Co21007a

De Wiki de FrayNelson
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Este es el domingo número 21 del Tiempo Ordinario, no debemos perder de vista que en la liturgia de la Iglesia Católica el ciclo de los domingos del tiempo llamado Ordinario tiene 34 semanas en total, es decir que si hablamos del domingo número 21 hemos pasado un poco la mitad de ese recorrido, que finalmente es contemplación de la vida y de la palabra de Nuestro Señor Jesucristo.

El Evangelio de hoy está tomado de San Lucas, lo cual es perfectamente natural porque precisamente estamos en el Ciclo C, los domingos durante este año vienen de San Lucas, Ciclo C; el año entrante será el Ciclo A y entonces los Evangelios serán tomados de San Mateo; luego tendremos el Ciclo B, en el cual los Evangelios provienen de San Marcos; de esa manera, el cristiano que asiste a la Santa Misa tiene la oportunidad de contemplar a Jesucristo con esas luces distintas que el Espíritu Santo dio a estos distintos evangelistas.

El texto de hoy nos presenta una pregunta que quizá nos hemos hecho, cuando vemos por una parte, la abundancia de la misericordia divina, pero por otra parte nos damos cuenta de las exigencias del Evangelio, es natural preguntarse: “bueno y ¿al fin que va a pasar?”, es decir habrá mucha gente que se salve o quizás las exigencias son tantas que nos se salvarán en gran número, ¿serán muchos o serán pocos?(Lc 13,23), esa es la pregunta que le hacen a Cristo y nos damos cuenta que Cristo no responde de una manera directa, no da un porcentaje, ni siquiera da un criterio último; más bien, lo que Él quiere es que aquellos que se podían sentir demasiado seguros de su salvación, no se crean tan seguros, incluso les dice Cristo: “cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios” (Lc 13,28-29); es una palabra muy dura, no quiere decir que ya los esté condenando, sino que está indicando que muchos que se pueden considerar seguros, no deberían tener esa actitud que finalmente les llevará a descuidar su respuesta al amor de Dios. Por otro lado, cuando Cristo dice: “vendrán muchos de oriente y de occidente”, es decir de naciones paganas, eso tenía que ser una gran sorpresa para estos judíos, porque supuestamente para ellos los únicos amados, elegidos y los únicos que se iban a salvar eran ellos; y ahora les dice Cristo: “no esperate, no estes tampoco seguro de la condenación de lo que tú crees que están excluidos”; es decir que Cristo no quiere ni que estemos demasiado seguros de nuestra salvación, ni quiere que estemos demasiado seguros de la condenación de nadie, ¡no debemos afirmar la condenación de nadie!. Podemos y ciertamente debemos darnos cuenta, qué es lo bueno y qué es lo malo. Si veo a una persona que está haciendo tráfico de gente, de mujeres, por ejemplo, para prostituirlas; uno de los crímenes que el Papa Francisco ha denunciado con tanta fuerza, si veo que una persona está haciendo eso, pues por supuesto que tengo absoluta claridad de que eso es absolutamente repugnante y es un crimen, es decir que debo denunciar el pecado, pero ¿qué le va a suceder en últimas a cada ser humano?, ¿quién se salvará y quién se condenará? pues Cristo solamente nos advierte: “no te consideres demasiado seguro y tampoco estés tan convencido de que otros se van a condenar”.

En realidad lo que Cristo está haciendo con esto es proclamar la absoluta soberanía de Dios, y por eso, adheridos a esa soberanía le decimos: “sólo tú sabes Señor, sólo tú conoces lo que hay en cada corazón, y nosotros con humildad nos acercamos a tú misericordia y queremos ser fieles a tu Evangelio”.