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Fecha: 20010506

Título: La vida cristiana tiene que ser agil

Original en audio: 22 min. 59 seg.


En la iglesia, a donde fui a confesarme el día de hoy, estaban predicando el Evangelio; y el padre, con un sentido muy catequético, insistía a los fieles sobre cuáles son las actitudes y los actos propios de un pastor.

Verdaderamente, hablaba con tanto amor de estas cosas, que yo creo que a todos nos hizo sentir que él mismo tenía una participación en ese oficio de pastor, porque hablaba con sabiduría, con cariño, con eficacia, con propiedad, de manera que les voy a presentar aquí, como de de segunda mano, algunas ideas que le escuché a este padre y que me parecieron muy bellas.

Decía él: "Un pastor tiene tres oficios: guiar, alimentar y proteger", y esos oficios son los que ha tenido Dios con el pueblo de Israel, fueron esos los que tuvo David con las ovejas de su padre, son esos los que tuvo Jesús con sus discípulos; y esos mismos oficios, el mismo Jesucristo, los sigue ejerciendo en la Iglesia, sigue guiando, sigue alimentando y sigue protegiendo.

Como decía otro: "¡Qué alegría ser oveja de este Pastor!", porque mejor, nadie nos puede guiar, nadie nos puede alimentar y nadie nos puede proteger.

En eso del camino por el que Cristo guía a la Iglesia es muy grande la sabiduría, la misericordia y la dulzura del que va delante de nosotros, pero eso no significa que el camino se sienta siempre como pura misericordia y pura dulzura.

Y las lecturas de hoy nos ayudan a descubrir eso. Miremos ese contraste tan grande entre la primera lectura que presenta una escena de persecución, mientras que la segunda lectura nos presenta una escena de triunfo.

Así nos va guiando Cristo, dejándonos experimentar, tanto las dificultades externas como las debilidades internas; pero también, dejándonos experimentar sus consuelos, interiormente, y los frutos de la fe, exteriormente.

Creo que ninguno de nosotros puede decir que todo su camino en la fe ha sido solamente de consuelos y de oraciones bien respondidas; pero también sería mentira decir que todo el camino han sido tentaciones, persecuciones y dificultades.

Precisamente lo grande de este Pastor es que nos va guiando en medio todo eso, y no solamente por en medio de todo eso, sino por medio de todo eso.

De modo que todas esas voces, algunas muy amables y otras muy ásperas, terminan convirtiéndose como la voz de Cristo, que a través de todas ellas, nos está conduciendo, nos está guiando.

Por eso decía nuestro recordado Padre Manrique, párroco que fue aquí de Nuestra Señora de Lourdes, y decía, o yo se lo oí en más de una ocasión, que una de las virtudes del cristiano es la agilidad. Hay que ser ágiles. La oveja mafafa se retrasa, se pierde.

Necesitamos ovejas ágiles, aeróbicas, ovejas que sepan pasar por todo, porque lo grande no está ni en el principio ni en la mitad, sino sólo al final; y por eso recomendaba este querido padre: "Hay que ser ágiles".

Hay que saber pasar por el día bueno, vivirlo agradecerlo, recibirlo; hay que dejarse acariciar por el día bueno, y hay también que recibir un lenguaje hosco, duro del día malo; no esconderse cuando llegue el día malo, ni tampoco privarse de la alegría que trae el día bueno.

Y esto coincide con lo que enseñan mucho psicólogos y de los motivacionalistas, o como se llamen, esta gente que contratan en las empresas para que ayuden a motivar a los trabajadores.

Las personas que se ocupan del bienestar del ser humano, saben, que la verdadera madurez no está en la persona que se queda rumiando sus pesares, ni tampoco en la persona que se queda como abstraída solamente en sus triunfos, la persona madura es la persona que sabe vivir todos los días, veinticuatro horas al día.

Nosotros, los cristianos, queremos que eso se cumpla en nosotros, bajo una luz particular, una luz particular, que es la luz que nos trae el Señor Jesucristo. ¡Qué hermoso que esta sensatez llegue a nosotros!

Hay ejemplos, en la Biblia, que así lo muestran. Recordemos algunos pocos, porque este tipo de enseñanzas me parece que se comprenden mejor viéndolo en la práctica. Recordemos al Rey David.

Casi siempre pensamos en David como pastor, precisamente porque fue su oficio, pastor de las ovejas de Jesé, y luego pastor de las ovejas de Yahvé; pero David no fue tan pastor que se le olvidara ser oveja.

De manera que él vivía también su condición de hombre que es guiado por el plan de Dios y que es conducido por el plan de Dios. El día que trasladaron el Arca, se dedicó a la alabanza como si no hubiera mañana.

Pero cuando llegó el día duro, cuando los amigos de la casa de Saúl le recriminaron que él era un usurpador, entonces se presentó una escena bochornosa. Iba David subiendo el Monte de los Olivos y uno de los amigos de la casa de Saúl empezó a maldecirlo y a tirarle tierra y piedras.

