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Fecha: 20100523

Título: Nececitamos pedir al Espiritu Santo que venga a nuestra vida con la fuerza de un terremoto

Original en audio: 33 min. 28 seg.


Hermanos Muy Queridos:

Vayamos con el pensamiento y el corazón al día de Pentecostés, allá en Jerusalén.

Un estruendo, un viento huracanado, la casa donde se encontraban, retumba. En otras ocasiones, la oración de los discípulos era tan fuerte, que el lugar donde estaban orando, temblaba.

Mi primera reflexión en esta ocasión es sobre ese temblor, temblor de la tierra, temblor de las paredes, viento huracanado, estruendo en la casa como una estampida.

¿Qué es todo ese espectáculo? Algunos de nosotros hemos tenido la oportunidad, o no sé si llamarlo oportunidad o circunstancia, de vivir un terremoto leve, en mi caso, tal vez algunos tengan recuerdos más dramáticos, es una cosa que a uno no se le olvida.

Porque no es únicamente el movimiento, lo que más impresiona es el clamor de la tierra, es un ruido que esmuy difícil de producir y que es muy difícil de olvidar, es como el crujir de las piedras, de las rocas a gran profundidad.

Y luego, otro ruido, las cosas, por ejemplo, las casas también se desajustan un poco o mucho, y por supuesto también los materiales de las casas y los edificios sufren, y ese es otro ruido, que también es muy poco común, y ese también queda grabado.

Y luego hay otro ruido que es el ruido de las cosas, por ejemplo si se tiene un estante, pues las porcelanas, floreros, libros que están en ese estante, con su temblor, producen otro tipo de ruido, -llevamos tres-, y luego hay un último tipo de ruido, las voces humanas.

Cuando empieza el temblor primero se forma un silencio, porque cada uno está tratando como de aguzar los sentidos al máximo, pero si el temblor se prolonga unos cuantos segundos, la gente empieza a gritar, y es un grito que sale de aquí de adentro de las entrañas, es un modo especial de gritar, es el grito del pánico.

No tiene nada de agradable, creo yo, esa experiencia, la experiencia de los cuatro ruidos: el ruido de las rocas en lo profundo, el ruido de los materiales de la casa, el ruido de los adornos y demás cosas en los estantes, y el ruido de la gente, el clamor, el grito de pánico de la gente.

Por supuesto, cuanto más fuerte es el temblor, mucho más intensos son estos ruidos, porque por ejemplo, ya no van a sonar únicamente los materiales de una casa, sino que puede suceder que la casa misma se desplome, y eso tiene otra resonancia.

Cuando llega el Espíritu Santo hay un temblor, hay un viento huracanado, hay un estremecimiento; ¿qué podemos aprender de esa descripción que nos da el libro de los Hechos de los Apóstoles? Pues hay unas pistas que vienen de la misma Biblia, por ejemplo, describe alguno de los salmos, una intervención espantosa, una intervención colosal de Dios, y dice: “Y se vieron los cimientos de la tierra” Salmo 82,5.

Es que yo le cuento lo que sería eso. ¿Ustedes se han puesto a pensar cómo se vería la tierra si le quitáramos el agua a los océanos? Resulta que esos abismos son inmensos, hay mayor profundidad desde la superficie del mar hasta el fondo del mar, que la altura que hay desde la superficie del mar hasta la cumbre más alta, que es el monte Everest.

El Everest tiene menos de nueve mil metros, mientras que la fosa más profunda del Pacifico tiene más de diez mil metros, imagínate un hueco, un abismo que cae y cae y cae sin cesar.

“Se vieron los cimientos de la tierra” Salmo 82,5. Los temblores tienen un efecto psicológico tan dramático en la mente humana, porque precisamente nosotros organizamos nuestra mente de acuerdo con las experiencias de nuestros sentidos, y nuestros sentidos nos dicen que el suelo es sólido, es firme.

Si el suelo se mueve y cruje, una de las certezas fundamentales que uno tiene también cruje; cada de uno de esos ruidos que ya describí, viene como a destruir una certeza de uno mismo.

El primer ruido viene a destruir los cimientos, el segundo ruido viene a destruir los proyectos, el tercer ruido viene a destruir las comodidades, y el cuarto ruido viene a destruir la confianza en el auxilio de otros.

