I024003a

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Fecha: 20030123

Título: Hay que tomar en serio la expresion "Jesus es el Senor"

Original en audio: [9 min. 12 seg.]


Preguntémonos, pidiendo el auxilio del Espíritu Santo, por qué Jesús reprimía a los demonios que estaban diciendo una cosa que era cierta. Los espíritus inmundos se postraban ante Él y gritaban: "¡Tú eres el Hijo de Dios!" San Marcos 3,11.

Postrase ante Cristo no parece una cosa criticable; decir que Cristo es el Hijo de Dios es una cosa cierta. ¿Por qué Jesús sin embargo rechaza? Hay varias teorías al respecto. Vamos a comentar dos.

La primera es que la revelación del misterio de Jesucristo es algo que el mismo Cristo quería tener bajo control. Cristo no quería que el entusiasmo se desbordara. Ya en otras ocasiones la gente se había entusiasmado demasiado con Él: "Tú eres el Mesías, tú eres el Rey" San Mateo 21,9.

Jesús le echa un poco de agua fría a ese entusiasmo, no se deja llevar por la emoción desbordada de una multitud.

Incluso hay un pasaje en donde oímos que lo seguía muchísima gente y entonces Cristo empezó a predicar sobre la Cruz, diciendo cuáles eran las verdaderas condiciones para ser discípulo de Él, donde entendemos que Jesús no quería un entusiasmo desbordado, no quería una histeria colectiva.

El proceso mismo de la revelación de su ser es algo que Jesús quería tener bajo control, para que no fueran nuestras expectativas, para que no fueran nuestros deseos, sino que fuera el designio del Padre el que se realizara.

Porque si Jesús hubiera jugado a cabalgar sobre el entusiasmo de la gente, lo que hubiera terminado haciendo era la voluntad de la gente y no la voluntad de Dios.

Por eso Jesús no se somete a las emociones muchas veces exageradas y siempre volubles de la multitud, sino que más bien prefiere mantener las cosas como diríamos “bajo control”, y en ese control y en ese mantener bajo control era necesario obrar como Él obró.

Por eso no quiere que esos demonios le alteren las cosas ni que despierten una especie de “entusiasmo de fantasía”. Esa es una teoría y creo que tiene su validez.

Hay otra teoría: los demonios se postraban ante Él. Jesús recibió ese gesto de la postración, lo recibió en otras ocasiones y lo recibió con cariño y lo aceptó como verdadero homenaje a su misión y a su propio ser.

Por ejemplo, después de curar al ciego de nacimiento, según se nos cuenta en el capítulo noveno del evangelio de Juan, Cristo le pregunta al ciego que ha sido curado: "¿Crees en el Hijo del Hombre?" San Juan 9,35, y el ciego dijo: "¿Y quién es para que yo crea en él?" San Juan 9,36.

Jesús le responde: "Soy yo, el que habla contigo" San Juan 9,37, y el hombre dijo: "Creo, Señor" San Juan 9,38, y se postró ante Cristo, es una escena bellísima.

Pero se ha dicho que de los sublime a lo ridículo no hay más que un paso, y de una escena bellísima a una escena grotesca no hay más que un paso, porque también hay otro momento en la vida de Cristo en que se dan postraciones, pero los que se postran, en realidad no están reconociendo a Jesús, se están burlando de Él.

En la Pasión, rodean a Cristo de muchos signos: le ponen un cetro, pero un cetro de mentira; le ponen una capa, pero no es una capa de rey sino capa de soldado; le ponen una corona, pero no es la corona del emperador sino la corona de espinas, una corona de burla; lo llaman profeta para burlarse de Él y se postran para completar una escena ridícula.

De manera que ahí lo llamaban profeta, pero se reían y se postraban, pero en burla. Luego, no son las palabras por sí solas, no son los gestos por sí solos lo que está buscando Cristo.

Cristo no es uno de esos seres hambrientos de aplausos, de reconocimientos y de palabras lindas, Cristo no se alimenta de palabras bellas, no es eso lo que tiene poder en el alma de Cristo, no hay verdad en estas escenas grotescas de la Pasión, aunque digan cosas ciertas.

"Tú, profeta" San Marcos 14,65, y sí es Profeta, pero se lo decían en burla. No hay verdad.

La segunda teoría sobre por qué Cristo rechazaba estas exclamaciones de los demonios es: las rechazaba porque no eran verdaderas. Aunque decían algo cierto, no eran verdaderas y no eran verdaderas por unas sola razón, porque no correspondían a la verdad del ser que lo dice.

Si tú te postras y si tú dices que Él es el Señor, pues entonces tú eres su siervo; pero la rebeldía del corazón, la rebeldía del interior, es lo propio de estos espíritus adversarios de Dios.

De manera que rebelarse contra Dios, resistirse a Dios, odiar a Dios y sin embargo decir estas palabras, es la peor de las burlas y Cristo no está para eso, más bien hace sentir el peso de su cetro y el peso de su majestad y de su señorío ordenándoles que se callen.

¿Qué queda para nosotros? A ver, las dos teorías son:

Primera: Cristo quería mantener el control del asunto porque quería que se comprendiera cuál era su verdadero mesianismo, cuál era su verdadera misión; su misión pasa por la Cruz, no consiste en cabalgar sobre el entusiasmo de la multitud.

Segunda: Cristo no admite estos “elogios” porque no corresponden a la verdad, porque no son postraciones del corazón y de verdad, sino son simulacros.

Entonces, la enseñanza para nosotros ¿cuál es? Que tenemos que defender el verdadero perfil, el verdadero rostro de Jesús el Mesías, frente a todos los triunfalismos; tenemos que defender el perfil de la Cruz y de la generosidad humilde y fiel que lleva hasta la Cruz, en primer lugar.

Y en segundo lugar, tomemos en serio lo que decimos. Si llamamos a Cristo “El Señor”, tomemos en serio eso, no sea que nosotros estemos cantando y cantando que Cristo es el Señor y que: "Tú eres el Señor"; y Cristo esté sintiendo: “¡Cómo se burlan de mí!”

Para que nuestros cantos no sean burlas, para que nuestras palabras no sean burlas, que el corazón responda, que primero sea el centro del alma y primero sean nuestras obras las que estén gritando que Él es verdaderamente el Señor.