Diferencia entre revisiones de «I041002a»

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''De acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, la posesión diabólica, en cierto sentido, quita responsabilidad a la persona, en la medida en que su voluntad queda como atada o imposibilitada, mientras que el pecado envenena el alma de la persona.''
 
''De acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, la posesión diabólica, en cierto sentido, quita responsabilidad a la persona, en la medida en que su voluntad queda como atada o imposibilitada, mientras que el pecado envenena el alma de la persona.''
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Ésa es la terminología que él utiliza. Dice: "Mire, en la posesión es el cuerpo el que resulta más afectado", como este hombre que se hiere con piedras, "mientras que en el pecado, en la realidad del pecado, la que resulta afectada es el alma de la persona".
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Y continúa él: "Ningún sacerdote debería tener miedo de hacer exorcismos, porque en el fondo cuando se realiza la confesión, hay una obra más grande que cuando se realiza un exorcismo".
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''En el exorcismo el demonio se aleja propiamente del cuerpo de la persona, pero la confesión es como un exorcismo del alma.''
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Bueno, de esta comparación podemos aprender algo los religiosos que estamos aquí. Pero, de esta comparación también se puede aprender, que cada vez que la Biblia nos presente posesos, de estas cosas que se dicen de los posesos podemos entender lo grave que es el pecado y también la magnitud del poder y del amor de Jesús.
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''Esto significa, que todo lo que se dice en la Biblia sobre lo que los posesos hacen con su cuerpo o en su cuerpo, éso es lo que está haciendo el pecado en los corazones, éso es lo que está haciendo en las vidas.''
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"Este poseso se paseaba por los sepulcros" (''véase'' San Marcos 5,5). El que vive en pecado se pasea por la muerte.
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"Él se hería con piedras" (''véase'' San Marcos 5,5). ¿Qué hería con piedras? Su cuerpo. A uno le produce rechazo en las entrañas pensar en alguien que se despedaza con piedras. Pues bien, éso es lo que realiza el pecado en nuestra vida: es como una especie de suicidio a pedazos.
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"Él gritaba, alejaba y asustaba a la gente" (''véase'' San Marcos 5,5). Éso precisamente es lo que realiza el pecado en cada uno de nosotros.
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¡Qué contraste pacífico con la imagen final! El que había estado poseído, "está vestido, está en su sano juicio" (''véase'' San Marcos 5,15), puede hablar, puede pensar, puede estar cerca de Jesús.

Revisión del 22:51 28 ene 2011

Fecha: 19990201

Título: Distinguir lo que es el pecado de lo que es la posesion diabolica

Original en audio: 7 min. 59 seg.


Esta escena impresionante de un exorcismo, tal vez produce en nosotros una sensación parecida a la que tuvieron aquellos habitantes.

En ese encuentro entre Jesucristo y el poder del demonio, quizás uno queda como tan asustado, como tan impactado, que retira su pensamiento de lo que se le propone. Y entonces dice: "Éso es imposible", o: "Es un problema mental". Si no, actúa como ellos: "Si Jesús va a hacer esas obras, que las haga en otra parte" (véase San Marcos 5,17).

Sin embargo, hay que entender que los exorcismos que realiza Jesucristo lo mismo que sus predicaciones, lo mismo que sus sanaciones, lo mismo que el perdón de los pecados o la multiplicación de los panes, todas las obras de Jesucristo nos muestran cada una, una faceta del amor de Dios.

Es como las imágenes que hermosamente embellecen esta capilla. Cada color puesto en su sitio, los más brillantes y los más oscuros, finalmente constituyen una imagen armónica que presenta un mensaje: en el caso actual, la vida de este santo.

Algo así es el Evangelio. El Evangelio tiene también colores profundamente oscuros, como la traición de Judas, como los bramidos del demonio, como la gravedad de la traición, de la soledad o de la enfermedad.

Pero, es el conjunto de esos colores, es el conjunto, es la presentación íntegra de ese mensaje, lo que nos hace entender que en Jesús está la victoria plena sobre todo género de maldad, y que en Él está la puerta y el camino para todo bien.

Hay que sacar un par de enseñanzas sobre este endemoniado. Indudablemente, es una de las escenas más importantes: "Un hombre que se pasea entre sepulcros, gritando e hiriéndose con piedras" (véase San Marcos 5,5), que además tiene una fuerza descomunal. Éso es la exteriorización de la obra de Satanás o de muchos demonios, según parece, en esta persona.

No obstante, hay que distinguir lo que es el pecado de lo que es la posesión diabólica.

Leía hace algún tiempo un libro de un exorcista autorizado por la Iglesia Católica. Nosotros, casi siempre lo que sabemos de exorcismos, lo sabemos por el enfoque sensacionalista de películas o de libros, donde interesa el espectáculo.

Pues, mire usted que precisamente hace poco, hace semanas, en el Vaticano se aprobó el "Ritual Reformado para Exorcismos". Es el último documento, el último ritual que faltaba por reformar desde el Vaticano Segundo. Más de treinta años después, todavía no se había cambiado el "Ritual de Exorcismos".

Entonces, yo estuve mirando un poco cómo era lo del ritual de exorcismos, y una de las prescripciones que tiene la Iglesia, es la prohibición del uso de medios de comunicación social cuando se va a realizar el exorcismo en sí. Porque, ha sido motivo, más bien, de sensacionalismo o de amarillismo, como decimos.

Asegura el exorcista éste que les cuento, -es un italiano autorizado desde luego por la Iglesia y que efectivamente realiza en el Nombre de Jesucristo obras como las que hemos escuchado en este evangelio-, que en cierto sentido es más grave el pecado que la posesión, porque la posesión diabólica supone la acción de Satanás, propiamente, en el cuerpo o en las cosas de las personas.

De acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, la posesión diabólica, en cierto sentido, quita responsabilidad a la persona, en la medida en que su voluntad queda como atada o imposibilitada, mientras que el pecado envenena el alma de la persona.

Ésa es la terminología que él utiliza. Dice: "Mire, en la posesión es el cuerpo el que resulta más afectado", como este hombre que se hiere con piedras, "mientras que en el pecado, en la realidad del pecado, la que resulta afectada es el alma de la persona".

Y continúa él: "Ningún sacerdote debería tener miedo de hacer exorcismos, porque en el fondo cuando se realiza la confesión, hay una obra más grande que cuando se realiza un exorcismo".

En el exorcismo el demonio se aleja propiamente del cuerpo de la persona, pero la confesión es como un exorcismo del alma.

Bueno, de esta comparación podemos aprender algo los religiosos que estamos aquí. Pero, de esta comparación también se puede aprender, que cada vez que la Biblia nos presente posesos, de estas cosas que se dicen de los posesos podemos entender lo grave que es el pecado y también la magnitud del poder y del amor de Jesús.

Esto significa, que todo lo que se dice en la Biblia sobre lo que los posesos hacen con su cuerpo o en su cuerpo, éso es lo que está haciendo el pecado en los corazones, éso es lo que está haciendo en las vidas.

"Este poseso se paseaba por los sepulcros" (véase San Marcos 5,5). El que vive en pecado se pasea por la muerte.

"Él se hería con piedras" (véase San Marcos 5,5). ¿Qué hería con piedras? Su cuerpo. A uno le produce rechazo en las entrañas pensar en alguien que se despedaza con piedras. Pues bien, éso es lo que realiza el pecado en nuestra vida: es como una especie de suicidio a pedazos.

"Él gritaba, alejaba y asustaba a la gente" (véase San Marcos 5,5). Éso precisamente es lo que realiza el pecado en cada uno de nosotros.

¡Qué contraste pacífico con la imagen final! El que había estado poseído, "está vestido, está en su sano juicio" (véase San Marcos 5,15), puede hablar, puede pensar, puede estar cerca de Jesús.