Esos cuatro ruidos del temblor son ruidos que resquebrajan, que agrietan nuestras certezas más profundas, nuestros cimientos son nuestras convicciones más grandes, nuestros proyectos son el sentido que le damos a la vida, nuestras comodidades son nuestra capacidad de estar a gusto en esta tierra, y el auxilio que esperamos de otros son el tejido de relaciones que tenemos en la sociedad.

Cuando estos ruidos suceden, el impacto en la mente humana es tan grande, que muchas veces lo más necesario, allí donde ha habido un temblor, es la ayuda psicológica. Sabemos que en estos meses últimos ha habido varios temblores, especialmente fuerte el de Haití, y luego el de Chile, y luego uno muy grande en China, también.

En el caso de Chile, las pérdidas materiales fueron muy cuantiosas, las vidas humanas, entre quinientas y mil personas, creo que no hay todavía cifras definitivas, pero el total estará entre esos dos números.

Digamos que cada vida humana es preciosa, pero si comparamos con los doscientos mil muertos de Haití, lo de Chile parece bastante menor, y sin embargo, el amado pueblo Chileno espera y necesita mucha ayuda, no sólo para la parte material, sino porque la psiquis, la mente queda seriamente averiada, no se dañan únicamente los edificios, queda alterada la mente también.

Quizá ustedes se están preguntando qué tiene que ver todo esto con Pentecostés, no me echen la culpa a mí, es la lectura de la Biblia la que nos dice que sucedieron las cosas así, y por eso la pregunta que tenemos que hacernos es más o menos esta: ¿por qué el Espíritu Santo quiso utilizar esa señal tan vigorosa, esa señal tan fuerte, la de un temblor?

Y si nos ponemos a reflexionar un poco, creo que empezamos a entender cosas, basándonos en la teoría de los cuatro ruidos. Aquí en Chiquinquirá, en los años sesentas, también viví un temblor espantoso, y parte de este edificio se cayó, Dios nos proteja; en Perú también se dio una situación semejante, en fin.

¿Qué sucede con esto de los ruidos? ¿Qué es tener un temblor así? ¿Qué es tener un terremoto en el alma? ¿Qué significa que llegue el Espíritu Santo y produzca un terremoto en tu corazón, en tu mente, en tu psicología, en tu existencia?

Significa un cambio radical, un cambio total, ¿de qué? De tus cimientos, de tus proyectos, de tus gustos y de tus amistades, porque esos son los cuatro ruidos.

El ruido de las rocas es el de los cimientos, es un ruido ronco, prolongado, que tiene como un eco cavernoso espantoso; el ruido de los materiales de la casa, es el de tus proyectos, el de los libros y adornos, es el de tus gustos; y el gritar de las personas, son tus relaciones.

Utilicemos esa alegoría para decir que el Espíritu Santo quiere llegar a tu vida para cambiar, para transformar, para renovar, para remover todo, por eso se llama vida nueva; el Espíritu Santo viene a darte vida nueva, viene a renovar tantas cosas en ti, el Espíritu Santo viene a hacer de ti un hombre nuevo, una mujer nueva, según el querer de Dios, y por eso hay que cambiar lo que uno es, decimos, de pies a cabeza.

Pero si comparamos con un edificio es desde el cimiento hasta las cornizas y los adornos, todo hay que cambiarlo; y por eso ese temblor de Pentecostés está indicando la acción poderosa, irreprimible, la acción maravillosa de aquel que es Señor, Señor, pero no señor de destrucción, sino Señor y dador de vida, como decimos en el Credo.

Para eso viene el Espíritu Santo de Dios y eso es Pentecostés, no es entonces únicamente un sentimiento cálido, bonito, "como que me siento bien", decimos en Colombia “chévere”, se siente uno como bien, ¿no? Chévere, bien, sí. No es únicamente como el que se toma dos o tres tragos y se siente alegrón: "Me siento como bien, como buena la experiencia, bonita".

La acción del Espíritu es mucho más que eso, no es simplemente una experiencia bonita, agradable, es la transformación del cimiento de tu vida, es la transformación de tus proyectos, es la transformación de tus gustos, y es la transformación de tus amistades.

Para eso viene el Espíritu Santo, para que tengas un nuevo cimiento, para que tus proyectos sean nuevos, según la mente de Dios, para que tus gustos cambien y se parezcan a los gustos de Dios, y para que tus amistades sean ahora las que Dios te entregue, para eso viene el Espíritu Santo.

