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Fecha: 20070527

Título: Pentecostes: un diluvio de amor para nosotros de parte de Dios

Original en audio: 11 min. 59 seg.


La fiesta de Pentecostés no empezó con el cristianismo, los judíos ya tenían esa fiesta antes de que llegara Jesús.

Para ellos era la fiesta de la promulgación de la Ley. Los judíos tenían una Ley, la Ley de Moisés; y a medida que ellos fueron conociendo otros pueblos, otras naciones, empezaron a darse cuenta qué tesoro tan grande era esa Ley, cómo era de sabio lo que allí se contaba, cómo era de profundo, de acertado, de oportuno.

Entonces ellos empezaron, movidos por Dios, claro, istruidos por Dios, empezaron a celebrar la Ley como un regalo que viene de Dios. Y empezaron a sentir que ese regalo, el regalo de la Ley, los distinguía a ellos frente a los otros pueblos.

Esta fiesta se celebraba cincuenta días después de la fiesta principal que ellos tenían, la fiesta de la Pascua. En la Pascua lo que ellos celebraban era la acción poderosa de Dios que los había sacado de Egipto y que así había mostrado que Él es el Dios verdadero, el Dios con el que se puede y se debe hacer alianza. Esa es la fiesta central, la Pascua.

Pero cincuenta días después, que ese es el significado de la palabra "Pentecostés", venía esta fiesta, la fiesta de la belleza y la grandeza de la Ley y de la Alianza, cosa que tiene mucho sentido, porque después de que los israelitas salieron de Egipto, lo que hicieron fue celebrar alianza con Dios.

Primero la Pascua, luego la Alianza; primero la liberación, luego la Ley; primero el combate, y luego el orden, la paz después del combate. Entonces, ya existía esta fiesta de Pentecostés.

Jesús Nuestro Señor murió entorno a esa fiesta de la Pascua, probablemente el mismo día en que se celebraba la Pascua judía, y así como la Pascua pedía que hubiera un cordero, que tenía que ser un animalito sin defecto que se iba a ofrecer a Dios, así Jesús se presenta como el Cordero, pero no el cordero que nosotros le damos a Dios, sino como el Cordero de Dios.

Y Jesús, el Cordero Inamculado, el Cordero de Dios, fue sacrificado y su sangre fue derramada. Los sacrificios de los antiguos corderos, según la Ley de Moisés, no podía realizar esa perfección de la Alianza, eran únicamente como un regalo que se le daba a Dios y como un reconocimiento de nuestras faltas; pero no podían cambiarnos interiormente.

Jesús en cambio, con su sacrificio en la cruz produjo, podemos decir, una especie de brecha, produjo una grieta en el corazón humano, y a através de esa grieta, a través de esa brecha puede entrar la fuerza del amor de Dios para cambiarnos. Esta es la gran diferencia entre el sacrificio de Cristo y los sacrificios de la antigua Alianza.

Cristo, con su sacrificio, revienta su Corazón, lo rompe, lo desgarra; pero con su sacrifico también desgarra, rompe nuestros corazones. Cualquier persona que reflexione, que piense un poco en la manera como vivió y murió jesús, siente que se le parte el alma.

Porque, aunque se pueden decir muchas blasfemias y muchas tonterías sobre Jesús, y hay toda clase de libros tontos y películas tontas sobre Jesucristo, si una persona quiere mirar a jesús, no mirar los rumores, las mentiras o las blasfemias sobre Jesús; pero si una persona quiere mirar hacia Jesús, siente que se le rompe el corazón.

Jesús rompió su propio Corazón de amor en ese sacrificio, y fue traspasado por la lanza del soldado; así también nuestros corazones, cuando de veras miramos hacia Jesucristo, también se rompen. Y así como de Jesús salió la expresión de su amor con la última gota de su Sangre, así también, nuestros corazones que se rompen en la Pasión de Cristo, pueden recibir ese amor de Jesús.

Ese amor de Jesús que se infunde en nosotros y que llega a nosotros es el que nos cambia, y por eso la alianza sellada en la Sangre de Jesús es distinta de la sangre del cordero y de la alianza antigua; porque Jesús sí puede eso, Jesús sí puede romper el corazón humano con la fuerza de su oración, con el poder de su gracia y con la elocuencia de su sacrificio. Ese es Jesús, mis hermanos.

Entonces Jesús murió así en la Pascua, durante la Pascua judía, y con su muerte llevó como a plenitud, como que mostró cuál era el veradero sentido de tantos animalitos que antes se sacrificaban en el Templo de Jerusalén.

jesús como que mostró el verdadero significado de todo eso, y con su sacrificio vino a reemplazar todos los antiguos sacrificios, por eso nosotros no tenemos que estar consiguiendo corderos y degollarlos, porque ya tenemos al Cordero sacrificado, a Jesús Nuestro Señor, y nosotros celebramos la Pascua es con Él. Esto sucedió hace cincuenta días precisamente.

