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Fecha: 20010610

Título: "La Fiesta de Dios"

Original en audio: 12 min. 36 seg.


Mis Queridos Hermanos:

Estamos celebrando hoy el misterio de los misterios, el más grande, profundo y hermoso misterio de nuestra fe. Alguna vez decía un predicador: "Hoy es la fiesta de Dios"; estamos celebrando a Dios.

Para aprovechar esta celebración, y que se convierta en alegría y en alimento de nosotros, necesitamos primero saber qué cosa es un misterio en nuestra fe.

Tenemos la idea de que un misterio es algo que no se puede preguntar o que no se puede conocer. En nuestra fe, un misterio no es eso. No es una barrera que detiene la inteligencia o que detiene las preguntas; más bien, tendríamos que decir que un misterio es como un pozo, como una fuente de la que siempre se puede obtener agua nueva y vida nueva.

Podemos entender mejor esta idea si pensamos no en los misterios de la religión, sino en los misterios de la vida humana.

Pensemos en una sonrisa; la sonrisa de las personas que amamos no es algo que se pueda poner en palabras, no es algo que quepa dentro de un libro, ¿cuánto puede significar una sonrisa? ¿Cuánto puede decir un rostro? Un rostro de la persona que nos ama, es algo que contiene muchísimo significado.

Por ejemplo, cuando una persona ha perdido al papá o a la mamá, y recuerda las palabras del papá o de la mamá ya fallecidos, encuentra en esas palabras, en esas imágenes, en esos recuerdos como un pozo, y cada vez que se acuerda del papá o de la mamá, le encuentra más significado: "Con razón mi mamá me decía tal cosa".

Un misterio en nuestra fe es un pozo lleno de significado. Cuando decimos que Dios es Padre, por ejemplo, eso no es una afirmación como decir que el Dióxido de Carbono tiene tal estructura química; la palabra "Padre", relacionada con Dios y Dios como plenitud de paternidad, es un misterio, lo cual significa que nos podemos pasar la vida conociendo y amando lo que dice esa frase sin nunca agotarla, eso es lo que quiere decir misterio en nuestra fe.

La Eucaristía es un misterio, ¿qué significa eso? "¡Cállese!", "¡no pregunte!", "¡es un misterio!", no. Es un misterio quiere decir: Tome la Palabra de Dios, medite con inteligencia, con amor, con humildad y con oración, y usted descubrirá que se puede pasar la vida sin nunca agotar todo lo que quiere decir esa frase que se dice en la Misa: "Esto es mi Cuerpo", "esta es mi Sangre". Es infinito porque es la revelación de Alguien.

Así como la sonrisa o el rostro sirven para mostrarnos a las otras personas, los misterios de nuestra fe nos acercan al Rostro de Dios y nos invitan a encontrar la mirada inagotable de Dios; una mirada llena de sabiduría y llena de amor.

Estamos celebrando uno de los misterios nuestros, el misterio de la Santa Trinidad; es muy hermoso pensar en esta comparación: cuando un arquitecto va a hacer un edificio, primero tiene en sí mismo el edificio, en su pensamiento, y después en los ladrillos, el concreto, la madera.

Cuando una persona quiere alcanzar una meta académica o profesional, primero la tiene adentro; por ejemplo, se imagina: "Voy a ser un gran artista", y tiene ese sueño, esa idea, que acaricia en su corazón, la tiene adentro y sólo después la va realizando.

Dicen los antiguos Padres de la Iglesia que lo mismo podemos decir de la Santísima Trinidad y de la obra de la Creación. La Creación es como esa maravillosa construcción que hizo Dios, ¿pero cuál era la idea? Porque primero es la idea y luego la construcción, ¿cuál es la idea?

La idea, el pensamiento, el proyecto, el modelo, es el Hijo; podemos decir que el Padre es el Arquitecto y que el modelo, que se refleja en las obras de la Creación y en la historia de la redención humana, es el Hijo.

De manera que cuando contemplamos con asombro todo lo que es el mundo, la naturaleza, el cosmos en su inmensidad y en su hermosura, tenemos que pensar: el modelo que sirvió de referencia o la idea que sirvió de modelo para todo esto es el Verbo, la Palabra, esa Palabra, que según el evangelio de Juan, "se hizo carne, y habitó entre nosotros" San Juan 1,14, y se llama Jesucristo.

Pero miremos el ejemplo de la persona que quería ser artista. Cuando vamos a hacer algo no sólo tenemos una idea, sino que tenemos una motivación, tenemos un amor que nos mueve; cuando alguien quiere ser un gran artista no sólo tiene la idea de lo que es ser un gran artista, sino que tiene un amor, un deseo: "Quiero alcanzar eso"; lo mismo acontece con la creación y la historia humana.

Dios no solamente tuvo una idea, sino que en su infinita generosidad, tuvo también un amor; ahi una huella del amor divino en la Creación. Y verdaderamente, si tenemos ojos contemplativos, encontraremos que hay amor, mucho amor; por algo, cuando estamos fatigados y saturados, buscamos la naturaleza como queriendo encontrar el cálido abrazo, la cálida expresión del amor divino.

Es decir, que en la misma Creación y en la historia humana están las huellas que nos permiten remontarnos a este misterio que celebramos hoy: el misterio Trinitario.

Pero de pronto alguien podría decir: "Cuando miro la naturaleza, puedo pensar en Dios, pero cuando miro las brutalidades del ser humano y lo que hacemos con la naturaleza y con los otros seres humanos, ¿cómo pensar en Dios? Ahí es donde nos llena hasta el extremo de admiración el plan divino.

Porque a través de Jesucristo, el Hijo enviado por el Padre, y a través de la efusión del Espíritu Santo, el misterio que celebramos hace ocho días, a través de esos envíos, a través de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, Dios Padre ha tomado la historia humana con todas sus miserias.

Porque la vida de Cristo estuvo llena de las miserias humanas y de todo lo que puede fastidiarnos del ser humano, y en Cristo, especialmente en su Cuerpo crucificado por amor a nosotros, la historia humana adquiere la estatura del plan divino.

Porque Dios es tan buen escritor, que sabe tomar incluso las palabras torpes del pecado humano, para contarnos la historia de su gracia y de su amor.

Por eso, después del envío de Cristo y del envío del Espíritu Santo, incluso la miseria humana, asumida en el Cristo, es decir, en el Ungido, en Jesús de Nazaret ungido por el Espíritu Santo, esa torpeza humana se convierte en parte de un inmenso poema que nos permite ver quién es Dios.

Hermanos, sigamos esta celebración. Cualquier explicación que digamos sobre la Trinidad, afortunadamente se queda corta porque eso indica que el pozo nunca se va a acabar; lo que sí sabemos es que, más grande que tratar de entender la Trinidad trayéndola a nuestra cabeza en la tierra, es orientarnos hacia la Trinidad caminando en su gracia hacia la patria del cielo.