Ahora preguntémonos a qué llamamos nosotros “los cimientos”. Los cimientos de cada uno de nosotros son aquellos principios más firmes, aquellas convicciones más profundas; y qué tristeza ver algunas de las convicciones que tienen las personas; por ejemplo, hay gente que tiene esta convicción muy profunda: "Todo el mundo tiene su precio".

Muchos mafiosos, mafiosos de la droga, mafiosos de los contratos, o sea, contratistas, o mafiosos de las esmeraldas, o mafiosos de lo que sea, hablan con arrogancia de cómo su dinero pueden lograr lo que a ellos se les dé la gana.

Pueden disponer de vidas humanas, le ponen precio a la cabeza del que quieren, pasan por encima del que quieren, es decir, para ellos su cimiento es ese, "el que tiene la plata manda". Otros tienen otra clase de principio, por ejemplo, "el que tiene el revólver manda".

Hay mujeres que tienen esta clase de principio: "La que tenga el mejor cuerpo y lo sepa ofrecer mejor, ésa manda"; hay otros que piensan que lo que importa, lo único que interesa es las amistades que uno tenga y las palancas que consiga, eso es lo único que importa.

Y lo grave es que la mayor parte de estas personas, y quizá podamos ser nosotros mismos que hablamos así, "todo es plata", "en el corazón no manda nadie", ese tipo de refranes están dejando ver una mentalidad que en el fondo es completamente idolátrica, idolatría del dinero, idolatría del poder, idolatría del sexo.

Idolatra, idólatras, y estas personas han puesto su fundamento y su cimiento en eso, y están convencidas de eso, y esa es su roca firme.

Imagínate lo que significa la irrupción de Espíritu Santo en esa vida, imagínate lo que significa cambiar esa mentalidad, imagínate lo que significa un golpe de ariete, imagínate lo que es un viento huracanado que arrasa con todo y que arrasa con ese cimiento.

Imagínate alguien que pudiera tener esa potencia del Espíritu Santo para decirle a los corruptos, para decirle a los corruptores también, que ese no puede ser el cimiento ni de la sociedad ni de Colombia, que ese nopuede ser el cimiento, que no se puede poner otro cimiento.

Porque el verdadero cimiento está en la obediencia a los mandamientos de Dios y en el reconocimiento del mensaje de Jesucristo como luz de nuestras vidas.

Por eso uno empieza a comprender por qué el Espíritu Santo quiso usar esta imagen del temblor que lo asusta a uno y que lo deja como sin bases.

¿Sabes por qué el Espíritu Santo quiso utilizar eso? Porque nosotros estamos aferrados a nuestros cimientos, y el que cree que todo es plata, está pegado, apelmazado, amarrado, soldado, sellado a esa idea, y ahí se agarra y de ahí no lo mueve nadie, y así nos agarramos a nuestros cimientos y nuestras ideas.

Y así vive también la mujer que cree que puede conquistar a cualquiera y cree que con el poder de su bonita cara, su sonrisa, su perfume, su cuerpo logrará lo que quiera y se meterá donde quiera, y esa también cree que en su cuerpo está todo el poder, y ella cree que la belleza es omnipotente, y ella le apuesta a eso, y hay mujeres que le apuestan tanto a la belleza, que incluso ponen en peligro su salud.

¿Usted sí lleva cuentas, querido amigo, de la cantidad de mujeres que han muerto en una liposucción? Eso sí las entierran delgaditas, delgaditas. Idolatría, Idolatrías que tenemos.

Entonces, hermanos, ¿por qué el Espíritu Santo utilizó esta imagen del temblor, sabiendo que un temblor es una cosa que a uno le da tanto miedo? ¿Por qué el espíritu santo utilizó la imagen del tornado del huracán, sabiendo que un huracán uno lo asocia con destrucción y con terror?

¿Sabes por qué? Porque nosotros los seres humanos estamos amarrados a nuestros ídolos y no queremos soltarlos, y no queremos soltar ese cimiento en el que hemos puesto toda nuestra confianza: "Todo es plata"; "el que tiene el fierro, o sea, pistola, revólver o similar, ése manda"; "el que tiene más escoltas, ése vale más".

Y esas ideas son terriblemente invasivas, terriblemente pegajosas, y nuestros muchachos y nuestros jóvenes se empapan también de esas ideas, y entonces creen que lo más grande que se puede ser en esta vida es ser un patrón, "un patrón que tenga su fierro y mate al que quiera, un patrón que maneje su plata como se le dé la gana y compre al que quiera, un patrón que consiga a la vieja que se le dé la gana, ¡eso si es vivir!"

