Co32001a

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Fecha: 19981108

Título: El que tiene una esperanza para mas alla de esta vida, apuesta hasta la vida misma

Original en audio: 11 min. 46 seg.


Queridos Hermanos:

Estas lecturas nos hablan de muerte y de resurrección; son apropiadas, extraordinariamente apropiadas, para que tomemos mayor conciencia de lo que significa el domingo

Porque la razón por la que es preferible el Domingo a los otros días; la razón por la que no es lo mismo asistir a Misa el Domingo, que asistir cualquier otro día, esa razón es la Resurrección de Jesucristo.

Y por eso, las lecturas que la Iglesia elige para los domingos son únicas, son especialmente sustanciosas y alimenticias; y por eso, es necesario que entren, que penetren en nuestro corazón; que lleguen allá y comuniquen vida a nosotros.

Especialmente, porque no cabe duda de que el Domingo es el corazón de la vida de ser el Pueblo de Dios; por algo, el Papa Juan Pablo Segundo, no hace mucho, publicó un documento expresamente sobre el domingo.

Un documento que tiene decenas de páginas, y que por consiguiente, dice algo más sustancioso, que solamente "acuérdense que hay que ir a Misa los domingos". Eso de que hay que ir a Misa los domingos es una expresión demasiado recibida; de toda la riqueza que tiene el Domingo, que deriva, a su vez, de toda la riqueza que tiene la Resurrección del Señor.

Por eso digo, felices nosotros que estamos este Domingo aquí, y que acabamos de escuchar estas lecturas sobre la Resurrección; felices nosotros”

¿Y cuál será el misterio de esta Resurrección? ¿Cuál será su importancia? ¿Por qué dice San Pablo, por ejemplo, en la Primera Carta a los Corintios, capítulo quince: “Si Cristo no resucito, vana es nuestra fe?” 1 Corintios 15,14.

Si Cristo fuera solamente un maestro para esta vida, no importaría lo que le hubiera sucedido después de que se murió; si Cristo fuera solamente una persona que da buenos consejos; si fuera solamente un poeta, un filósofo, un iluminado, un maestro espiritual; si Cristo fuera solamente eso, no importaría para nada si murió y resucito, o si murió y lo enterraron, o se quedó ahí.

Cuando nosotros estudiamos el pensamiento de los filósofos, no nos interesa lo que haya sucedido con ellos después de muertos; porque, precisamente, nos interesa lo que dijeron en esta vida y para esta vida.

Pero, Jesucristo no es un filósofo; Jesucristo no es un maestro más; Jesucristo no es un iluminado más; y por consiguiente, la comprensión de quién es Jesús, qué quiere Jesús de nosotros, y qué trae Jesús para nosotros, esto sólo se logra a partir de la Resurrección del Señor.

Las lecturas de hoy nos ayudan a entender un poco mejor por qué es así. Un grupo de saduceos, una de las sectas que había en tiempos de Jesús; un grupo de saduceos se acerca a ponerle una especie de trampita; querían ponerlo en aprietos.

Y, entonces, basándose en palabras de la Escritura, le plantean el problema de siete hermanos que se casaron con una misma mujer, sucesivamente, ¿y qué va a pasar con esa mujer, y qué va a pasar con esos hermanos cuando llegue la resurrección? San Lucas 20,33

Esta trampita que, seguramente, habían diseñado entre sonrisitas los saduceos, da ocasión a que Jesucristo subraye la importancia de la resurrección.

¿Quiénes eran los saduceos? Era gente que se había asociado con los herodianos, los partidarios de Herodes, el rey de Judea en aquel tiempo; los saduceos eran la gente que estaba bien en la vida; era la gente que tenía dinero, y que estaba cerca del poder.

Era la gente que estaba acomodada en esa tierra; pregunto: ¿será una casualidad que sean precisamente los que estaban acomodados en esta vida y en esta tierra, que sean ellos los que hagan esta pregunta y pongan esta objeción sobre la resurrección? No es ninguna coincidencia.

La esperanza de la resurrección tiene fuerza, tiene una fuerza increíble, como lo vimos en la Primera Lectura; repasemos lo que dicen aquellos jóvenes torturados por ser fieles a la ley de Dios.

