I014002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20030116

Título: Evangelizar con amor y sin reproches

Original en audio: [15 min 55 seg]


Queridos Hermanos,

Comentemos un poco la primera lectura del día de hoy, que está tomada de la Carta a los Hebreos. Esta Carta, no ha recibido muchos comentarios y muchas predicaciones.

En este sentido, si uno se pone a hacer memoria, cuándo fue la última vez que escuchó una predicación sobre la Carta a los Hebreos, de pronto le toca irse muy atrás en el tiempo.

Siendo un documento un poco complejo, un poquito difícil, no lo hemos estudiado y predicado mucho y sin embargo, es un documento que nos hace muchísimo bien, porque se refiere a situaciones, a realidades que son muy parecidas a las que nosotros conocemos y de pronto, estamos viviendo.

¿Quiénes eran estos Hebreos? Eran Judíos convertidos al Cristianismo, que al parecer tenían mucho que ver con el culto en el Templo. Es probable que algunos o muchos Hebreos fueran incluso sacerdotes, es decir, pertenecientes a la tribu de Leví, o incluso, descendientes de Aarón, en fin, gente relacionada con el culto según la Ley de Moisés.

Y a estos les tocó una conversión muy complicada, muy difícil, porque como esa era no sólo su fe, sino su manera de vida, cuando se convirtieron al Cristianismo, no sólo tuvieron que cambiar de fe, sino que tuvieron que renunciar al sacerdocio, que seguramente era como la vida para muchos de ellos.

Fue una conversión muy difícil para estos sacerdotes, y además, estaban más amenazados que otras personas de dar marcha atrás, siendo muy probable que algunos de ellos, algunos de los destinatarios de esta Carta, se hayan cansado, porque realmente les tocaba vivir como en contravía.

Ustedes recordarán que el sacerdocio en el Antiguo Testamento era hereditario, eso significa que todos los descendientes de la tribu de Leví eran levitas; todos los descendientes de Aarón, tal vez el más importante de los levitas, eran sacerdotes, y eso era así.

De manera que en una familia de levitas, todos los hijos varones nacidos ahí, eran sacerdotes, por el solo hecho de haber nacido en esa familia.

No era como nosotros conocemos ahora que el sacerdocio es un asunto de vocación. El que se siente llamado, pues, mira, ora, discierne; pero en esa época no era así, pues toda la familia era sacerdotal, significa que todos los hombres ya eran sacerdotes por el solo hecho de haber nacido en esa familia, desde luego, era un sacerdocio distinto.

Siendo su principal oficio el ofrecer sacrificios, que consistían sacrificar -de ahí viene nuestra palabra sacrificar animales, los sacrificios que hacen en las ganaderías para la carne-; matar animales y ofrecer a Dios esa sangre de esos animales.

Pero claro, pensemos que en una familia, pues el papá era sacerdote porque pertenecía a familia sacerdotal, que suponiendo que tenía tres o cuatro hijos varones, quienes a su vez, también eran sacerdotes.

Es decir que un sacerdote de esos estaba rodeado de sacerdotes, porque el papá era sacerdote al igual que el abuelo; los primos seguramente eran sacerdotes; los hermanos eran sacerdotes, todo el mundo era sacerdote.

Luego, si uno de ellos se convertía a la fe cristiana y ya no iba a celebrar esos sacrificios y ya no iba al Templo de Jerusalén, le tocaba renunciar prácticamente a todo, porque toda la familia iba a decirle: "Pero bueno, ¿tú qué estás haciendo?"

Era una conversión heroica a veces, una conversión muy difícil, y claro, toda la familia y seguramente la mayor parte de los amigos, y si era casado, la esposa también, porque, obviamente, todos estos sacerdotes eran casados; la esposa y seguramente los hijos, los amigos, los primos, los hermanos, el papá, todo el mundo era como una aspiradora, succionándolo y como diciéndole: "Vuelve, ¿qué te pasa?"

Era una conversión muy difícil y sin embargo, el autor de la Carta a los Hebreos considera que está primero la fidelidad a Dios y que hay que aprender a perseverar en la fe y hay que aprender a ser fiel a Dios, entonces, aquí podemos hacer una relación con nuestra propia vida.

Nosotros ya no estamos en esa situación de esa época de familias sacerdotales, esa ya no es nuestra historia, ya nosotros no funcionamos así, pero ahora, de todas maneras, sigue habiendo como esa aspiradora que nos intenta devolver, es lo que algunos llaman el poder del hombre viejo.

Acuérdate que San Pablo habla del hombre viejo, del hombre nuevo, y este último es el que realmente se ha convertido y cree en Jesucristo, practica su fe y da testimonio de ella, vive en el poder del Espíritu Santo, conoce el amor de Dios y lo anuncia.

El hombre viejo, en cambio, según la terminología de San Pablo, es aquel que está corrompido por los deseos de este mundo: vive para el poder, para el dinero, para el placer, está encadenado a las cosas de esta tierra, más que poseer las cosas, es poseído por las cosas.

Nosotros ya no estamos en ese régimen de las genealogías y las familias sacerdotales de la antigüedad y del Antiguo Testamento, pero nosotros tenemos también lo mismo que esta gente, tenemos todo ese atractivo de la vida pasada y por eso uno dice: "¿cómo es posible que fulanito de tal, tuvo una conversión maravillosa y ahora nunca aparece en el grupo de oración?"

La aspiradora lo devolvió, se lo tragó. Entonces, ¿qué es la aspiradora? Es el atractivo que tiene el hombre viejo, el atractivo que tiene la vida pasada, el atractivo que tienen los pecados que se cometían, todas las amistades que se tenía, la misma familia, muchas veces.

