Cruz005a

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Fecha: 20060503

Título: "La Cruz es el lugar del juicio"

Original en audio: 9 min. 29 seg.


La Cruz de Nuestro Señor Jesucristo es el juicio de este mundo. Esa es la afirmación extraña, profunda, sabia, que encontramos en el evangelio de hoy. ¿Qué quiere decir eso, que la Cruz de Cristo es el juicio de este mundo? Hay varias interpretaciones. Una es esta: lo que no puede pasar por el camino de la Cruz, es sólo temporal, es pasajero, es efímero.

Al pasar por el camino de la Cruz, pon frente a la Cruz lo que hay en ti, y así sabrás qué tiene valor y qué no lo tiene. Por ejemplo, el amor; cuando el amor no ha pasado por el camino de la Cruz, todavía no se sabe cuánto vale; el amor que supera la prueba de la cruz, ése es verdadero amor.

Para que se entienda esto nada mejor que un ejemplo, y ya que hablamos de amor, pues es natural pensar en enamorados y novios y parejas. ¿Cuál es la diferencia entre el amor de los enamorados y el amor de los esposos? Pues los enamorados conocen sólo lo más atrayente, lo más hermoso y lo más grato, lo más agradable de la otra persona.

Ella se arregla, se maquilla y sonríe de la mejor manera para agradarlo a él; y él trata de utilizar su mejor ropa y su mejor voz y su mejor estilo, y trata de impresionarla a ella; entonces cada uno está solamente presentando lo mejor.

Pero una vez que se casan, entonces ya no aparece solamente lo mejor sino aparecen muchas otras cosas. Ella no va a estar maquillada las veinticuatro horas del día, ni él va a estar con su mejor ropa elegantísima, ni tratando de impresionarla a ella todo el día; además, ella también se enferma y él se puede quedar sin trabajo.

Y de pronto tienen mal genio, y de pronto son perezosos, y de pronto son desordenados, y es en la convivencia donde van apareciendo muchas cosas, y algunas cosas pueden ser terriblemente dolorosas.

El amor que supera la prueba, ese es el verdadero amor; y la prueba es la prueba del tiempo, porque sólo con el tiempo parece toda la verdad, toda la necesidad, toda la fragilidad. ¿Y podemos creerle a esa pareja de enamorados, él tiene diecisiete y ella dieciséis; esa parejita de enamorados que están en el parque y sólo se dicen cosas bonitas: "-¿Tú me quieres?", "-yo también te quiero", "-uuy, pero yo te quiero más"; podemos creer?

Se les puede creer un poquito, un poquito se les puede creer; pero después, cuando ha sucedido la prueba del tiempo, de pronto ese hombre se quedó sin trabajo, todos los amigos le voltearon la espalda, él quedó acomplejado y deprimido, se siente traicionado y amargado, pero hay una persona que está junto a él, es su esposa; o de pronto ella se enfermó.

Este caso sucedió, por ejemplo, en mi familia. Una mujer, que era muy bonita, pero le salió una enfermedad muy rara, que le hizo cambiar el color de la piel, una especie de vitiligo; la piel de ella no es atrayente en este momento, es una piel extraña, dicen que no es contagioso, pero a veces uno duda como en darle la mano a ella, porque tiene una piel rarísima; pero el esposo está ahí, y el esposo la abraza y la quiere. Es el amor que ha pasado por la prueba.

El amor que ha pasado por la prueba, ése es el verdadero amor. Entonces ahí te das cuenta cómo la cruz sirve para poner a prueba lo que uno tiene en el corazón; y lo que sobrevive a la prueba de la cruz, eso sí es verdadero; lo que no sobrevive a la prueba de la cruz, es falso, es efímero, es sospechoso. Y a menudo ese engaño es treta del enemigo, treta del demonio.

La cruz nos hace verdaderos de muchas maneras, pero la cruz no es solamente el sufrimiento, la cruz es la radical opción por Dios. Cristo está en la Cruz en obediencia al Padre, Cristo está en la Cruz como supremo acto de amor y de obediencia al Padre.