Abisay, el general de David, le dijo: "Déme permiso, majestad, y voy ya y acabo con ese pedazo de perro muerto" 2 Samuel 16,9, refiriéndose a Semeí, el hombre que los estaba insultando, sobre todo que insultaba al rey.

Y la actitud de David, ¿cuál fue? La actitud de David fue: "Déjenme vivir este día, si Dios lo mandó que me maldijera, déjenme vivir este día" 2 Samuel 16,10; si este es el día que tocó esto, entonces vamos a vivir esto". Eso es lo que produce corazones maduros, corazones sensatos, corazones sabios.

Lo mismo podemos decir de otro anterior a David, aquél famoso José. También José experimentó la humillación, el rechazo, las consecuencias de la envidia; pero José parece que hubiera oído al padre Manrique.

José fue ágil, en primer lugar, ágil para salir de ese pozo, porque si no allá se moría, lo sacaron del pozo para darlo a los madianitas, se fue con los madianitas a Egipto. Salió del pozo ágilmente, y ágilmente salió de la herida que eso causaba.

Donde José hubiera sido un personaje resentido, y luego le aparecen los hermanos: "Sí, claro, míerenlos, ahora sí, ahor así vienen aquí a pedir trigo, ahora sí vienen, ay, sí, tan mansitos".

Pero José ya no estaba apegado a lo que había sucedido, era ágil, había vivido el momento terrible, pero era ágil; y lo mismo las otras desgracias que le acontecieron. Un cristiano tiene que ser así, un cristiano tiene que ser ágil, tiene que ir más allá de lo que está presentando.

Otro ejemplo lo podemos tomar de nuestra misma vida religiosa. La vida religiosa, como sabemos, da muchas vueltas, de manera que no es sino esperar un poquito, y el cuadro ha cambiado completamente, y la situación es otra.

De manera que, el que parecía que no contaba nada y que estaba por allá olvidado, de pronto resulta ser el personaje importante, el gran consejero, el superior que se necesitaba, el líder para una comunidad; y mientras tanto otro, que sonaba y sonaba y sonaba, pues que siga de sonajero, pero ése no es el que en este momento va a mostrar la voluntad de Dios.

O sea que la misma vida religiosa, sobre todo nuestra vida dominicana, es una vida que invita a la agilidad: antes de que uno parpadee, muchas veces va a descubrir, que si uno fue profesor de una persona, ya esa persona la nombraron Prior de uno.

Eso es rápido, la vida va cambiando pronto, de manera que los que estemos de súbditos no se desesperen, esto da vueltas, esta vida religiosa da vueltas, y por eso se necesita esa agilidad.

Vivir el momento grande, vivirlo con grandeza de alma, y vivir el momento pequeño sin apegarse pequeñamente, mezquinamente a lo que está sucediendo.

Cuando una persona sabe vivir así, entonces, por medio de todas las circunstancias, y en medio de todas las circunstancias, Cristo la va guiando, Cristo la va alimentando y Cristo la va protegiendo.

No se nos olvide, además, que la protección de Cristo, pues en primer lugar es contra los dardos del enemigo. Dice el Apóstol San Pablo en la Carta a los Efesios que "nuestra lucha no es contra la sangre y contra la carne, es en primer lugar contra los espíritus de las tinieblas" Carta a los Efesios 6,12.

Cristo nos mantiene rodeados de un escudo que no vemos pero ahí está; y especialmente, a quienes tenemos esa fe viva en Él y en su Sangre Santísima, nos defiende, yo creo de casi todos los dardos del enemigo.

Esa es la primera defensa; pero a mí me parece que la segunda defensa de Cristo es protegernos de nosotros mismos, porque tenemos, digo yo por experiencia propia, una capacidad inmensa para echarnos a perder el plan de Dios.

Tenemos una gran capacidad de echar a perder la obra de Dios, si no fuera así, no hubiera dicho San Pablo aquello del "tesoro en vasijas de barro" 2 Corintios 4,7. Hay que reconocer con humildad que nosotros no somos capaces de administrar todo lo que somos, y que nosotros no tenemos toda la visión para descubrir todo lo que Dios quiere que seamos.

Y nosotros, normalmente, no somos capaces de exigirnos, lo que habría que exigirnos, para realmente dar el fruto, por algo dijo el Señor Jesús, que al sarmiento que da fruto hay que podarlo, y hasta ahora no hemos visto sarmientos que se poden ellos solos; por más que sea, el viñedo retiene hasta sus últimas hojitas, y toca que quitárselas.

Necesitamos la intervención de otras voluntades, necesitamos cosas exteriores, necesitamos circunstancias no producidas por nosotros, para poder dar el fruto que Dios quiere.

