Co27004a

De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy, está tomado de San Lucas; esto es lo normal en el año que nos encontramos, porque se trata del ciclo C. Todo este año los Evangelios del domingo son tomados de San Lucas, y eso es lo que llamamos “El ciclo dominical C”; el año entrante, si Dios permite, estaremos en el ciclo A, y será San Mateo quien nos enseñe; y el siguiente año, será el ciclo B, donde San Marcos tendrá la palabra; el año siguiente, de nuevo tendremos el ciclo C. De esta manera, nuestra madre la Iglesia quiere enseñarnos y quiere que tengamos una riqueza de perspectiva, para contemplar como pueblo nacido de la Resurrección, a Aquel que es nuestra victoria.

El tema principal en este pasaje de hoy, es la fe; eso se nota, por supuesto, en la primera parte del Evangelio que hemos escuchado, allí donde los apóstoles le dicen al Señor: “Auméntanos la fe” (Lc 17,5). Es evidente que el tema central va a ser “creer”, va a ser la “fe”; pero, resulta menos evidente que también la fe es protagonista en la segunda parte. La segunda parte del pasaje de hoy, es la que Cristo describe con el ejemplo de los trabajadores que al final de su jornada, simplemente, pueden decir: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber” (Lc 17,10). Y tal vez, la pregunta que uno puede hacerse, es: ¿cuál es la relación entre “la súplica de fe de los discípulos” y luego aquello de “los siervos inútiles que no esperan un aplauso o un agradecimiento por haber hecho, simplemente, lo que tenían que hacer”? Me parece que la relación está en lo que podríamos llamar “la lógica de la fe”; lo voy a expresar de esta manera: en la primera parte, Cristo nos cuenta que si tenemos verdadera fe, vamos a realizar grandes cosas; y en la segunda parte, Cristo nos dice: “Cuando ustedes realicen grandes cosas, no piensen que es mérito de ustedes; es simplemente, la obra que Dios, a través de ustedes, está realizando”. Así que, sí hay una unidad en las dos partes del Evangelio de hoy: por una parte, las grandes obras que se pueden realizar con la fe; y en la segunda parte, que jamás le robemos la gloria a Dios, cuando esas grandes obras las veamos realizarse –solo Él merece honor y gloria.

Podemos preguntarnos entonces: Bueno, y hoy, en las circunstancias en que vivimos, ¿para qué es tan necesaria esa fe?, ¿cuáles son las grandes obras que necesitamos ver hoy, y que quizá el Señor quiere realizar y está realizando hoy? Muchas de esas obras tienen que ver con cosas extraordinarias; tienen que ver por ejemplo, con la sanación, tienen que ver con la transformación de vidas humanas. Es un hecho -sé que esto le cuesta trabajo creer a algunas personas- que Dios sigue haciendo milagros maravillosos en el cuerpo, en la mente, en el alma de muchas personas. Ese es un ámbito donde se experimenta el poder de la fe; pero, hay otro ámbito donde también aparece la fe, y es que en muchas de las batallas que hoy tenemos nosotros los creyentes, necesitamos una gran dosis de fe, porque muchas veces tenemos que ir -como nos han dicho varias veces los Papas- contra corriente. Cuando todo mundo te está diciendo que algo es normal, pero tú sabes que no es normal, y tú intentas vivir con coherencia lo que sabes y crees, ¡de verdad necesitas fe! porque necesitas navegar un río que va en contra, y la evidencia exterior se opone a lo que tú interiormente sabes; ¡ahí necesitas fe!. Necesitas fe, también, para presentar tu testimonio a otras personas; hablar de aquel en quien creemos, no es fácil porque de algún modo es exponer fibras muy tiernas de nuestro corazón. El verdadero creyente sabe que al hablar de Cristo, está hablando del amor de su alma, pero hoy hay muchísimas ofensas contra Cristo; entonces, presentar nuestra testimonio, requiere bastante de ese don de la fe, porque sabes que probablemente vas a recibir burlas, vas a recibir ridículo, te van a aislar, y para permanecer con gozo y para servir con amor a los hermanos, ahí necesitarás grandes dosis de fe.

Así que sigamos la invitación que nos hace el Señor: recibamos el don de la fe, preparémonos para experimentar su grandeza, y jamás le quitemos la gloria al Único que la merece. Amén.