Co22002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980830

Título: La humildad nos acerca a la sabiduria

Original en audio: 7 min. 14 seg.


Los fariseos eran expertos en observar a la gente. Como ellos conocían tan bien la Ley de Moisés, y como tenían tantas tradiciones y costumbres y normas, entonces estaban muy atentos a ver quién cumplía y quién no cumplía.

Nosotros hemos leído en el evangelio que Jesús tuvo muchas discusiones con los fariseos. Hay un capítulo entero del evangelio según San Mateo que son controversias, y diríamos, regaños de Cristo a esta gente y su corazón estrecho. Todo era problemático, todo era pecado, todo era problema.

Jesús trae una lógica distinta, pero precisamente Jesús muestra cómo es de ancho su corazón en el hecho de que, aunque Él no compartía el modo de obrar de los fariseos, no por eso dejaba de compartir con los fariseos.

Jesús tiene la mente abierta y además, si ellos lo están observando a Él, Él también los está observando a ellos y no va como un tímido comensal sino va como es, un Maestro y el que quiera oír que oiga; y por eso, ahí delante de todos, de todos estos fariseos, pues da la enseñanza que hemos escuchado.

Las lecturas de hoy, sobre todo esta última, nos están invitando a la humildad. Yo les digo, mis amigos, aprovechen estos minutitos en la iglesia, aprovechen, porque lo que oigan hablar de humildad lo oirán de la puerta para afuera; ni se oye, ni parece útil, ni parece provechoso, ni parece posible.

De modo que ya que estamos en la iglesia, ya que nos reunimos para la Eucaristía, oigamos a Jesús nuestro Maestro y meditemos por un momento en qué es esto de la humildad. Porque alguien podría decir que si la humildad sólo se oye en las iglesia, prueba es de que sirve de poco. En el mundo sirve más bien la suficiencia, la dureza, el sentirse uno capaz de todo.

Bueno, esto tiene muchas preguntas para hacer y yo no las voy a resolver todas aquí. Preguntas como por ejemplo, ¿cuál es la relación entre humildad y autoestima? Porque muchas personas se imaginan la humildad como negar lo que uno tiene.

La frase que a mí me parece ilustrativa o aclaradora es de Santa Teresa de Jesús: "la humildad es la verdad", pero resulta que la verdad de uno es una cosa, y lo que uno dice de uno y lo que uno se imagina de uno y lo que uno aparenta de uno, eso son otras cosas.

La humildad no es negar lo bueno que uno tiene, ni mucho menos; pero la humildad lo conserva a uno en la verdad de uno, que es bastante más pequeña, pero también bastante más prometedora que esas fantasías en las que uno suele vivir.

Efectivamente, hay una relación muy estrecha entre la humildad y la sabiduría, por algo esa primera lectura hermosa del libro Eclesiástico, capítulo tercero, habla de la humildad y de la sabiduría.

Fíjese usted que cuando uno se encuentra con un verdadero científico, es una persona humilde, es una persona discreta que reposa sus declaraciones, que da sus posiciones de una manera muy sencilla, muy modesta. El verdadero científico es modesto, es humilde y, ¿sabe por qué? Porque el verdadero científico sí sabe todo lo que no sabe.

En cambio, el fanfarrón, el que se ha leído dos o tres libritos por ahí, el que se ha leído en una revista de divulgación cualquier cosa, entonces de pronto se siente súper seguro de su ciencia, pero lo mismo podíamos decir de la filosofía, de la teología o de la fe.

Conocer un poquito a Cristo nos puede volver fanáticos. Cuando conocemos mucho de Cristo descubrimos que todos necesitamos de la gracia que Él promete y seguramente no vamos a hacer ni presuntuosos ni aplastantes con las otras personas, porque nosotros mismos hemos descubierto todo lo que no somos.

La humildad nos hace sabios porque nos pone en contacto con todo lo que nos hace falta, por el contrario, la soberbia nos hace ciegos. El creer que se tiene la respuesta completa o el estilo completo, nos hace incapaces de creer y nos hace incapaces de crecer, nos congela en lo que somos.

Llenarse uno de soberbia es matarse, porque la persona que está llena de soberbia hasta ahí llegó, no puede saber más. Es más, ha escogido un camino y dice: "Voy a ser el mejor en esto o en esto otro"; pero la pregunta sería, ¿y todo lo que no eres y todo lo que podrías ser, cuándo va a suceder en tú vida?

Hay otro pensamiento que me parece ilustrativo sobre eso de la humildad, es otra reflexión con la que quiero terminar esta predicación. Decía, no me acuerdo quién: "Sé humilde, porque la vida confesará tus errores".

Es mejor, es más sensato ser humildes, sobre todo porque a medida que va pasando el tiempo, van apareciendo las consecuencias de todas las fanfarronadas y todas las salidas y todas las altanerías de uno.

Yo mismo me pongo a revisar mi vida y muchas veces me río y otras veces me sonrojo yo solo, y otras veces me lo hacen ver mis hermanos de comunidad y otras personas.

Uno se sonroja oyéndose a sí mismo, con toda la presuntuosidad y toda la altanería que muchas veces tuvo en tantas cosas, y quién sabe cuánto camino me faltará por recorrer a mí y cuánto le faltará a cada uno de ustedes.

En fin, amigos, la humildad nos acerca a la sabiduría, y la vida confiesa los errores y nos invita a ser humildes; y ese que es humilde, ese que permanece en la verdad de sí, descubre que necesita de Dios, y cuando uno necesita de Dios y lo reconoce, entonces puede recibirlo, porque Dios es generoso en dar y no es tardo en responder.