Esto lo han entendido los grandes santos, y por eso han escrito esos elogios tan bellos, que a veces casi uno no los comprende sobre la obediencia. Uno lee en el Diálogo de Santa Catalina de Siena, los elogios de la obediencia, y, bueno, eso resulta ser ligeramente por debajo de la caridad, la virtud mas importante para la santificación.

Eso no lo entiende nadie, me parece a mí, mientras no entremos en el conocimiento de nosotros mismos, y lleguemos a una conclusión escalofriante: "Me puedo tirar mi vida, puedo echar a perder mi vida; si me dejan en manos de lo que a mí me parezca y de lo que a mí me suene y de lo que a mí me guste, me puedo dañar la vida".

Y en ese sentido, voy a decir una frase paradójica, para quienes tengan esa tendencia hacia la mística: "No voy a encontrar peor superior que yo; por malo que sea el superior, no hará conmigo daño tan grande como el que yo podría hacerme a mí mismo".

Claro, uno no se da cuenta de esto, porque usulamente uno piensa en todos los bienes que uno trataría de preservar, pero es que uno es ciego, uno está viendo de lo que uno es hoy, sólo Dios está viendo lo que uno podría ser mañana.

Eso sólo lo está viendo Dios, uno no lo está viendo, y uno cree que porque tiene una gran habilidad para conservar lo que tiene hoy, entonces: "Déjenme sin superior, y que el superior no se meta conmigo, y ojalá me dejen quieto y me dejen tranquilo y nadie me haga nada", eso es cobardía, eso es desamor.

Catalina dice: "Eso es odiarse uno". Sólo Dios puede ver las dos cosas. A ver, ese tipo, todo lo que hizo. Bueno, ahí está esa imagen con la radiografía, peso, estatura, color, enfermedades, virtudes, cualidades, tentaciones, todo, ahí está en el cuadrito.

Bueno, ahora miremos, y eso es lo que sólo Dios conoce, eso es lo que sólo el Pastor conoce, lo que yo quiero sacar de ese señor, a ver, yo quiero sacar esto, ese destino, eso es lo que uno no ve, eso es lo que uno no conoce.

Y por eso Dios tiene que protegerlo a uno, de uno mismo, porque si a uno lo dejan solamente con uno mismo, entonces uno dice: "Bueno, de ahora en adelante soy el rey, emperador y capitán en jefe de mi vida", y ese sí es el desastre más grave, porque uno se quedará siendo el poquito que uno alcanzó a ver.

Y lo más triste, es que uno se puede morir sin ni siquiera saber qué era lo que Dios quería realmente de uno, eso es muy triste, eso es muy grave.

Y de aquí entendemos las súplicas, -porque no es otra la palabra-, las súplicas, las lágrimas de Catalina pidiéndole a Dios que le diera verdadera obediencia a la Iglesia, y luego pidiendo esa obediencia a sus sacerdotes, a sus padres espirituales: "Quiero obedecer".

Claro, vendrán psicólogos, quién sabe, hay psicólogos y psicólogos, con los psicólogos hay que ir despacito. El hecho es que vienen los psicólogos y dicen, -si se encontrara un psicólogo con una Catalina de Siena que dice: "-Quiero obedecer", entonces el psicólogo dice: "-Bueno, inmadurez profunda, declarada, que la mantiene en el rango de la edad de no sé cuánto", es posible que sea eso.

El ideal es una persona tenga una gran sabiduría humana y una gran sabiduría divina, porque es que las dos cosas se necesitan. Es posible que la persona que dice: "Quiero obedecer", lo que está diciendo es: "Quiero que me traten como un niñito, soy pequeñito".

Es posible que la persona esté pensando en eso, que sea un caso de infantilismo, pero es posible que no sea un caso de infantilismo, es posible que esté aconteciendo la obra del Espíritu Santo ahí.

Catalina decía eso, y lloraba así, y pedía así con lágrimas en los ojos, pero cuando uno la conoce y cuando uno ve por qué lo decía, uno dice: "No había aquí un infantilismo, lo que había era una madurez sobrenatural descomunal".

"Quiero obedecer", quiere decir: "Una luz profunda me ha hecho descubrir de qué tamaño es el peligro en el que yo estoy; y sé, que si no llega una circunstancia, si no llega una voz, si nadie se mete conmigo, si nadie me cambia, si nadie me transforma, si nadie influye en mi vida, ni siquiera voy a saber lo que yo hubiera podido ser", y eso si es demasiado triste.

Por eso, en el día del Buen Pastor, hay que celebrar también el día de la buena oveja, claro, esto no es nada más aplausos y vivas para el Buen Pastor, esto es también humildad, conciencia y conversión para las ovejas, para que nosotros seamos, en todo y por todo, verdaderas ovejas de este verdadero Pastor, a quien alabamos y amamos y amaremos por los siglos.

Amén.