Esas ideas se apoderan de nosotros y nosotros nos pegamos a ellas y noostros le echamos Colbón, Bóxer, póximas, yo no sé cuántas cosas, y no aferramos a esas mentiras y de ahí no queremos salir.

Ahora yo te pregunto, una persona que tiene idolatría de las armas y que cree que todo su modo de ser varón es tener un revólver; una persona que tiene toda su idolatría en la billetera y cree que tener un cheque por dos mil millones eso sí es ser hombre.

Una mujer que cree que puede coleccionar hombres y coleccionar mafiosos, porque simplemente se le da la gana y se da la vida de lujo que quiere, ¿tú crees que una persona que esté así de agarrada por el pecado y por estos ídolos, tú crees que una persona así va a soltar de buena gana ese ídolo?

Cuando yo estuve en el temblor que les cuento, estábamos con mis papás en un segundo piso, empezó a crujir la casa y llegamos a una conclusión, "se va a caer el casa", en tres segundos bajamos las escaleras y salimos a la calle con lo que teníamos puesto.

Finalmente, bendito sea Dios, no se cayó la casa; pero nosotros salimos a la calle, en la calle ya encontramos a muchas otras personas que también habían hecho lo mismo.

Cuando uno siente la vida en peligro, uno deja todo tirado, ¿cierto? Como se dice: “Sálvese quien pueda”, uno sale corriendo, uno suelta lo que está haciendo, si estaba leyendo un libro, lo tira; si estaba viendo una telenovela, allá se queda ese televisor; si estaba oyendo una música, ahí se queda ese CD, o mp3, o lo que sea.

Es decir que en esos momentos uno suelta muchas cosas. Cuando llega una remecida de esas, uno suelta muchas cosas y uno se libera de muchas cosas, como se dice vulgarmente, "por salvar el pellejo".

Pues ahora te digo una cosa, necesitamos de este Espíritu Santo con poder, si este Espíritu Santo llega a esos muchachos que ya tienen como gran ideal de su vida “yo un día voy a ser el patrón y un día llevaré mi fierro, y un día me hago matar, y un día voy a ser yo el que firme los cheques, y un día voy a ser yo el que ponga a temblar la gente”.

Un muchacho de esos, que todavía esta a tiempo de salirse de esa clase de vida, pero que ya está fascinado por esa clase de vida, ¿qué necesita? ¿Será que únicamente con consejitos, “Y, ay, mijito, pórtese bien,no sea así, no haga eso”? Muchas veces esto no basta.

Y estas jovencitas, que es uno de los problemas que tenemos en esta parte de Colombia, tenemos muchos casos de prostitución infantil y juvenil, a veces auspiciada por las mismas familias, porque ven, a veces movidos por la misma necesidad, en medio de la desesperación, o ven un camino fácil, y entonces se prostituyen las niñas, o las familias las prostituyen.

Y resulta que hay personas que les gusta eso, les gusta ese tipo de vida en medio de lujos, montar en los autos que quieren, ponerse el apartamento que quieren, darse los paseos que quieren, el único problema es tener que acostarse con una serie de personajes a los que no aman.

Una persona de esas, una muchachita de esas que ya ha experimentado lujos, y que ya siente que su sonrisita, y su cuerpecito, y sus caderas, y su perfume tienen poder, ¿tú crees que esa muchachita va a dejar ese estado de vida, ese camino perverso por el que se está metiendo, tú crees que lo va a dejar así no más?

Ella necesita lo que dice la primera lectura del día de hoy: “Un estruendo que venía del cielo, un viento huracanado que resonó en toda la casa, lenguas de fuego” Hechos de los Apóstoles 2,2-3, es un intervención poderosa. Y necesitamos verdaderamente del Espíritu Santo con poder.

Le resumo todo lo que te he dicho en esta frase: la vida humana no se arregla con estuco y con esmalte, la vida humana no es únicamente "resanemos un pedacito aquí, resanemos otro pedacito allá".

La vida humana necesita una transformación tan radical, que los cimientos tienen que ser cambiados, que tenemos que aprender a vivir según los principios de Dios, que esos son los verdaderos cimientos; que tenemos que mudarnos a una casa existencial, una casa diferente, un imaginario diferente, donde estén proyectos diferentes.

