Cruz008a

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Fecha: 20120509

Título: Necesitamos redescubrir la Cruz como el corazon de nuestra fe y fuente de nuestra alegria

Original en audio: 4 min. 13 seg.


En Colombia, y en otros lugares de América, el tres de mayo se celebra la exaltación de la Santa Cruz. Como en mucho otros países, esta fiesta cae el catorce de septiembre, conviene recordar por qué hay esta diferencia en las fechas y qué podemos aprender de esta específica, el tres de mayo.

Sucede que había antes dos festividades, una era la del tres de a exaltación y otra era el encuentro o el descubrimiento. Descubrir en latín se dice inventio, o sea que esta era la fiesta "inventionis Sancte Crucis", la del tres de mayo; y la otra era "Exaltationis Sancte Crucis".

Encontrar la Cruz, exaltar la Cruz. Esas dos fiestas luego se reunieron en una sola y en unos países se dejó esa celebración unificada para el tres de mayo y en otros países se dejó para el catorce de septiembre. Lo importante es que nosotros no perdamos estas dos realidades: encontrar la Cruz y celebrar la Cruz.

Lo de encontrar la Cruz viene de una antigua tradición: allá por el siglo cuarto, una santa y piadosa mujer llamada Santa Elena, se puso en la tarea, movida por el Espíritu Santo, de encontrar la Cruz. Ella quería saber qué había quedado de ese madero santo que sirvió como altar para el sacrificio que perdona los pecados del mundo.

Y Santa Elena se puso entonces en camino y llegó a la Tierra Santa, la tierra de Jesús. Según la tradición, después de muchos esfuerzos lograron encontrar lo que parecían ser los restos de la santa Cruz. Finalmente, la milagrosa e instantánea curación de un enfermo, les convenció de que habían llegado a su meta, por eso la fiesta de la invención, "Inventionis Sanctae Crucis", "del descubrimiento de la Santa Cruz".

Yo creo que nosotros necesitamos volver a descubrir la Cruz; creo que la espiritualidad que a veces se anda vendiendo por ahí es una espiritualidad de un sujeto que busca la paz, un sujeto que busca el sosiego, es como una especie de budismo. La espiritualidad se nos ha convertido como en una especie de descanso, de remanso, de serenidad, y es posible que esa sea una dimensión, ni más faltaba, una dimensión de la espiritualidad.

Pero en la Cruz, en la agresividad, en la violencia de la Cruz, también hay un mensaje que es importante para nosotros; y en ese dolor y en esa pasión de amor que lleva a Jesús hasta el extremo, y en esa sangre vertida, ahí es donde está el corazón de nuestra fe. El corazón de nuestra fe no está en la serenidad de un lago sin olas, no; el corazón de nuestra fe está en el torrente escandaloso de sangre que sale del costado de Cristo, que brota de sus preciosas llagas.

¡Cuánto necesitamos redescubrir la Cruz! ¡Cuánto necesitamos descubrir que ese es el corazón de nuestra fe y que ahí, y solamente ahí, está la verdadera alegría!