Los Apóstoles se dieron cuenta que Jesús había resucitado, Jesús mismo se apareció varias veces, produjo un impacto enorme en ellos, ellos quedaron por supuesto sobrecogidos, quedaron asombrados, pero dentro de ellos todavía no habían cambiado las cosas.

Porque una cosa es admirar a Jesús, y otra cosa es poder llevar la vida de Jesús. Hay mucha gente que admira a jesús, hay mucha gente que dice: "Sí, fue un hombre interesante, si, fue un buen pensador, sí, sí, un hombre coherente hasta el último momento, sí; ha habido gente interesante como Él".

Y de una vez lo ponen en una lista con otra gente, ¿no? "Como Jesús, y como John Lennon, y como Buda, y como Confucio", y así, es la tendencia, ¿no? Poner a jesús así en una línea con otros.

Uno puede sentir mucha admiración por Jesús, pero eso no es suficiente. Los Apóstoles se sentían asombrados de lo que había hecho Jesús, pero todavía no había entrado en ellos esa fuerza que podía conducirlos a vivir de otra manera.

Entonces el mismo Jesús les dijo: "Mire, ustedes tienen que orar, ustedes tienen que pedir ese auxilio que viene de lo alto, tienen que pedir la promesa del Padre. Hay una promesa: Papá Dios tien un regalo prometido para ustedes, abran, abran su corazón a la oración y prepárense, que el regalo viene".

Y el regalo llegó, y el regalo es lo que estamos celebrando hoy, la fiesta de Pentecostés. Podemos decir que fue como un diluvio que salió del Corazón de Jesús para inundar nuestros corazones, para llenarnos de amor, para llenarnos de una vida nueva. Ese es Pentecostés.

Y hay una cosa muy linda: los judíos, como dije, celebraban en Pentecostés la Ley, nosotros también celebramos la Ley, pero no la Ley de Moisés, aunque por supuesto lo que hay de racional en la Ley de Moisés tendrá siempre valor, cosas comono matar, no mentir, no adulterar, esas cosas tienen siempre valor; pero nosotros no nos alegramos tanto en la Ley de Moisés, nos alegramos hoy en la nueva Ley.

Porque el Espíritu Santo viene a traer a nuestra vida como una nueva ley; es una norma nueva, una Ley nueva que tenemos adentro, una manera nueva de vivir; y en esta manera nueva de vivir, pues nosotros podemos seguir verdaderamente el camino que nos marcó Jesucristo.

Entonces, ¿qué tenemos que hacer? Pues agradecer, agradecer el regalo de la nueva Ley, agradecer el regalo del Espíritu.De pronto algunos de nosotros podremos tener dudas, es normal tener dudas, los Apóstoles tuvieron dudas.

Precisamente leímos ahí, en la Pascua, en una de las lecturas cercanas a la Pascua, leímos el caso de Tomás, que dijo: "¡Yo eso no lo creo! ¡Ustedes son una manada de borregos! ¡Yo no creo eso!" Y Jesús no lo agarró a palo, sino lo agarró con su amor, lo agarró con su misericordia.

Si tienes dudas, hasta cierto punto eso es normal, no hay que desesperarse; lo único que te pido es: abre ese corazón, dale una oportunidad, dale un chance a Dios. Hoy la gente prueba muchas cosas, muchas cosas, prueban todo tipo de experiencias, hasta las más absurdas, hasta perder la vida en algunas de ellas.

Buscan los deportes extremos, las drogas extremas, las fiestas extremas, todo tiene que ser extremo. Jesús nos dice que Él también vivió hasta el extremo, y que nadie tiene un amor extremo, sino el que hace lo que Él hizo.

Entonces, si tienes dudas, o si sientes que esto es como un cuento de hadas, o que esto es pura mitología, yo únicamente te pido: abre tu corazón, dale un cahnce, dale una oportunidad a Jesús de recibir así su amor.

Dile en el secreto de tu corazón, como dicen que rezaba un ateo: "Dios, si tú existes, haz que yo te sienta si eso es posible", algo así a veces hay que rezar, hay que decirle a Jesús: "Mi fe es pequeña, como dijo ese padre de familia del evangelio, ¿no?: "Mi fe es pequeña pero ayúdala" San Marcos 9,24.

"¡Ayúdala, que crezca mi fe! Que yo pueda creer más, que yo pueda experimentar con más fuerza, con más claridad tu Evangelio, tu vida, tu amor".

Vamos a seguir esta celebración. Yo les deseo un muy feliz Pentecostés, deseo que toda esa agua que está cayendo, que está que llueve, que todo eso se vuelva una lluvia de bendiciones para ustedes y para sus hogares, y que todos seamos tranformados por este rocío del cielo.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.