Creador: soy obra también del Redentor, de Jesucristo.

A mí me hizo Dios, y cuando me deshizo el pecado, a mí me rehizo Dios. Son los tres verbos de hoy: Dios me hizo, el pecado me deshizo y Cristo me rehizo. ¡Cristo me volvió a hacer!

Dios me creó, el pecado me destruyó y la Sangre de Cristo me reconstruyó.

Por eso uno tiene que ser, no una sino dos veces niño. Hay que saber sentirse niño creado por Dios, y hay que saberse sentir niño bendecido por Cristo.

¡Hay que sentirse dos veces niño! Nos sentimos niños creados por Dios cuando miramos, por ejemplo, con cuánta sabiduría, con qué ternura está hecho nuestro cuerpo.

Quienes hemos conocido un poquito de los que saben anatomía, fisiología hoy, nos quedamos maravillados del sólo hecho de nuestro propio cuerpo, por no hablar de esa maravilla que es sentir, pensar, recordar, imaginar, todo aquello que sucede en nuestra inteligencia.

Entonces, hay que saberse sentir niño ante mi Papá Creador. Pero, luego, hay que saberse sentir niño ante mi Hermano Redentor. Yo necesito las manos de Dios que me han creado, pero necesito el abrazo de Cristo que me ha redimido. Las dos cosas las necesito, y por eso necesito ser dos veces niño.

"Voy a tratar de hoy en adelante con veneración, -no sólo con respeto-, mi cuerpo, porque fue creado por Dios, porque fue hecho por Dios. Dios no está lejos de lo que soy, y yo voy a tocar con mucho cuidado mi vida, voy a tocar con mucho respeto mi pasado, porque ahí ha obrado el Creador."

Tengo que tener casi un sentimiento de veneración, -no de adoración; hasta allá tampoco-, pero de veneración sí, de profunda veneración y de profunda gratitud por lo que soy, porque mi cuerpo, porque mi historia, han sido tocados por Dios.