Dice, por ejemplo, el tercero de ellos responde así: “De Dios recibí estos miembros, pero por sus leyes los desprecio, y de Él espero recobrarlos” 2 Macabeos 7,11; "hasta el mismo rey y los que lo acompañaban se asombraron de ver el ánimo del joven" 2 Macabeos 7,12.

Cuando estaban torturando al cuarto de estos hermanos, dijo: “Aceptamos morir a manos de los hombres, porque nos anima la esperanza de que Dios cumplirá sus promesas, y nos resucitará” 2 Macabeos 7,14.

Ahí está el punto. El que tiene una esperanza para más allá de esta vida, apuesta hasta la vida misma.

Llévese esta frase para la casa, por favor: el que tiene una esperanza para más allá de esta vida, apuesta hasta la vida misma; por consiguiente, es libre; nadie puede con él, nadie logra destruirlo, nadie puede amedrentarlo, nadie puede frenarlo; porque lo único que tienen los tiranos para frenar a sus contradictores, es la tortura, la desaparición, el asesinato, la muerte.

Pero, si una persona no tiene miedo a la muerte, si es capaz de arriesgar la salud, la vida misma por aquel en lo que cree, esa persona es indestructible, contra esa persona nada se puede; si una persona no tiene fe en la resurrección, le toca hacer lo de los saduceos: aliarse con los poderes de esta tierra, buscar amigos en esta tierra.

¿Será casualidad que fueron, precisamente, esos saduceos, junto con algunos fariseos, y herodianos, y escribas, y un poco de gente, los que propiciaron y lograron la muerte de Jesucristo? Esta tampoco es una coincidencia; esta tampoco es una casualidad.

Cuando una persona está aferrada a esta tierra le interesa, como a los saduceos, que no haya resurrección; porque si sólo existe esta tierra, nosotros los que estamos aliados a los poderes de esta tierra, somos los únicos importantes.

En cambio, si Dios tiene una opinión para dar, si Dios tiene un juicio para dar más allá de esta tierra, entonces no son los poderes de esta tierra, ni los amigos que hagamos en esta tierra los que determinan quiénes somos nosotros, qué importancia tenemos, o qué va a suceder con nosotros.

Por eso, amigos, la carga explosiva, la dinamita más fuerte del mensaje de Jesucristo es la Resurrección; creer en la Resurrección de Jesucristo es creer que el Espíritu que ungió a Jesucristo tiene también poder sobre nosotros.

Y quiere decir, entonces, que por esta palabra, por este evangelio, por esta fe, tenemos el deber, pero hoy no hay que hablar de ese deber, sino el derecho; tenemos el derecho de luchar por lo que creemos.

Tenemos el derecho de arriesgarnos por lo que creemos, hasta el último extremo; porque los tiranos, y los poderes de esta tierra, lo único que podrán arrancarnos es la vida; pero si nosotros no tememos entregar la vida, sólo hay un Señor en nosotros.

Si no tememos entregar la vida, somos gente que tiene un sólo Rey; si no tememos entregar la vida, somos gente a la que nadie puede dominar; somos gente que sólo está bajo el dominio, bajo el poder amoroso y sabio de Dios Nuestro Señor.

Y así lo vemos, efectivamente, en la Resurrección de Jesucristo. Cristo, en esta tierra, podía ser azotado, y derramó sangre; podía ser traicionado, y por eso lo encarcelaron; podía ser crucificado, y por eso murió; podía ser sepultado, y por eso lo enterraron; pero hasta ahí llegan los poderes de esta tierra; hasta, ahí.

De ahí en adelante, el poder de Dios, como dice el salmo segundo, “sonríe, el Señor se burla de ellos" Salmo 2,4, y ahora que se levantó de la tumba, ahora que vive resucitado entre los muertos, ¿ahora dónde está Anás? ¿Ahora dónde está Caifás? ¿Ahora qué puede Pilato? ¿Ahora qué puede Herodes? ¿Ahora qué Nerón? ¿Ahora qué puede nadie? Está libre; es el Señor.

Si nosotros creemos en esa Resurrección; si creemos en el Espíritu que resucito a Jesús dentro de los muertos, también nosotros viviremos con esa libertad, con esa verdad, y por lo mismo, con esa intensa, con esa indescriptible alegría

Que sea bendito el Domingo, día en que celebramos la Resurrección del señor, y que la fe crezca día a día, para ser libres con el poder de su amor, y para dar testimonio con la fuerza de su Espíritu.

Amén.