Si los sentimientos y los afectos, las amistades, contratos, proyectos, sueños, recuerdos que hay en ti, no son compatibles con ese deseo absoluto, absorbente, ese deseo total, como el de Cristo en la Cruz de agradar a Papá Dios, algo anda mal.

Por ejemplo, estás metido en un negocio, y vas caminando por la calle y vas pensando en tu negocio, y cuánto dinero te vas a ganar; y tienes tus dudas sobre ese negocio, porque parece que hay que sobornar a algunas personas; y hay que meterse con gente medio rara, medio sospechosa, pero de todas maneras, el dinero que se supone que vas a aganar, te tiene atrapado, te tiene cautivado.

Haz una pausa, entra a un templo, entra a la iglesia, y en la soledad de ese templo, desnuda tu corazón ante Dios y dile: "Yo quiero amarte a ti por encima de todas las cosas; yo quiero amarte a ti con ese amor total que manifestó tu Hijo Jesús sobre la cruz".

Si después de decir esas palabras, tú sientes que le puedes presentar a Dios ese negocio que ibas a hacer, tal vez es un negocio que está bien hecho, pero lo más probable es que ante esa expresión de fe y de amor, tú tengas que decir: "Ese negocio, así yo lo quiera maquillar de lo que sea, es una estafa, es una trampa, es un robo, un robo decente, pero es un robo y yo no tengo por qué manchar mi conciencia."

Lo que te quiero decir es esto: aquellos negocios que tú puedas poner delante de la cruz sin avergonzarte y sin esconder la mirada, esos son los buenos negocios; aquellas amistades que tú puedas traer delante de la Cruz, sin agachar la mirada y sin esconder los ojos, esas son las buenas amistades; aquellos afectos que tú puedas traer delante de la Cruz; aquellas acciones que tú puedas traer delante de la Cruz.

Esto sirve, por ejemplo para las fiestas. En Colombia utilizamos la palabra "rumba" cuando es una gran fiesta llena de alegría, y de pronto de mucho desorden. Yo no sé si esa palabra se usa por aquí, ¿aquí se habla de "rumba"? Muy poco, ¿no? Una rumba es eso, es una gran fiesta, y una fiesta donde muchas veces se pueden cometer excesos en licor, en la bebida, en las parejas, lo que sea.

Entonces la persona va a una gran fiesta, una fiesta con mucha música, con mucho trago, con muchas cosas; terminada la fiesta, preséntate delante de Jesús; llega a tu casa, mira a Cristo en la cruz, si sientes vergüenza, entonces algo estuvo mal; si sientes que tienes que esconder los ojos delante del Crucificado, algo estuvo mal.

Esa frase de Jesús hoy, yo les invito a que la guardemos en nuestro corazón: "La Cruz es el lugar del juicio" San Juan 12,31; y lo que yo no le pueda presentar a Cristo en la Cruz, es porque es impresentable; lo que yo no le pueda presentar a Cristo en la Cruz, es porque no me conviene." Si el novio ese que te conseguiste, o el amor ese, o el negocio ese, o el sueño que tienes, o lo que hiciste anoche, si tú no lo puedes presentar delante de la Cruz de Cristo, algo anda mal.

Tu vida entera tiene que pasar delante de la cruz. Además, es muy bueno hacer este ejercicio, porque cuando nos muramos, ¿a quién vamos a encontrar, quién nos va a mirar, sino el mismo Cristo al que ahora le rehuimos la mirada? Tanto esconder uno los ojos delante de Cristo, y nos morimos, ¿y a quién vamos a encontrar? A Él, a su mirada, y Él nos va a decir: "Por estas Llagas manifesté el amor que te tengo, así te amé, de este tamaño es mi amor".

Entonces nosotros tenemos que saber presentar toda nuestra vida ante los ojos de Cristo, ante el amor de Cristo y ante la Cruz de Cristo.