¿Cuántos de ustedes han vivido situaciones que los han ridiculizado, los han aislado, porque usted se convirtió a Jesucristo? Entonces lo aíslan, lo atacan, se burlan de usted.

Todo eso va causando una presión y todo eso hace que haya como una aspiradora y a uno le toca caminar en contra de la corriente, porque la aspiradora está que lo devuelve una y otra vez, y algunas veces esta aspiradora gana, y entonces dice uno: "¿Por qué no aparece la señora a la que Dios le hizo esa sanación tan linda? ¿Por qué no aparece?" Porque se la tragó la aspiradora.

"-Y ese muchacho, tan piadoso, que había recibido don de lenguas y que tenía una gracia especial para predicar, ¿qué se hizo ese muchacho? "-No, por ahí anda, pero ya no está en las cosas del Señor" Qué le Pasó? Se lo tragó la aspiradora.

La Carta a los Hebreos, hermanos, es como un antídoto contra la aspiradora. Por eso yo estoy convencido de la importancia de esta lectura: no es una Carta para leer cuando uno está recién convertido, es una Carta para leer cuando uno ya ha pasado dificultades, cuando uno ve que hay gente que se queda por el camino.

Y ese es el momento en que el uno debe leerla, pues está llena de advertencias, de consejos y de ejemplos que nos muestran las dos caras de la moneda: nos muestran cómo muchos traicionan a Dios, pero nos muestran también cómo muchos se sostienen y siguen dando testimonio, aunque eso les cueste la sangre y la vida.

Por ejemplo, una advertencia es lo que nos dice hoy el texto que hemos leído, que es del capítulo tercero de la Carta a los Hebreos: “atención, hermanos, que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desertar del Dios vivo” Carta a los Hebreos 3,12.

Desertar, ¿qué es eso? Abandonar el grupo, irse, como dicen popular y vulgarmente en Colombia: abrirse, se abrió, se fue. Ahí está, desertó. Una advertencia, ejemplo de un consejo, también lo tiene el pasaje de hoy, capítulo tercero de la carta a los Hebreos: “animaos los unos a los otros día tras día” Carta a los Hebreos 3,13.

Había una vez un padre que era, digamos líder o encargado de la Renovación Carismática por allá en una ciudad y tenían una reunión a la que se esperaba que iba a ir mucha gente, pero al contrario de lo que pensaba, fueron muy poquitas personas.

Claro, el padre se sintió triste y bravo y empezó a decirle a la gente, a los poquitos que habían ido: "¿Se dan cuenta? ¿Ustedes creen que vamos a evangelizar así? Que vamos a convertir al mundo, pero la gente no aparece, la gente no llega, la gente no viene, la gente promete y no cumple, no hay compromiso aquí, es que esto no nos..."

¡Pero, un regaño de estos!, y el padre seguía con su regaño, hasta que por allá una viejita, levantó la mano y dijo: "Padre, padre, yo vine". Entonces, fíjate lo importante: aquí dice: “Animaos los unos a los otros, día tras día” Carta a los Hebreos 3,13.

Para que ninguno se endurezca, para que ninguno endurezca el corazón y da la razón, engañado por el pecado: acuérdate, que la aspiradora a todos nos tienta y empieza a succionarlo a uno, a devolverlo, a devolverlo, como ese padrecito que estaba regañe que regañe.

Esta Carta no sugiere la metodología de los regaños, más bien lo que sugiere es que a algunos se los llevó la aspiradora, pues qué pesar para él, pero nosotros, tratando de recuperar al que fue perdido, porque de todas maneras, habrá algo que se podrá hacer, una llamada, un consejo, pero muchas, uno no puede forzar a la gente.

No nos obsesionemos en recuperar la gente perdida, más bien preocupémonos en animar a los que sí vinieron, en alegrarnos con los que sí vinieron.

Por eso yo quiero pasarme a la metodología de la Carta a los Hebreos y salir de la metodología de las "vaciadas", porque hoy, de pronto, estábamos esperando más gente, entonces uno se siente tentado a tomar la metodología de la "vaciada": "¿Se dan cuenta? ¿Sí ven? Mire, mire, mire, bonita la evangelización que vamos a hacer, lindo comienzo este, es que está precioso para comenzar".

Pero, la Carta a los Hebreos nos dice que no es por ahí. La Carta a los Hebreos dice: "Gracias a ti porque viniste; gracias, porque tu presencia me anima a mí y espero que mi presencia también te anime a ti".

"Animaos los unos a los otros, día tras día" Carta a los Hebreos 3,13, y cuando nos volvamos a encontrar, nuestra sonrisa tiene que seguir diciendo: "¡Qué bueno que estés todavía!"

Es que esto es una lucha, esto es un combate. En la aspiradora todo nos afecta, entonces cuando uno mira a personas que han podido perseverar después de muchos años, uno tiene que pensar: "¡Bendito Dios!"

Y hay que mirar a esas personas con una sonrisa en el rostro y decir: "Te agradezco, porque tú, movido o movida por el Espíritu de Dios, has resistido a la aspiradora, eso es una maravilla, tú has resistido, tú has aguantado, primero Dios, pero tú has aguantado y no es fácil aguantar, hay demasiadas cosas que nos atraen".

En tiempos de esa Carta esas cosas eran: "que mi familia, todos son de oficio sacerdotal, y que todo el mundo me pregunta que si estoy loco y que todos quieren que yo vuelva a ejercer el sacerdocio de Moisés".

Eso era en ese tiempo. En este tiempo, los atractivos son otros, pero la aspiradora nunca se apaga, siempre está funcionando, y por eso tenemos que oír una advertencia: "que ninguno tenga un corazón incrédulo" Carta a los Hebreos 3,12, y tenemos que practicar un consejo: "animémonos unos a otros, día tras día" Carta a los Hebreos 3,13.

Amén.