Cruz004a

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Fecha: 20030503

Título: En la Cruz de Cristo, senal de amor e instrumento de salvacion, estan nuestros males vencidos

Original en audio: 13 min. 31 seg.


Amados Hermanos:

Hoy vamos a aprender dos rimas. Esa es la predicación de hoy. La primera rima dice así: "Mirando al mal ya vencido, encuentro la paz que había perdido". ¿Cómo dice? "Mirando al mal ya vencido, encuentro la paz que había perdido". Esa es la primera rima.

Esa rima se apoya en la primera lectura: el pueblo había sido muy rebelde, y serpientes mordían a los israelitas. Ellos clamaron al Señor, y el Señor dio una orden muy rara. Le mandó a Moisés que hiciera una serpiente, una serpiente entorchada en un palo. Y cuando alguno era mordido de la serpiente, iba y miraba la serpiente del palo, y quedaba curado.

¿Por qué? Porque "mirando al mal ya vencido, encuentro la paz que...". "Creo que hay que hacer una oración de sanación de la memoria". Repitamos: "Mirando al mal ya vencido, recobro la paz que había perdido".

Cuando los israelitas miraban la serpiente, quedaban curados. Porque la estrategia de la serpiente es esconderse, y la estrategia del demonio es esconderse, y la estrategia del pecado es esconderse.

Pero San Pablo dice que, "eso que sucede en las tinieblas, tenemos que sacarlo a la luz, aunque sean cosas que dé pena decir" Carta a los Efesios 5,11. Así habla San Pablo.

En la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, nosotros miramos a nuestros males. Porque si Cristo está azotado, es por nuestros males; si se está muriendo de sed, es por nuestros males; si sus manos fueron perforadas, fue por nuestros pecados y nuestros males.

Pero los males nuestros están en la Cruz de Cristo ya vencidos. Porque sobre Jesús, nuestro amadísimo Señor, cayó todo el diluvio de la maldad del mundo. Pero de Jesús, salió todo el diluvio de la salvación de los hombres. A Jesús le cayó todo nuestro pecado, pero Él hizo caer sobre nosotros toda su misericordia.

Por eso en la Cruz, en las Llagas de Cristo, en el madero empapado en Sangre, yo veo mi mal, nuestros males, pero ya vencidos. Y entonces yo, como los israelitas del libro de los Números, recobro la paz que había perdido.

Cuando miro la Cruz, "mirando al mal ya vencido, recobro la paz que había perdido". Todo lo que hayamos hecho, todo está crucificado. Toda la maldad del mundo está ahí, y no puede escapar de ahí, no puede escapar del poder de la Sangre, no puede escapar del palpitar del Corazón del Señor; está vencida.

La Cruz es la señal del mal vencido. Repitamos por última vez la primera rima: "Mirando al mal ya vencido, recobro la paz que había perdido".

La segunda rima, que no es para que se nos olvide la primera, dice de la siguiente forma: "En la Cruz de tus dolores, conozco Jesús tus amores". ¿Cómo es? "En la Cruz de tus dolores, conozco Jesús tus amores". "¡Aleluya! El Señor está sanando la memoria. ¡Muy bien!"

"En la Cruz de tus dolores, conozco Jesús tus amores". Esa frase es muy bonita, porque la Cruz es una señal de dolor, es un instrumento de tortura, pero es, sobre todo, una señal de amor y un instrumento de salvación.

Lo que era señal de dolor, se convierte en señal de amor. Y lo que era un instrumento de tortura, se convierte en un instrumento de salvación.

Esa es la Cruz. Por eso San Pablo decía que, "él no se avergonzaba de la Cruz" 2 Timoteo 1,12. "En la Cruz de tus dolores, conozco Jesús tus amores". Ahí conozco el amor de Cristo.

Pero la frasecita dice, la rima dice: "Conozco Jesús tus amores". Está en plural. Ustedes dirán que eso quedó en plural para que pudiera rimar. ¡No! Mira, queda en plural, porque el río del amor en el Corazón de Cristo es un río que tiene muchas aguas. Y a veces se utiliza el plural para indicar abundancia, muchos amores. Entrar en el Corazón de Cristo, es como entrar en un río de muchas aguas. Son muchos amores.

Pero hay otra interpretación también de esa frase, que es muy linda, y con esa vamos a terminar. Dice: "En la Cruz de tus dolores, conozco Jesús tus amores". ¿Y saben cuáles son los amores de Cristo? Por ejemplo, aquí donde estamos el Padre y yo, aquí se ven los amores de Cristo.

Ustedes son los amores de Cristo. Porque cuando Cristo te mira, te dice: "Mi amor". Ustedes y yo somos los amores de Cristo. Eso es lo que decimos en el Credo: "Por nosotros, y por nuestra salvación".

Entonces, tú puedes decir en tu corazón: "Yo soy un amor de Cristo". Así lo dijo San Pablo en la Carta a los Gálatas: "Él me amó, y se entregó por mí" Carta a los Gálatas 2,20. San Pablo sentía, que cuando Cristo lo miraba, le decía: "Amor mío".

"En la Cruz de tus dolores, conozco Jesús tus amores". "El Señor está sanando de la memoria, del sueño y de la distracción. ¡Es grande el Señor!"

Claro, si yo me acerco a la Cruz de Cristo, conozco los amores de Cristo. En la Cruz de Cristo puedo ver cómo desfilan todos los dolores del mundo, y por eso puedo ver cómo desfilan todos los amores de Cristo.

Tú puedes mirar la Cruz de Cristo, y ver que por ahí pasan todos los dolores, y pasan todos los amores de mi Señor; ahí están los niños abortados; ahí están las familias desplazadas; ahí está la angustia del enfermo terminal; ahí está la desesperación del que pasa hambre en nuestras calles; ahí, en la Cruz de Cristo, conozco a todos los que Cristo ha amado como me amó a mí, hasta el extremo. En la Cruz conozco los amores, en la Cruz. Y por eso la Cruz es sanadora.

En la Cruz, yo puedo mirar todos los rostros. Un hombre casado puede mirar todos los rostros ahí, la suegra, todos. Claro, la Cruz es sanadora. Lo importante es que la suegra también vea al yerno. Así se sana la gente; la Cruz es sanadora.

Cuando usted no pueda perdonar a alguien, puede hacer este ejercicio: "Tú, Señor, lo amas", o "tú, Señor, la amas". "Tú, tú la amas. Yo, seguramente, no la amo", o "yo no lo amo". "Yo no, porque mi corazón es muy pequeño, no alcanza. Pero tú sí lo amas".

"Si yo acerco mi corazón a tu Corazón, voy a poder amar hasta a mis enemigos". Así se construye la reconciliación´, así se hace posible la paz.

"En la Cruz de tus dolores, conozco Jesús tus amores". ¿Y la primera frase cómo era? "Mirando al mal ya vencido, recobro la paz que había perdido".

Para reconciliarnos con Jesús, y con esta predicación, a ver los hombres: "Mirando al mal ya vencido, recobro la paz que había perdido". "Necesitamos que el Señor nos sane también de identidad sexual"; dijimos los hombres: "Mirando al mal ya vencido, recobro la paz que había perdido". Bueno, ahora sí las mujeres: "En la Cruz de tus dolores, conozco Jesús tus amores".

Amén.