Por eso nos dice el Apóstol San Pablo en el capítulo 12 de la Carta a los Romanos: “Renovad la mente” Carta a los Romanos, 12,2, eso es lo que significa la palabra conversión, o así se ha traducido del griego: "Metanoia". La metanoia es el cambio de cabeza, el cambio de mentalidad.

Esa muchachita que ha empezado a vender su cuerpo, y ese jovencito que ya tiene una admiración secreta por el patrón, ese muchachito y esa muchachita necesitan esto, vea: “Un estruendo que venía del cielo como un viento huracanado” Hechos de los Apóstoles 2,2, eso es lo que necesitan.

Se necesita como una bomba atómica; pero la maravilla del Espíritu es que es una bomba, pero no una bomba que destruye sino que construye, o mejor dicho, una bomba que construye, pero que primero destruye, o me explico mejor, una bomba que quita la mentira y pone la verdad, que quita el engaño y siembra la certeza en Dios, por eso necesitamos ese poder del Espíritu.

En casos menos dramáticos sucede lo mismo. Usted tiene alguien en su familia que lo está haciendo sufrir, ¿verdad? Piense a ver, prácticamente todos nosotros, en nuestras familias, tenemos a alguien que nos está haciendo sufrir, sufrir en el sentido de que nos trae una preocupación constante: "¿En qué va a parar este hijo mío? ¿Para dónde va esta hija mía? ¿Por qué mi papá no cambia? ¿Qué sucede con esos tíos que hace rato no se hablan? “¿Por que mi abuelo nunca reza, nunca va a Misa? parece que se va a morir como un perro”.

Apliquemos estas mismas reflexiones a nuestra familia. Ese hijo tuyo que ya se empezó a meter en el cuento del alcoholismo, o que ya fumó una que otra yerba rara; esa hija tuya a la que ya le encontraste unos anticonceptivos, o unos preservativos en la cartera; ese papá tuyo que ha sido un amargado de toda la vida y que fue primero tirano y nunca papá...

Ahora respóndeme una pregunta, ¿esas personas de tu casa y de mi casa, ¿necesitan únicamente consejitos suaves? ¿O necesitan esa cosa que dice aquí, mire: “Un estruendo que venía del cielo, un viento huracanado, un temblor que resuene en toda la casa"? Hechos de los Apóstoles 2,2, por esto tenemos que pedirle al Señor esto.

Este relato de Pentecostés no es únicamente para que recordemos lo que sucedió por allá en otra época, este relato de Pentecostés es para que nosotros entendamos que nuestros esposos, esposas, hijos, hijas, hermanos, cuñados, tíos, vecinos, tienen que ser renovados, pero la renovación no es estuco ni esmalte, hermanito.

Dios nos libre, pero si un edificio de estos tuviera una grieta de arriba abajo, y llega un prior bien irresponsable y dice: “Échenle un poquito de estuco y un poquito de pintura, nadie se da cuenta", ustedes me demandarían por irresponsable y por poner en peligro la vida de la gente.

Lo mismo sucede aquí, ese hijo tuyo que ya va en malos pasos no necesita dos o tres consejitos buenos, necesita de algo que lo remueva, que le remueva el piso, que le remueva los cimientos, algo que lo deje turuleto, que no sepa que hacer; una sacudida que le cambie los cimientos, que le cambie los proyectos.

Ahora yo te hago una pregunta: ¿estás dispuesto a orar así por el Espíritu Santo? ¡Esta es la acción del Espíritu! Porque es que nosotros queremos que venga el Espíritu Santo; pero que venga y que le eche una manita de estuco, "échele un poquito de estuco, un poquito de pintura a mi familia y ya quedó".

No, señor, tu familia necesita mucho más que eso, y tú lo sabes, y probablemente tu vida y mi vida necesitan mucho más que eso. Necesitamos un viento huracanado, necesitamos comprender que sólo la vida fundada en Dios, con proyectos que le agraden a Dios, con gustos que sean los de Dios y con amistades que sean según el corazón de Dios, sólo una vida así puede florecer.

Vamos a seguir esta Eucaristía pidiendo al Señor esa fuerza del Espíritu, pidiendo al Señor que haga su obra plena en nosotros.

Yo sólo te digo una cosa, cuando vayas a pedir el Espíritu Santo, pide un huracán, pide un terremoto, porque la gente que tú más amas, necesita terremotos y huracanes, para encontrarse con el Altísimo.