Ctri007a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Este es el domingo de la Santísima Trinidad, es la celebración que tenemos en nuestra Iglesia Católica después del Domingo de Pentecostés, y hay una razón muy profunda para este lugar de la Celebración de la Trinidad, es el Espíritu Santo obrando en nosotros el que nos permite entrar un poco en el Misterio de Dios; por algo dice el Apóstol San Pablo: “¿Quién puede conocer lo más íntimo del hombre, sino el espíritu del mismo hombre?” (1 Co 2,11), de la misma forma, nadie conoce lo que hay en Dios sino el Espíritu de Dios. Así pues, una vez que hemos recibido el don del Espíritu Santo nos atrevemos a hablar de Dios. No es fruto de un simple razonamiento, no es fruto de la especulación filosófica, es fruto de aquello que dice el Apóstol San Juan al comienzo de su primera carta: “ Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos” (1 Jn 1,1). Efectivamente sabemos quién es Dios, gracias a Jesucristo, gracias a que envió a su Hijo, y este Hijo nos dijo: “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Jn 14,9) y este Hijo dijo: “Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito” (Jn 14,16), siendo Cristo nuestro primer intercesor y abogado, Él como sumo sacerdote ha orado al Padre para que nos envíe otro abogado, conocido como el Paráclito, el Espíritu de consuelo, el Espíritu Santo.

Y ahí está el Misterio Trinitario: Dios Padre que envía a su Hijo, el Hijo que sacrificándose en la cruz da testimonio sublime de obediencia y amor hacía el Padre y de tierna compasión por nosotros pobres pecadores, y luego ese Hijo, sumo sacerdote intercede por nosotros ante el Padre para que recibamos el don del Espíritu Santo. Nosotros no podemos negar ese misterio que nos ha visitado en la persona de Cristo y que ha llegado hasta nosotros con la efusión del Espíritu. No es algo que hayamos inventado en nuestra cabeza, de hecho para nuestra cabeza es un terrible desafío, es como un enigma este Misterio de la Trinidad y San Agustín el gran obispo y doctor de la Iglesia decía: “si piensas que lo has entendido es que no es Dios”, porque Dios está mucho más allá de nuestra comprensión y el Misterio Trinitario sin duda nos rebasa, pero repito, no es el fruto de nuestro pensamiento, tampoco es el fruto de nuestro deseo, no es porque nosotros queremos que Dios sea así; es porque así ha querido revelarse Él a nosotros, y como no podemos negar el don de amor que nos ha dado en Cristo y en el Espíritu, entonces tenemos que reconocer al Padre, al Hijo y al Espíritu; y puesto que han sido perdonados nuestros pecados por el valor infinito del sacrificio Cristo, nos damos cuenta que Cristo no puede ser, sino solamente aquella Palabra que estaba con el Padre desde el principio, que estaba con Dios y que era Dios (cf. Jn 1,1); eso no lo podemos negar, entonces tenemos que afirmar al Padre y al Hijo, y tenemos que afirmar que el Hijo es verdaderamente Dios. Y luego viene el don del Espíritu Santo y en el pasaje de hoy, precisamente en el Evangelio nos dice Jesús: “El Espíritu Santo tomará de lo mío y se lo dará a ustedes” (cf. Jn 16,13-15). Es imposible que el Espíritu nos de las riquezas del don de Cristo, si el mismo Espíritu Santo no es Dios, pues así también afirma el Apóstol San Pablo que nosotros somos templos del Espíritu Santo (cf. 1 Co 6,19), y no se puede ser templo de otra cosa si no es templo de Dios; así que el Espíritu Santo es Dios también.

Esto rebasa, esto trasciende nuestra mente, pero no brota de nuestro deseo, de nuestra especulación, es lo que el Señor mismo nos ha mostrado. Luego, los grandes pensadores como San Agustín, como Santo Tomás de Aquino han tratado de ligeramente comprensible este misterio, y por eso afirmamos: Dios es uno en su naturaleza y es trino, son tres divinas personas; no se rompe la unidad de Dios en la diversidad de las personas porque todo lo que tiene el Padre lo tiene el Hijo, salvo que el Hijo es el Hijo y el Padre es el Padre, nos dice Santo Tomás; no se rompe la unidad de Dios porque todo lo que tiene el Espíritu lo recibe del Padre y del Hijo de modo que no hay algo que sea propio del Espíritu distinto de lo que tienen el Padre y el Hijo, salvo el hecho de que el Espíritu procede del Padre y del Hijo y no lo contrario.

Y así, con explicaciones semejantes los grandes teólogos nos ayudan a recibir este misterio, no como si lo comprendieramos, sino más bien comprendiendo porque no es ilógico, no es absurdo, es superior a la razón; no es contrario a la razón, lo creemos porque así quiso manifestarse Dios, así lo proclamamos, así lo celebramos.

¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo!