Diferencia entre revisiones de «Co23009a»

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(Cristo quiere que nuestra vida gire en torno a Él, que le entreguemos nuestros corazones, prioridades, dolores, decisiones y seres queridos pues no hay lugar más seguro que su corazón.)
 
(Sin diferencias)

Revisión actual del 18:21 6 sep 2016

El Evangelio de hoy, ha sido tomado del capítulo catorce de San Lucas. Leyendo y meditando este Evangelio, me pongo a pensar en una frase que me gusta mucho: “Hay gente que conoce el precio de todo, pero ignora su valor”; conocemos los precios, y desconocemos los valores. Y el Evangelio de hoy tiene que ver con los valores, porque Cristo nos está diciendo que Él no puede ocupar cualquier lugar en nuestra vida. Puede parecer un poco extraño lo que nos dice Jesús, porque Él dice que tiene que tener el primer lugar; más allá del papá, más allá de la mamá, más allá de todo lo que queremos, más allá de nuestros afectos, y por encima de nuestras prioridades (cf. Lc 14,25-33).

¿Cómo se entiende que una persona reclame tanto de nosotros? En el lenguaje usual del mundo, si alguien trata de adueñarse de tal manera de nuestros corazones, de nuestros afectos y prioridades, lo consideraríamos narcisista, por decir lo menos, egoísta, quizá loco; pero la gran diferencia está en esta pregunta: ¿qué hace Cristo con aquello que yo le entrego?, porque Cristo quiere que mi vida entera gire en torno a Él; Él es muy claro, no lo dice de una manera disimulada: “el que ame a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí”, y por eso también invita a todos a que hagan sus cuentas, a que tengan bien claro si de verdad esto es para ellos o no; eso lo dice Cristo claramente.

Entonces, ¿qué hace Cristo con lo que yo le entrego?; lo pide todo, pero, ¿qué hace con lo que yo le entrego? Yo creo que una comparación resulta útil: cuando voy donde el médico, de alguna manera me pongo en manos del médico; si tengo problemas de salud, por ejemplo, problemas en mis arterias coronarias, problemas en mis rodillas, y problemas, qué se yo, en el oído derecho, pues, cuando yo voy a la clínica, o donde el médico, yo entrego todo eso que yo tengo; no callo el problema de mi rodilla, no dejo en silencio el problema de mi oído. Cristo quiere que entreguemos todo: nuestras dolencias, nuestras preferencias, y ¿qué hace Él con eso? Pues, esto es lo maravilloso; ¿recuerdas la multiplicación de los panes?, ¿recuerdas lo que Cristo hizo con esos cinco panes? Con ellos alimentó a una multitud, los bendijo, los agradeció a Dios, su Padre, y los repartió, los multiplicó. Cristo quiere que nosotros entreguemos todo nuestro ser, empezando por nuestro corazón, porque sólo en su corazón, está nuestro corazón a salvo.

No se trata de perder el amor que le tenemos al papá, a la mamá, a los hijos, a los amigos; no es una pérdida. El Papa Benedicto lo dijo muy claramente en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia: “No es una pérdida”. ¿Por qué no lo es? Porque todo aquello que nosotros entregamos al Señor, Él lo guarda, Él lo bendice, Él lo multiplica. O sea, que el lugar donde está más seguro el amor que yo le tengo a mi papá, no es en mi corazón, porque mi corazón puede estar sujeto al engaño, al egoísmo, a la vanidad; el lugar más seguro, donde mi afecto por mi papá puede estar seguro, es en el corazón de Jesucristo. ¿Dónde está más seguro el amor que yo le tengo a mi carrera, a mi país, a mis hijos? En Cristo. Al llevar hasta Cristo todos nuestros afectos, todas nuestras prioridades, y todas nuestras decisiones, no las estamos perdiendo, las estamos llevando al único lugar que es seguro, el único lugar donde ya entró el Reino de Dios, el único lugar donde ya hay victoria de Dios Padre. ¡Es ahí a donde estamos llevando todo lo que tenemos!, y eso que llevamos donde Cristo, eso que entregamos, Él lo recibe, lo agradece, lo bendice, lo multiplica.

Entonces un esposo ha de pensar: para que el amor que le tengo a mi esposa, se perfeccione, se purifique, sea fecundo y llegue a plenitud, en ningún lugar está más seguro que en Cristo; y así debe pensar también ella. Por eso Cristo quiere que conozcamos el verdadero valor, y no solamente el precio de las cosas. Y por eso Cristo quiere ser el primero en nuestra vida; porque todo lo que somos, todo lo que tenemos y todo lo que deseamos, nunca estará en mejores manos, que cuando llega a sus manos.